Identidad y finalidad
La escuela católica comparte con cualquier institución educativa legítima la tarea de transmitir conocimientos y formar humanamente a los jóvenes. Su rasgo propio consiste en crear una comunidad educativa animada por el espíritu del Evangelio, caracterizado por la libertad, la caridad, la búsqueda de la verdad y el respeto a la dignidad de cada persona.
El Concilio describe la escuela católica como un ámbito que ayuda a los alumnos a desarrollar su personalidad a la luz del Bautismo y a ordenar la cultura humana hacia el anuncio de la salvación. La fe debe iluminar el conocimiento del mundo, de la vida y del ser humano sin destruir la autonomía propia de las disciplinas académicas.
La escuela católica persigue varias finalidades inseparables:
- proporcionar una sólida formación académica;
- educar en las virtudes y en la responsabilidad;
- integrar la fe con la cultura;
- favorecer el diálogo entre la Iglesia y la sociedad;
- preparar para el servicio del bien común;
- formar cristianos capaces de dar testimonio en la vida pública;
- atender de manera preferente a los pobres, a quienes carecen de apoyo familiar y a quienes necesitan una educación especializada.
La identidad católica no consiste simplemente en añadir clases de religión a un programa académico ordinario. Afecta al proyecto educativo completo, a las relaciones entre profesores y alumnos, a la concepción de la persona, a la visión de la sociedad y a los criterios con los que la comunidad escolar afronta los problemas contemporáneos.
Derecho de la Iglesia a fundar escuelas
Gravissimum Educationis reafirma el derecho de la Iglesia a establecer y dirigir escuelas de cualquier tipo y nivel. El Concilio relaciona este derecho con la libertad de conciencia, los derechos de los padres y el enriquecimiento de la cultura.
El Código de Derecho Canónico reconoce igualmente que los padres católicos tienen derecho a elegir las instituciones que proporcionen de manera más adecuada la educación católica de sus hijos. También reconoce que la sociedad civil debe prestar la ayuda necesaria para que las familias puedan ejercer ese derecho.
Los profesores
Los docentes desempeñan una función decisiva en la escuela católica. Su misión exige competencia académica, preparación pedagógica, equilibrio humano y coherencia cristiana. La enseñanza no transmite solamente información: también comunica una determinada comprensión de la verdad, de la persona y del mundo.
El Concilio pide que los profesores dominen tanto los conocimientos profanos como los religiosos que correspondan a su misión, y que mantengan una relación de caridad con sus compañeros y alumnos. Su testimonio personal debe acompañar a su enseñanza, porque la escuela católica necesita educadores capaces de presentar a Cristo como el único Maestro y de ayudar a los jóvenes a asumir responsabilidades después de terminar sus estudios.
La tarea docente adquiere así un carácter apostólico y social. El profesor católico no reemplaza a los padres ni actúa como ministro ordenado por el mero hecho de enseñar, pero contribuye de modo cualificado a la misión evangelizadora de la Iglesia mediante su competencia y su testimonio.