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Hermanas Dominicas

Las Hermanas Dominicas son mujeres consagradas vinculadas al carisma de santo Domingo de Guzmán y a la Orden de Predicadores. La expresión comprende, en sentido amplio, tanto a las monjas dominicas de la Segunda Orden, dedicadas a la vida contemplativa en monasterios de clausura papal, como a las religiosas de congregaciones dominicanas apostólicas, que viven una consagración religiosa orientada a la educación, la predicación, la asistencia social, la sanidad, la promoción humana y otras formas de servicio eclesial. Aunque ambas realidades comparten la espiritualidad dominicana, poseen una naturaleza jurídica, una forma de gobierno y un modo de ejercer la misión distintos.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreHermanas Dominicas
CategoríaOrganización religiosa
DescripciónFamilia femenina de la familia dominicana, compuesta por monjas contemplativas de la Segunda Orden y por hermanas de congregaciones apostólicas dedicadas a la educación, predicación y servicio social. Mujeres consagradas vinculadas al carisma de Santo Domingo de Guzmán y a la Orden de Predicadores. c. 1206
Lugar de FundaciónProuille, Francia
Basado enRegla de san Agustín
CarismaPredicación, educación, asistencia social y promoción humana.
Contexto HistóricoFundación en el siglo XIII dentro del contexto de la predicación de Santo Domingo en el Languedoc.
EspiritualidadEspiritualidad dominicana centrada en la oración, estudio y predicación.
EstadoVigente
FundadorSanto Domingo de Guzmán
Importancia EclesialContribuyen a la vida de oración de la Iglesia, a la educación cristiana y a la atención de los necesitados a nivel mundial.
InfluenciaPresencia histórica y cultural en ámbitos litúrgicos, educativos, sanitarios y misioneros en continentes de Europa, América, África, Asia y Oceanía.
OrigenProuille, Languedoc
TipoOrden religiosa, Segunda Orden (monjas contemplativas) y congregaciones apostólicas

Tabla de contenido

Denominación y significado

La palabra dominica procede del nombre de santo Domingo y designa la pertenencia espiritual o jurídica a la familia de la Orden de Predicadores. Las religiosas pueden utilizar nombres diversos según su instituto: monjas dominicas, hermanas de la Orden de Predicadores, religiosas dominicas o Hermanas Dominicas.

La denominación cotidiana no siempre coincide con la terminología canónica. En el lenguaje corriente, muchas personas llaman «hermanas» a todas las mujeres consagradas dominicas. Sin embargo, la tradición de la Iglesia distingue entre las monjas, que pertenecen a monasterios de vida contemplativa, y las hermanas, que normalmente forman parte de congregaciones religiosas apostólicas. La constitución apostólica Sponsa Christi reservaba propiamente el nombre de monjas a las religiosas de monasterios con los rasgos jurídicos propios de la vida monástica, mientras que denominaba hermanas a las religiosas de congregaciones con votos simples.1

Por tanto, el título «Hermanas Dominicas» puede utilizarse de manera general, pero conviene precisar si el artículo trata de:

  • Monjas dominicas de la Segunda Orden, contemplativas y de clausura papal.
  • Religiosas dominicas de congregaciones apostólicas, dedicadas a diversos servicios eclesiales.
  • Terceras órdenes o fraternidades dominicanas, que constituyen una realidad diferente de la vida religiosa femenina.

Origen histórico

Santo Domingo y el monasterio de Prouille

La historia de las mujeres dominicas comenzó antes de la aprobación definitiva de la Orden de Predicadores. En el contexto de la predicación de santo Domingo en el Languedoc, el fundador estableció en Prouille, hacia 1206, una comunidad de mujeres convertidas del catarismo. Este monasterio quedó relacionado con la misión de predicación y con la formación de la naciente familia dominicana.2

Santo Domingo entregó a aquella comunidad la Regla de san Agustín, acompañada de unas normas particulares -las llamadas Instituciones- destinadas a organizar la oración, la vida común, la disciplina, el trabajo y la relación con los ministros encargados de la atención espiritual y temporal del monasterio.2

Esta fundación posee un significado decisivo. La comunidad femenina no nació como una obra secundaria de la Orden de Predicadores, sino como parte de la respuesta de santo Domingo a las necesidades espirituales de su tiempo. La vida contemplativa de las monjas debía sostener mediante la oración la misión evangelizadora de los predicadores.

