La tradición católica distingue entre el gozo espiritual, que reside en la voluntad, y la alegría sensible, que pertenece al apetito sensitivo.
El gozo espiritual
El gozo espiritual es un acto de la voluntad racional. La voluntad se complace en el bien conocido y amado, especialmente en Dios. Este gozo no depende necesariamente de una emoción intensa, de un estado psicológico agradable o de una experiencia interior consoladora.
Una persona puede poseer verdadero gozo espiritual mientras atraviesa:
- Una enfermedad.
- Una crisis familiar.
- La persecución.
- La sequedad en la oración.
- El duelo.
- La fatiga.
- Una lucha moral prolongada.
La ausencia de alegría sensible no demuestra la ausencia de caridad. La voluntad puede permanecer unida a Dios mediante la fe y el amor aunque los sentimientos no proporcionen consuelo.
Santo Tomás llama «pasiones» en sentido propio a los movimientos del apetito sensible, pero atribuye al acto de la voluntad realidades como el amor, el gozo y la tristeza de un modo análogo. En la voluntad, estas realidades no son pasiones corporales, sino actos espirituales.
La alegría sensible
La alegría sensible nace cuando el apetito sensitivo percibe un bien concreto como conveniente, agradable o ya poseído. Puede manifestarse mediante entusiasmo, satisfacción, emoción, placer, serenidad corporal o expresiones externas de felicidad.
El apetito sensible comprende dos dimensiones:
- El apetito concupiscible, orientado hacia bienes percibidos como agradables o convenientes.
- El apetito irascible, relacionado con bienes difíciles de alcanzar y con los obstáculos que dificultan su consecución.
Dentro del apetito concupiscible, el gozo o deleite constituye una pasión relacionada con la posesión de un bien sensible. La tristeza es su movimiento contrario, pues surge ante la ausencia o pérdida de un bien amado.
La alegría sensible puede acompañar al gozo espiritual, pero no se identifica con él. También puede aparecer sin caridad, por ejemplo, ante el éxito, la riqueza, la diversión o la aprobación social. En esos casos, la emoción agradable no posee por sí misma valor sobrenatural.
Relación entre ambas dimensiones
El ser humano forma una unidad de cuerpo y alma. Por ello, un acto espiritual puede producir resonancias sensibles, y una emoción sensible puede favorecer o dificultar la atención de la voluntad. Sin embargo, ambas dimensiones conservan una distinción real.
La alegría sensible:
- Depende en buena medida de la constitución corporal y de las circunstancias.
- Puede surgir espontáneamente.
- No siempre está bajo el control directo de la voluntad.
- Puede desaparecer sin que desaparezca la caridad.
El gozo espiritual:
- Pertenece principalmente a la voluntad.
- Nace de la unión amorosa con Dios.
- Puede existir sin consolación sensible.
- Puede mantenerse en la prueba y en el sufrimiento.
La persona cristiana no debe medir su vida espiritual por la intensidad de sus emociones. La madurez espiritual consiste en amar a Dios y permanecerle fiel también cuando faltan los sentimientos agradables.