La encíclica Graves de Communi Re proporciona varias directrices para la participación católica en la vida social y política.
La Caridad como Fundamento
El Papa León XIII reitera que la caridad es el principio fundamental que debe guiar toda acción social católica. La Iglesia siempre ha mostrado una «vigilante solicitud por todas las clases de la sociedad, y especialmente por aquellas a quienes la fortuna ha favorecido menos». Esta devoción a «confortar y elevar a la masa del pueblo» está en consonancia con el espíritu de la Iglesia y sus ejemplos históricos.
Responsabilidad de las Clases Acomodadas
La encíclica hace un llamado especial a «aquellos cuya posición, riqueza y cultura intelectual y espiritual les dan una cierta posición en la comunidad». Se les recuerda que no son libres de desatender a quienes están por debajo de ellos, sino que es un «estricto deber» el que los une. Nadie vive solo para su ventaja personal en una comunidad; se vive también para el bien común. Aquellos que pueden contribuir al bien general están obligados a suplir la deficiencia de otros, y una cuenta más estricta será rendida a Dios por los beneficios recibidos. La negligencia en este deber podría llevar a un «desastre generalizado» que afectaría a todas las clases sociales.
Organización y Unidad de los Católicos
León XIII subraya la importancia de la organización y la unidad entre los católicos para que su acción sea efectiva. Insta a que las diversas asociaciones católicas, manteniendo sus derechos individuales, actúen juntas bajo una fuerza directiva primaria. En Italia, esta fuerza directiva debía emanar del Instituto de Congresos y Reuniones Católicas, bajo la autoridad y dirección de los obispos. Para otras naciones, se debía seguir un modelo similar donde existiera una organización principal legítimamente encargada de esta materia.
Para mantener esta deseable unidad, es crucial evitar «causas de disensión que hieran y dividan las mentes». Esto incluye abstenerse de «cuestiones sutiles y prácticamente inútiles» en periódicos y discursos, y mantener la equanimidad, modestia y cortesía en los debates. Además, en temas aún abiertos a discusión, los católicos deben estar siempre dispuestos a escuchar con obediencia religiosa lo que la Santa Sede pueda decidir.
El Papel del Clero
El clero tiene un papel fundamental en la promoción de la Democracia Cristiana. Deben «salir y moverse entre el pueblo», ejerciendo una influencia saludable adaptándose a las condiciones actuales. Se les encarga inculcar la doctrina correcta y enseñar los deberes de la prudencia y la caridad. Sin embargo, esta labor debe realizarse con la mayor cautela y prudencia, siguiendo el ejemplo de santos como Francisco de Asís y Vicente de Paúl, quienes cuidaron del pueblo sin descuidar su propia perfección espiritual.