Gravissimum Educationis se estructura en una introducción y varios apartados que abordan los principios educativos, el rol de la escuela católica y la cooperación necesaria.
Principios generales de la educación cristiana
El documento afirma que la educación es un deber grave de la Iglesia hacia todos sus hijos, promoviendo la formación integral de la persona: intelectual, moral, espiritual y social. Insiste en que los padres son los primeros educadores, con un derecho inalienable derivado de la transmisión de la vida.
Se reconoce el derecho universal a la educación, que debe respetar la libertad de conciencia y no subordinarse a ideologías políticas o económicas. La Iglesia exhorta a los poderes civiles a garantizar este derecho, colaborando con familias y escuelas sin monopolizar la educación.,
«La influencia de la Iglesia en el campo de la educación se muestra de un modo especial por la escuela católica. No menos que otras escuelas, la escuela católica persigue fines culturales y la formación humana de la juventud.»
La escuela católica como centro privilegiado
La escuela católica se presenta como un entorno único, animado por el espíritu evangélico de libertad y caridad. Su función propia es ayudar a los bautizados a crecer como «nuevas criaturas», ordenando la cultura humana al mensaje de salvación. Abre a los alumnos al mundo contemporáneo, preparándolos para el bien de la «ciudad terrena» y el Reino de Dios.,
El Concilio reafirma el derecho de la Iglesia a fundar y dirigir escuelas de todo tipo y nivel, contribuyendo a la libertad de conciencia, los derechos parentales y el progreso cultural.
Rol de los profesores y los padres
Los profesores son pilares de la escuela católica, dependiente de su preparación en conocimientos seculares y religiosos, pedagogía moderna y espíritu apostólico. Deben colaborar con los padres, considerando las diferencias de sexo y los fines providenciales en familia y sociedad.
Los padres tienen el deber de elegir escuelas católicas cuando sea posible y apoyarlas, cooperando en todas las fases educativas.,
Escuelas de niveles superiores y diversidad
Se enfatiza la atención a escuelas primarias y secundarias, pero también a profesionales, técnicas, para adultos, discapacitados y formación de profesores. En universidades católicas, se promueve la armonía entre fe y ciencia, siguiendo el ejemplo de Santo Tomás de Aquino, con institutos de teología para laicos y énfasis en la investigación.
La Iglesia apoya escuelas en misiones para no católicos y centros universitarios católicos en universidades públicas.
Cooperación y presencia en escuelas no católicas
La cooperación es esencial: entre escuelas católicas y otras, a nivel diocesano, nacional e internacional. En escuelas no católicas, la Iglesia actúa mediante testimonio, apostolado estudiantil y catequesis por sacerdotes y laicos.,