La Regla de san Agustín y las primeras constituciones

Cuando santo Domingo y sus primeros compañeros buscaron una regla para la nueva orden, escogieron la Regla de san Agustín. La elección respondió a su antigüedad y a su carácter relativamente general, capaz de recibir las normas concretas que exigía el nuevo instituto. A la Regla añadieron constituciones y costumbres propias, algunas de ellas inspiradas en la tradición premonstratense.3

La misma distinción resulta fundamental para comprender la vida dominicana femenina:

  • La Regla de san Agustín ofrece los principios generales de la vida comunitaria, la unidad de corazones, la pobreza, la obediencia, la caridad fraterna y la orientación hacia Dios.
  • Las Constituciones concretan el modo dominicano de vivir esos principios: la liturgia, el gobierno, la formación, el silencio, la clausura, la disciplina comunitaria, el uso de los bienes y las relaciones con la Orden y con la Iglesia.
  • Cada monasterio o congregación puede contar, además, con estatutos, directorios o normas particulares aprobados por la autoridad competente.

La Regla, por tanto, no sustituye a las Constituciones, ni las Constituciones constituyen una simple repetición de la Regla. La primera proporciona el fundamento general; las segundas configuran la forma histórica y carismática de cada rama. Las Constituciones de un instituto deben expresar su identidad, su espiritualidad, su vida comunitaria, su misión y la manera concreta de practicar los consejos evangélicos.4

San Sixto y la organización de la Segunda Orden

En 1219, el papa Honorio III confió a santo Domingo el monasterio romano de San Sixto. Las normas procedentes de Prouille pasaron a aplicarse allí y recibieron el nombre de Instituciones de las Hermanas de San Sixto. Más tarde, esas normas influyeron en otros monasterios femeninos vinculados a la Orden de Predicadores.2

Durante los siglos XIII y XIV aumentó el número de monasterios incorporados a la Orden. La relación entre las comunidades femeninas y los frailes no careció de dificultades, porque la atención espiritual y el gobierno de los monasterios planteaban cuestiones de jurisdicción y de equilibrio entre la autonomía monástica y la vinculación a la Orden. La incorporación de monasterios continuó durante la Baja Edad Media, aunque algunos permanecieron bajo la jurisdicción directa de los obispos.2

La Segunda Orden Dominicana

Naturaleza contemplativa

La Segunda Orden Dominicana está formada exclusivamente por monjas contemplativas, reunidas en monasterios y llamadas a vivir la clausura papal. No constituye una congregación de religiosas dedicadas ordinariamente a ministerios externos, sino una forma específica de vida consagrada contemplativa dentro de la familia dominicana.

La monja dominica profesa los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, participa en la liturgia comunitaria, celebra el Oficio divino, cultiva la oración personal y comunitaria, practica el silencio y realiza trabajos compatibles con la vida monástica. La tradición histórica de las monjas dominicas incluye la recitación coral de las Horas canónicas, el trabajo manual y una disciplina ascética semejante, en sus elementos fundamentales, a la de los frailes predicadores.2

La finalidad de esta vida no consiste en preparar una actividad apostólica exterior. La propia existencia contemplativa constituye la misión recibida por la Iglesia. Un documento de la Santa Sede define la vida contemplativa como el apostolado primario y fundamental de los institutos específicamente contemplativos, porque manifiesta a la Iglesia como comunidad orante y ofrece la propia vida por la gloria de Dios y la salvación del mundo.5

En este contexto, la palabra apostolado no significa necesariamente predicación pública, enseñanza escolar, asistencia sanitaria o trabajo social. En las monjas de clausura, el apostolado propio comprende:

  • La adoración y la alabanza litúrgica.
  • La intercesión por la Iglesia, el mundo y las necesidades de la humanidad.
  • La celebración comunitaria de la Eucaristía y del Oficio divino.
  • La escucha orante de la Sagrada Escritura.
  • La penitencia y la entrega de la propia vida a Dios.
  • La acogida espiritual compatible con la clausura y con las Constituciones.

