La época posterior a la Segunda Guerra Mundial
Tras el conflicto mundial, la Iglesia sentía la necesidad de revitalizar la vida espiritual de los fieles, especialmente mediante devociones que pudieran ofrecer consuelo y esperanza. En este clima, el Papa Pío XII decidió redactar una carta encíclica que abordara el Sagrado Corazón, ya venerado desde el siglo XVII pero que necesitaba una actualización doctrinal y pastoral.
Antecedentes papales
Pío XII menciona que su predecesor, Pío XI, había ya reconocido la importancia de esta devoción, describiéndola como «un resumen de toda nuestra religión y guía para una vida más perfecta»1. La encíclica se inscribe, pues, dentro de una continuidad papal que valora el Sagrado Corazón como eje central de la piedad cristiana.
