La teología católica distingue varios tipos de gracia, cada uno con un propósito específico en la vida espiritual:
Gracia Santificante (Gracia Habitual)
La gracia santificante, también conocida como gracia habitual, es el don del Espíritu que nos justifica y santifica. Es una gracia permanente que nos hace «agradables a Dios». Esta gracia es la que nos introduce en la vida divina, elevando nuestra naturaleza para participar en la vida sobrenatural de Dios. Se infunde para inclinar al agente humano a actuar hacia los bienes de la vida divina, restaurando lo que se perdió por el pecado. A través de la gracia santificante, las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad «fluyen» en la persona, sanando el intelecto y la voluntad.
Gracia Actual
La gracia actual es la ayuda sobrenatural de Dios para realizar actos saludables, concedida en consideración de los méritos de Cristo. A diferencia de la gracia santificante, que es habitual y permanente, la gracia actual es un impulso temporal de Dios que nos ayuda a conocer, querer y hacer el bien. Es la obra inicial de la gracia que precede a todos los esfuerzos o méritos humanos, orientada a la justificación del ser humano y permitiendo la cooperación activa con Dios. La gracia actual puede ser resistida, lo que agrava la culpa del receptor.
Los teólogos han distinguido entre gracia operativa y gracia cooperativa.
La gracia operativa es aquella en la que Dios mueve al agente humano hacia un fin, sin que la voluntad humana coopere activamente en la elección del fin, sino que es el mismo Dios quien obra en nosotros el querer y el obrar,. Esta gracia es preveniente, es decir, precede a la justificación y guía al receptor hacia ella.
La gracia cooperativa se da en acciones en las que Dios mueve al agente hacia un fin, mientras que el agente humano libremente quiere los medios para ese fin. Aquí, la persona humana coopera con Dios a través de su acto de voluntad.
Gracias Especiales (Carismas)
Además de la gracia santificante y actual, el Espíritu Santo concede gracias especiales, también llamadas carismas. Estos dones, que pueden ser extraordinarios como los milagros o las lenguas, están orientados a la gracia santificante y tienen como fin el bien común de la Iglesia,. Los carismas están al servicio de la caridad, que edifica la Iglesia. El discernimiento de su autenticidad y uso adecuado corresponde a los líderes de la Iglesia.
Gracia Sacramental
Las gracias sacramentales son dones propios de los diferentes sacramentos. Cada sacramento confiere una gracia particular que ayuda al receptor a vivir los efectos de ese sacramento. Por ejemplo, en el Bautismo, los nuevos ciudadanos de la sociedad humana se hacen hijos de Dios por la gracia del Espíritu Santo.