La contemplación no equivale a pasividad. Constituye una forma de participación real en la misión de la Iglesia, aunque no adopte principalmente la forma de una actividad exterior. La dimensión contemplativa integra la escucha de la Palabra, la participación sacramental, la oración litúrgica y personal, la búsqueda de la voluntad de Dios y la entrega por el Reino.6

Clausura papal

La clausura papal expresa la separación propia de las comunidades contemplativas. No representa un simple aislamiento físico, sino un signo de la entrega exclusiva de la Iglesia, esposa de Cristo, a su Señor. La normativa eclesial distingue la clausura papal de otras formas de clausura y establece que excluye el ministerio externo.7

La clausura regula:

  • La salida de las monjas del monasterio.
  • La entrada de personas ajenas a la comunidad.
  • La organización de los locutorios y espacios de encuentro.
  • Las dispensas y excepciones previstas por el derecho.
  • La relación entre la comunidad y las necesidades pastorales o familiares extraordinarias.

Las normas concretas no proceden únicamente de una costumbre local. La Iglesia las determina mediante el derecho universal, las disposiciones de la Santa Sede y las Constituciones propias del monasterio o de la federación correspondiente.

Vida litúrgica, estudio y trabajo

La liturgia ocupa el centro de la jornada monástica. La celebración eucarística, el Oficio divino y la oración comunitaria estructuran el tiempo y orientan todas las demás actividades. La tradición dominicana vincula estrechamente contemplación, estudio y transmisión de la verdad. En el caso de las monjas, el estudio no persigue normalmente una actividad docente exterior, sino la profundización en la fe y la preparación interior para recibir y meditar la Palabra de Dios.

La lectio divina-lectura orante de la Sagrada Escritura- ocupa un lugar destacado en la espiritualidad dominicana. La tradición de las monjas contempla su vida como una recepción continua de la Palabra: escucharla, meditarla, responder a ella y permitir que transforme la existencia.8

El trabajo manual contribuye al sostenimiento de la comunidad, favorece la disciplina cotidiana y expresa la dignidad cristiana del trabajo. Las formas concretas varían según la época y el monasterio: elaboración de productos, confección, encuadernación, artesanía, acogida limitada, producción editorial u otras tareas compatibles con la clausura.

Gobierno del monasterio

Cada monasterio cuenta con una estructura de gobierno propia. La autoridad principal corresponde ordinariamente a una priora, elegida conforme al derecho de la Iglesia y a las Constituciones. La priora recibe la asistencia de otros cargos comunitarios, entre ellos la subpriora y la maestra de novicias.2

La comunidad monástica posee una personalidad y una organización propias. Según su situación jurídica, puede mantener una relación más estrecha con la Orden de Predicadores, depender del obispo diocesano o participar en estructuras de comunión, como federaciones de monasterios. La vinculación con la Orden no elimina necesariamente la autonomía interna del monasterio.

Las congregaciones dominicanas apostólicas

Origen y desarrollo

Junto a los monasterios de monjas surgieron diversas congregaciones femeninas dominicanas dedicadas a la vida apostólica. Algunas nacieron vinculadas espiritualmente a la Orden de Predicadores; otras recibieron una inspiración dominicana a través de sus fundadores, de la dirección espiritual de frailes o de la incorporación de elementos de la tradición de santo Domingo.

Entre estas congregaciones figura la fundada por la beata Marie Poussepin en Francia a finales del siglo XVII, dedicada a una forma de vida dominicana que unía oración, formación y servicio a los necesitados. La expansión de las congregaciones dominicanas llevó a muchas religiosas a trabajar en escuelas, hospitales, parroquias, centros de atención social y misiones.

La historia de estas comunidades muestra una adaptación del carisma dominicano a necesidades concretas: la educación cristiana, la evangelización, la atención a los pobres, la promoción de la mujer, la asistencia a enfermos y la presencia pastoral en lugares donde la Iglesia necesitaba agentes formados. Un testimonio pontificio de comienzos del siglo XX relaciona la expansión de una congregación dominicana femenina con la educación cristiana de niños y jóvenes y con la multiplicación de sus casas en diversos continentes.9

Vida apostólica

Las hermanas de congregaciones apostólicas profesan también los consejos evangélicos y viven en comunidad, pero su forma de vida permite una presencia habitual fuera de la casa religiosa. El apostolado forma parte constitutiva de su identidad institucional, de acuerdo con el carisma fundacional y las Constituciones.

