La Guardia Suiza Pontificia participa en el cumplimiento de la misión de la Iglesia con una forma concreta de servicio: protección y custodia del Papa y del ámbito del servicio petrino. Juan Pablo II explicó que, aun cuando el cuerpo asume rasgos militares, sus funciones nacen como un servicio directo al Sumo Pontífice y a la Sede Apostólica en beneficio de todo el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia.2
El servicio de la Guardia Suiza exige virtudes bien definidas. Juan Pablo II describió un conjunto de cualidades que deben llenar el corazón del guardia durante el servicio de honor y de seguridad en el Vaticano: firmeza en la fe católica, fidelidad y amor a la Iglesia de Jesucristo, concienzudez y perseverancia en los encargos cotidianos, además de coraje y humildad, altruismo y humanidad.1

