Definición
La gracia eficaz -gratia efficax- designa una ayuda actual de Dios que alcanza realmente el efecto sobrenatural al que se ordena. No consiste únicamente en ofrecer al hombre la posibilidad de obrar bien, sino en producir de hecho, con certeza infalible, un acto saludable: por ejemplo, creer, arrepentirse, amar a Dios o realizar una obra buena por caridad.1
La eficacia de esta gracia no significa que Dios fuerce exteriormente la voluntad. La coacción suprime la libertad porque mueve contra la inclinación del sujeto; la gracia eficaz, en cambio, mueve interiormente la voluntad de modo conforme a su naturaleza racional y libre. En la perspectiva tomista, Dios causa el acto libre como causa primera, mientras que la criatura lo realiza como causa segunda. Ambas causalidades no compiten, porque no actúan en el mismo plano.2,3
Gracia actual y gracia habitual
La gracia eficaz pertenece principalmente a la categoría de la gracia actual. La gracia actual es una intervención sobrenatural pasajera que ilumina el entendimiento, fortalece la voluntad o mueve al hombre a realizar un acto ordenado a la salvación.
La gracia habitual, por el contrario, es una disposición estable que santifica el alma y la hace partícipe de la vida divina. La gracia eficaz no debe confundirse, por tanto, con la gracia santificante, aunque una acción eficaz de Dios pueda conducir a la recepción o al crecimiento de la gracia santificante.
Gracia preveniente y gracia cooperante
La tradición teológica distingue también entre:
- Gracia preveniente: auxilio que precede al consentimiento libre y despierta en la persona una inclinación hacia el bien sobrenatural.
- Gracia cooperante: auxilio que acompaña y sostiene el acto libre una vez que la voluntad consiente.
- Gracia eficaz: auxilio que alcanza infaliblemente el efecto saludable al que Dios lo ordena.
- Gracia suficiente: auxilio que proporciona una verdadera capacidad para realizar el bien, aunque el sujeto pueda resistirlo y el acto no llegue a producirse.
La gracia preveniente no procede inicialmente de una iniciativa autónoma del hombre. La tradición agustiniana expresa esta prioridad con la fórmula gratia est in nobis, sed sine nobis: la gracia actúa en el alma, pero su origen sobrenatural procede de Dios y no de la criatura. Cuando la voluntad consiente, la gracia preveniente pasa a acompañar el acto libre como gracia cooperante.1