Entre sus actividades pueden encontrarse:

  • La enseñanza y la educación cristiana.
  • La catequesis y la formación teológica.
  • La atención a enfermos y ancianos.
  • La asistencia a personas pobres o marginadas.
  • La pastoral parroquial.
  • La evangelización misionera.
  • La promoción de la justicia y de la dignidad humana.
  • La dirección de centros educativos, sanitarios o sociales.
  • La investigación, la comunicación y la producción cultural.

Estas actividades no deben entenderse como una mera ocupación profesional añadida a la vida religiosa. El apostolado pertenece al modo concreto en que cada congregación sigue a Cristo y encarna el carisma dominicano. La contemplación continúa siendo necesaria, pero mantiene una relación dinámica con la predicación, la enseñanza y el servicio.

Diferencia entre monjas dominicas y hermanas dominicas apostólicas

Diferencia jurídica

La distinción jurídica no depende solamente del hábito, del nombre utilizado o del lugar donde vive una religiosa. Responde a la forma canónica de la comunidad y a la legislación aprobada por la Iglesia.

AspectoMonjas dominicas de la Segunda OrdenHermanas de congregaciones dominicanas apostólicas
Forma de vidaContemplativa monásticaApostólica o activa
Lugar ordinario de vidaMonasterioCasa religiosa, comunidad apostólica o misión
ClausuraClausura papalNo viven ordinariamente bajo clausura papal
Misión principalOración litúrgica, contemplación e intercesiónEvangelización y servicio apostólico
Actividad exteriorExcluida como ministerio ordinarioConstitutiva del carisma de la congregación
GobiernoPriora y órganos propios del monasterioSuperiora general, provincial y superiores locales según las Constituciones
Relación con la OrdenVinculación propia de la Segunda Orden, con posibles diferencias de jurisdicciónVinculación espiritual, histórica o jurídica según cada congregación
Denominación técnicaMonjasHermanas o religiosas

La clasificación antigua de las religiosas distinguía entre monasterios de monjas con votos solemnes y clausura papal, por una parte, y congregaciones de hermanas con votos simples, por otra. Aunque el derecho contemporáneo presenta categorías más precisas y diversas, la diferencia fundamental continúa siendo válida: la monja pertenece a una comunidad monástica contemplativa; la hermana de congregación apostólica vive una forma de consagración orientada al servicio exterior según su instituto.10

Diferencia carismática

Ambas ramas comparten elementos esenciales de la espiritualidad dominicana:

  • Amor a la verdad revelada.
  • Centralidad de Cristo.
  • Devoción a la Virgen María.
  • Vida comunitaria.
  • Estudio y formación.
  • Pobreza evangélica.
  • Obediencia.
  • Predicación entendida en sentido amplio como transmisión de la verdad y del bien.

Sin embargo, cada forma de vida traduce esos elementos de manera distinta.

La monja dominica vive el carisma mediante la consagración contemplativa, la oración coral, el silencio, la clausura, la penitencia y la intercesión. Su testimonio recuerda que la Iglesia recibe su fecundidad de la gracia y que toda actividad apostólica necesita una raíz contemplativa.

La hermana dominica apostólica vive el mismo impulso dominicano mediante la presencia evangelizadora, la educación, la atención a los pobres, la enseñanza, la salud, la misión y otras obras de servicio. Su vida manifiesta la dimensión activa de la predicación y de la caridad.

Ninguna de las dos formas constituye una versión incompleta de la otra. La vida contemplativa no necesita justificarse por realizar obras externas, y la vida apostólica no puede reducirse a una actividad social sin oración ni consagración. Cada rama posee su propia finalidad eclesial.

Espiritualidad dominicana

Contemplación y predicación

La tradición dominicana une contemplación y anuncio. El lema tradicional contemplari et contemplata aliis tradere-contemplar y transmitir a los demás lo contemplado- expresa una dinámica espiritual en la que el conocimiento de Dios conduce a la comunicación de la verdad.

