La ruptura del Concordato
La encíclica apareció durante la crisis provocada por la ley francesa de 9 de diciembre de 1905, que puso fin unilateralmente al régimen concordatario establecido entre Francia y la Santa Sede a comienzos del siglo XIX. Pío XI recordó posteriormente que aquella ruptura había interrumpido de forma brusca las relaciones entre Francia y la Santa Sede y que la nueva legislación había afectado a la jerarquía, los bienes de la Iglesia y el culto divino.3
Pío X ya había denunciado la política de separación en la encíclica Vehementer Nos, publicada el 11 de febrero de 1906. Allí condenó la ley por negar todo reconocimiento público del culto, vulnerar la libertad de la Iglesia y lesionar sus derechos patrimoniales, incluidos los adquiridos mediante el Concordato.4
La protesta pontificia no obedecía solo a la ruptura diplomática. Pío X consideraba que la ley alteraba el modo de gobierno de la Iglesia al confiar la administración del culto a asociaciones civiles en las que la legislación no reconocía expresamente la autoridad del papa ni la de los obispos. La alocución consistorial de 21 de febrero de 1906 resumió esta objeción afirmando que la ley entregaba la administración y la protección del culto público a asociaciones de ciudadanos sometidas al derecho civil, mientras reservaba al Consejo de Estado la resolución de los conflictos.5
Las encíclicas del pontificado de Pío X
Gravissimo Officii Munere prolonga directamente la argumentación de Vehementer Nos. La primera encíclica condenó la ley en sus principios; la segunda examinó si, pese a la legislación, podía organizarse una vida religiosa jurídicamente estable que protegiera la estructura de la Iglesia y sus derechos.
Pío X recordó que la Santa Sede había intentado evitar la ruptura mediante advertencias, gestiones y muestras de especial benevolencia hacia Francia. El pontífice interpretó el fracaso de esas iniciativas como la causa inmediata de su intervención pública.6
La encíclica también respondió a quienes acusaban al papa de rechazar la República francesa por razones políticas. Pío X negó que su decisión tuviera como finalidad derribar el régimen republicano. Según el documento, la cuestión decisiva no era la forma política del Estado, sino la protección de la constitución de la Iglesia, de su libertad y de sus bienes necesarios para el culto.1

