La obra teológica más característica de Balthasar recibe el nombre de Trilogía. Comprende tres grandes partes:
- Herrlichkeit, dedicada a la gloria y a la belleza.
- Theodramatik, dedicada al drama de la libertad, la historia y la redención.
- Theologik, dedicada a la verdad, al lenguaje de Dios y a la relación entre revelación y razón.
Balthasar explica esta estructura mediante los trascendentales del ser: belleza, bondad y verdad. Para él, estas dimensiones no aparecen aisladas. Lo verdadero posee una irradiación propia; lo bello atrae y manifiesta una forma; lo bueno implica entrega y donación. La revelación cristiana permite contemplar estas dimensiones en la manifestación histórica de Dios.
La teología estética
La primera parte de la Trilogía contempla la revelación bajo el aspecto de la gloria. Balthasar entiende la belleza teológica como la forma visible y luminosa de la verdad divina. Dios se manifiesta en la historia de Israel y alcanza su expresión plena en Jesucristo. La cuestión central consiste en reconocer la gloria del Dios vivo frente a los ídolos y frente a las construcciones humanas que pretenden alcanzar lo absoluto.
La belleza cristiana no equivale a una simple armonía estética ni a una experiencia agradable. La gloria de Dios aparece paradójicamente en la vida de Cristo, en su cruz y en su resurrección. Por eso la belleza teológica incluye el sufrimiento, la obediencia y la entrega. La forma suprema de la gloria divina no queda separada del rostro desfigurado del Crucificado.
Balthasar recurrió ampliamente a los Padres de la Iglesia, a autores medievales y a escritores modernos. Entre sus estudios destacan los dedicados a san Agustín, san Buenaventura, santo Tomás de Aquino, san Gregorio de Nisa, Máximo el Confesor, Karl Barth, Romano Guardini, Georges Bernanos y otros pensadores y escritores. Su método no reducía la teología a un sistema abstracto: buscaba descubrir cómo cada autor había percibido y expresado la forma concreta de la revelación cristiana.
La teología dramática
La segunda parte de la Trilogía presenta la historia de la salvación como un drama de libertades. La libertad divina y la libertad humana entran en relación real sin convertirse en poderes equivalentes. La alianza bíblica manifiesta que Dios no trata al ser humano como un objeto pasivo, sino como una criatura capaz de responder, obedecer, rechazar y amar.
El centro del drama es Jesucristo. En él, la libertad humana alcanza su forma perfecta mediante la obediencia filial al Padre. La redención no consiste únicamente en reparar jurídicamente una culpa, sino en introducir la humanidad en el movimiento de amor que une al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
La teología dramática también presta atención a la misión de la Iglesia, a los carismas, a la vocación cristiana y a la participación de los santos en la misión de Cristo. La contemplación no queda enfrentada al apostolado. La vida contemplativa posee una fecundidad eclesial que actúa de modo oculto, mediante la gracia y la transformación espiritual del mundo.
La teología lógica
La tercera parte estudia la verdad de la revelación. Balthasar pregunta cómo puede la Palabra eterna de Dios expresarse en palabras humanas sin perder su sentido y cómo puede la inteligencia limitada del ser humano acoger el significado ilimitado de la Palabra divina. Esta cuestión conduce a la cristología y a la doctrina de las dos naturalezas de Cristo, así como a la acción del Espíritu Santo en la comprensión de la revelación.
La Theologik rechaza tanto el racionalismo, que pretende dominar el misterio, como el irracionalismo, que convierte la fe en una experiencia incomunicable. La verdad cristiana posee una estructura relacional: procede de Dios, alcanza al ser humano y llama a una respuesta de fe y de amor.