En las monjas de clausura, esta dinámica alcanza una forma contemplativa: la comunidad recibe la Palabra, la celebra y ofrece su oración por la Iglesia y el mundo. En las congregaciones apostólicas, la contemplación desemboca además en la predicación, la enseñanza, el acompañamiento y el servicio.

El estudio desempeña un papel especial en esta espiritualidad. Santo Domingo consideraba indispensable la formación para afrontar las cuestiones doctrinales y evangelizadoras de su época, y envió a sus primeros frailes a centros de estudio para preparar la misión de la Orden.3

Comunidad y vida común

La vida dominicana concede gran valor a la comunidad. La oración, la mesa, el trabajo, la formación y el discernimiento compartidos manifiestan que la consagración religiosa no constituye únicamente un camino individual hacia la santidad.

La Regla de san Agustín aporta el ideal de una comunidad unida en Dios y ordenada hacia la caridad fraterna. Las Constituciones dominicanas desarrollan este ideal mediante normas concretas sobre la autoridad, la corrección fraterna, la pobreza común, la formación y la participación de las religiosas en las decisiones comunitarias.

Pobreza, castidad y obediencia

Las Hermanas Dominicas profesan los tres consejos evangélicos:

  • Castidad consagrada, que expresa la entrega total a Cristo y la disponibilidad para amar con un corazón indiviso.
  • Pobreza religiosa, que renuncia a la posesión y al uso independiente de los bienes, según las normas del instituto, y orienta los recursos hacia la vida común y la misión.
  • Obediencia, que busca la voluntad de Dios mediante la escucha de la Iglesia, de las superioras y de la comunidad conforme al derecho propio.

Las Constituciones de cada instituto determinan la forma concreta de estos votos. El derecho de la vida consagrada exige que las Constituciones regulen cómo deben observarse los consejos evangélicos en el estilo propio de cada comunidad.4

Formación y etapas de la vida religiosa

La formación de una Hermana Dominica suele comprender varias etapas, aunque los nombres y la duración dependen del derecho propio:

  1. Aspirantado o acompañamiento vocacional, durante el cual la candidata conoce la espiritualidad y la vida de la comunidad.
  2. Postulantado, que permite valorar la idoneidad y facilitar la adaptación progresiva.
  3. Noviciado, etapa de iniciación más intensa en la oración, la vida comunitaria, la historia del instituto y los consejos evangélicos.
  4. Primera profesión, mediante la cual la religiosa emite los votos por un período determinado.
  5. Profesión perpetua, que consolida la entrega definitiva.
  6. Formación permanente, que acompaña toda la vida y responde a las necesidades espirituales, intelectuales, comunitarias y apostólicas.

En las monjas contemplativas, la formación presta particular atención a la liturgia, la vida interior, la clausura, la tradición monástica, la lectio divina y el trabajo comunitario. En las congregaciones apostólicas, añade la preparación profesional y pastoral necesaria para el ministerio propio.

Gobierno y relación con la Orden de Predicadores

La familia dominicana posee una estructura histórica compleja. La Orden de Predicadores, integrada propiamente por frailes, constituye la Primera Orden. Las monjas contemplativas forman la Segunda Orden. La llamada Tercera Orden incluye formas históricas de penitencia y, en la época contemporánea, fraternidades laicales y otras realidades asociadas.

La relación entre un monasterio de monjas y la Orden puede adoptar modalidades distintas. Algunos monasterios mantienen una vinculación estrecha con los frailes dominicos para la asistencia espiritual, la formación o determinadas funciones jurídicas; otros dependen de la autoridad del obispo diocesano. La historia demuestra que esta cuestión nunca tuvo una única solución universal: numerosos monasterios quedaron incorporados a la Orden, mientras otros permanecieron bajo jurisdicción episcopal.2

Las congregaciones dominicanas apostólicas también presentan diversidad. Algunas pertenecen formalmente a la familia dominicana mediante reconocimiento o agregación; otras conservan una relación espiritual y carismática con la Orden sin depender de ella en el gobierno ordinario. Cada congregación posee sus propias Constituciones, superioras y estructuras de autoridad.

Hábito y símbolos

El hábito dominicano tradicional utiliza los colores blanco y negro. El blanco recuerda la pureza y la consagración; el negro, la penitencia y la sobriedad. El escapulario blanco constituye un signo característico de la tradición dominicana.

