Don sobrenatural
La gracia actual no equivale a una aptitud psicológica, a una inclinación natural hacia el bien ni a la simple conservación de la existencia. Tampoco coincide con la acción ordinaria de Dios, por la que sostiene el ser de todas las criaturas y concurre con sus actos naturales.
La gracia actual añade una ayuda sobrenatural que capacita al ser humano para realizar actos relacionados con su destino eterno. La naturaleza humana, por sus propias fuerzas, no puede producir un acto sobrenaturalmente meritorio ni alcanzar la comunión con Dios como fin sobrenatural. La gracia actual remedia esa incapacidad y eleva las facultades humanas para que puedan actuar en el orden de la salvación.
Esta elevación no convierte al ser humano en Dios por naturaleza ni elimina su condición de criatura. Dios comunica una participación creada de su vida y concede a la persona la capacidad de actuar de acuerdo con esa elevación.
Auxilio transitorio
La gracia actual actúa de manera pasajera. Dios puede iluminar la inteligencia en un momento determinado, fortalecer la voluntad, despertar el arrepentimiento, impulsar una decisión buena o conceder ayuda para perseverar en una dificultad concreta.
La gracia santificante permanece como una cualidad estable del alma mientras no exista un pecado mortal que la destruya. La gracia actual, en cambio, acompaña actos particulares y no permanece necesariamente como una disposición estable. La teología clásica la relaciona con una influencia o moción divina que comienza y termina en conexión con la acción para la que Dios la concede.
Santo Tomás de Aquino explica esta diferencia mediante la distinción entre una perfección habitual, que permanece, y determinadas impresiones o ayudas divinas que aparecen cuando una acción concreta las requiere. Utiliza como ejemplos la iluminación concedida al profeta para una revelación y una eficacia nueva otorgada para realizar un milagro.
Causa en los actos saludables
La gracia actual no constituye una ayuda externa que permanezca al margen de la persona. Dios actúa en la inteligencia y en la voluntad, de modo que el acto saludable procede verdaderamente de la persona y, al mismo tiempo, de la acción sobrenatural de Dios.
La gracia causa el acto en el orden sobrenatural, mientras que la persona lo realiza mediante sus propias facultades. Por eso la acción posee dos dimensiones inseparables:
- Dios actúa como causa primera.
- La persona actúa como causa segunda, libre y responsable.
La tradición tomista expresa esta cooperación afirmando que Dios justifica al ser humano «con nuestra cooperación», porque la persona consiente libremente a la acción divina. Sin embargo, el movimiento libre que conduce a la gracia no origina la gracia como si la persona pudiera merecerla por sus propias fuerzas; ese movimiento también procede de la gracia.