Gregorio nació alrededor del año 329 d.C. en Capadocia, en el seno de una familia noble3. Su padre, también llamado Gregorio, era obispo de Nacianzo, y su madre, Nonna, lo consagró a Dios desde su nacimiento1,3.
Formación y Amistad con Basilio
La formación de Gregorio fue extensa y profunda, asistiendo a las escuelas más renombradas de su tiempo3. Estudió en Cesarea de Capadocia, Cesarea de Palestina, Alejandría y, finalmente, en Atenas1. Fue en Cesarea y Atenas donde forjó una profunda amistad con San Basilio, el futuro obispo de Cesarea3.
Al recordar esta amistad, Gregorio escribió que compartían una «misma avidez de conocimiento» y que su competencia no era por ver quién era el primero, sino quién permitía que el otro lo fuera, sintiendo que tenían «una sola alma en dos cuerpos»3.
Tras sus estudios, Gregorio pasó un tiempo en Annesi, en la comunidad ascética de Basilio, buscando la soledad que tanto anhelaba1,5.
El Turbulento Ministerio Pastoral
La vida de Gregorio estuvo marcada por una tensión constante entre su vocación a la soledad y la obediencia a la Providencia que lo llamaba al ministerio pastoral3,5.
Ordenación y Sasima
A su regreso a casa, su padre, el obispo de Nacianzo, lo ordenó sacerdote1. Más tarde, en 372, su amigo Basilio, Obispo de Cesarea, lo persuadió para que aceptara ser obispo de Sásima, un puesto menor en Capadocia, a pesar de los deseos de Gregorio1,3. Gregorio se sintió profundamente herido por este nombramiento, que Basilio promovió para consolidar su posición en un territorio en disputa5. Aunque fue consagrado a regañadientes, nunca tomó posesión de Sásima, permaneciendo en Nacianzo y actuando como coadjutor de su padre3,5.
Llamada a Constantinopla
Tras la muerte del emperador arriano Valente en 378, la Iglesia experimentó un período de paz5. Constantinopla, la capital, había estado dominada por el arrianismo durante décadas y la comunidad católica fiel al Concilio de Nicea era una minoría perseguida3,4,5. En 379, Gregorio fue llamado a Constantinopla para liderar y reorganizar las fuerzas católicas dispersas4,5. A pesar de su timidez y su deseo de soledad, y después de mucha vacilación, consintió en ir6,5.
Gregorio comenzó su misión en una casa particular que describió como «el nuevo Silo donde se fijó el Arca» y a la que llamó Anastasis—el lugar de la resurrección de la fe4,5.