La forma del hábito varía según el monasterio, la congregación, la legislación vigente y las adaptaciones aprobadas. Algunas comunidades mantienen el hábito tradicional; otras utilizan una vestimenta religiosa más sencilla, especialmente cuando su misión exige movilidad o presencia en ambientes profesionales.

El hábito no define por sí solo la naturaleza jurídica de una comunidad. Una monja de clausura y una hermana apostólica pueden llevar signos semejantes y, sin embargo, pertenecer a formas de vida diferentes.

Presencia histórica y cultural

Las Hermanas Dominicas han contribuido a la vida de la Iglesia mediante la oración, la educación, la cultura, la atención social y la evangelización. Los monasterios femeninos conservaron tradiciones litúrgicas, manuscritos, prácticas de canto, formas de arte sacro y una intensa producción espiritual.

Las congregaciones apostólicas fundaron escuelas, hospitales, residencias, centros de acogida y obras misioneras. Su presencia resultó especialmente significativa en contextos de pobreza, exclusión, analfabetismo y falta de asistencia sanitaria. La expansión internacional de algunas congregaciones alcanzó Europa, América, África, Asia y Oceanía.

Esta diversidad no rompe la unidad del carisma dominicano. La unidad procede de la referencia a santo Domingo, de la pasión por el Evangelio, de la búsqueda de la verdad, de la vida comunitaria y de la misión recibida de la Iglesia. Las formas concretas -monasterio contemplativo, comunidad apostólica, misión educativa o servicio social- expresan distintas respuestas a una misma llamada fundamental.

Importancia eclesial

La Iglesia reconoce en las Hermanas Dominicas dos testimonios complementarios.

Las monjas de la Segunda Orden recuerdan la primacía de Dios, la necesidad de la adoración y la fecundidad apostólica de la oración. Su clausura manifiesta una dedicación exclusiva al Señor y una intercesión constante por la humanidad. La Santa Sede presenta la vida contemplativa como una manera específica de vivir el misterio pascual de Cristo y como una expresión de la Iglesia orante.5

Las hermanas de congregaciones apostólicas hacen visible la dimensión misionera de la Iglesia en los ámbitos cotidianos de la educación, la salud, la cultura, la pobreza y la evangelización. Su servicio nace de la consagración y debe conservar la unidad entre oración, comunidad y misión.

La expresión Hermanas Dominicas reúne, por tanto, una realidad plural. En sentido estricto, la Segunda Orden está integrada exclusivamente por monjas contemplativas de clausura papal. En sentido amplio, la familia dominicana femenina incluye también numerosas congregaciones apostólicas. La distinción entre ambas no es una cuestión meramente terminológica: afecta a la naturaleza jurídica, a la forma de gobierno, al régimen de clausura y al modo concreto de vivir el apostolado.

Citas y referencias

  1. Servidor de los siervos de Dios a perpetua memoria, Papa Pío XII. Sponsa Christi (21 de noviembre de 1950), 1 (1950).
  2. Orden de Predicadores. Enciclopedia Católica, Orden de Predicadores (1913). 2 3 4 5 6 7
  3. San Domingo. Enciclopedia Católica, San Domingo (1913). 2
  4. Yuji Sugawara. El papel de las constituciones en los institutos de vida consagrada (Can. 587), 2009, número 4, págs. 663-691, 20 (2009). 2
  5. La dimensión contemplativa en la vida religiosa - III. Directrices para institutos específicamente contemplativos, Congregación Sagrada para los Religiosos y los Institutos Seculares. La dimensión contemplativa en la vida religiosa, 26 (1980). 2
  6. La dimensión contemplativa en la vida religiosa - I. Descripción de la dimensión contemplativa, Congregación Sagrada para los Religiosos y los Institutos Seculares. La dimensión contemplativa en la vida religiosa, 1 (1980).
  7. El claustro, Papa Francisco. Vultum Dei quaerere, 31 (2016).
  8. Sor María de los Ángeles, O.P. Viñedos y paisajes: Lectio Divina en una época secular, 7 (2013).
  9. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 8, julio 1919, 14 (1919).
  10. Monjas. Enciclopedia Católica, Monjas (1913).
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