El título procede de las palabras latinas Gratissimam sane, que pueden traducirse como «ciertamente muy grata» o «sumamente querida». La expresión manifiesta el afecto con que el Papa dirige su mensaje a las familias.
La carta no se dirige únicamente a una institución familiar considerada de manera abstracta. Juan Pablo II habla a cada familia concreta, con su historia, su cultura, sus dificultades y su propia configuración. Presenta a cada hogar como una célula viva de la gran familia humana, vinculada a la paternidad universal de Dios y a la redención realizada por Jesucristo.1
La finalidad principal del documento consiste en ayudar a comprender la identidad, la misión y la responsabilidad de la familia dentro de la Iglesia y de la sociedad. La carta relaciona estrechamente la verdad sobre el matrimonio, la dignidad de la persona, la transmisión de la vida, la educación de los hijos y la necesidad de una renovación espiritual de los hogares.
