Naturaleza contemplativa
La Segunda Orden Dominicana está formada exclusivamente por monjas contemplativas, reunidas en monasterios y llamadas a vivir la clausura papal. No constituye una congregación de religiosas dedicadas ordinariamente a ministerios externos, sino una forma específica de vida consagrada contemplativa dentro de la familia dominicana.
La monja dominica profesa los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, participa en la liturgia comunitaria, celebra el Oficio divino, cultiva la oración personal y comunitaria, practica el silencio y realiza trabajos compatibles con la vida monástica. La tradición histórica de las monjas dominicas incluye la recitación coral de las Horas canónicas, el trabajo manual y una disciplina ascética semejante, en sus elementos fundamentales, a la de los frailes predicadores.
La finalidad de esta vida no consiste en preparar una actividad apostólica exterior. La propia existencia contemplativa constituye la misión recibida por la Iglesia. Un documento de la Santa Sede define la vida contemplativa como el apostolado primario y fundamental de los institutos específicamente contemplativos, porque manifiesta a la Iglesia como comunidad orante y ofrece la propia vida por la gloria de Dios y la salvación del mundo.
En este contexto, la palabra apostolado no significa necesariamente predicación pública, enseñanza escolar, asistencia sanitaria o trabajo social. En las monjas de clausura, el apostolado propio comprende:
- La adoración y la alabanza litúrgica.
- La intercesión por la Iglesia, el mundo y las necesidades de la humanidad.
- La celebración comunitaria de la Eucaristía y del Oficio divino.
- La escucha orante de la Sagrada Escritura.
- La penitencia y la entrega de la propia vida a Dios.
- La acogida espiritual compatible con la clausura y con las Constituciones.
La contemplación no equivale a pasividad. Constituye una forma de participación real en la misión de la Iglesia, aunque no adopte principalmente la forma de una actividad exterior. La dimensión contemplativa integra la escucha de la Palabra, la participación sacramental, la oración litúrgica y personal, la búsqueda de la voluntad de Dios y la entrega por el Reino.
Clausura papal
La clausura papal expresa la separación propia de las comunidades contemplativas. No representa un simple aislamiento físico, sino un signo de la entrega exclusiva de la Iglesia, esposa de Cristo, a su Señor. La normativa eclesial distingue la clausura papal de otras formas de clausura y establece que excluye el ministerio externo.
La clausura regula:
- La salida de las monjas del monasterio.
- La entrada de personas ajenas a la comunidad.
- La organización de los locutorios y espacios de encuentro.
- Las dispensas y excepciones previstas por el derecho.
- La relación entre la comunidad y las necesidades pastorales o familiares extraordinarias.
Las normas concretas no proceden únicamente de una costumbre local. La Iglesia las determina mediante el derecho universal, las disposiciones de la Santa Sede y las Constituciones propias del monasterio o de la federación correspondiente.
Vida litúrgica, estudio y trabajo
La liturgia ocupa el centro de la jornada monástica. La celebración eucarística, el Oficio divino y la oración comunitaria estructuran el tiempo y orientan todas las demás actividades. La tradición dominicana vincula estrechamente contemplación, estudio y transmisión de la verdad. En el caso de las monjas, el estudio no persigue normalmente una actividad docente exterior, sino la profundización en la fe y la preparación interior para recibir y meditar la Palabra de Dios.
La lectio divina-lectura orante de la Sagrada Escritura- ocupa un lugar destacado en la espiritualidad dominicana. La tradición de las monjas contempla su vida como una recepción continua de la Palabra: escucharla, meditarla, responder a ella y permitir que transforme la existencia.
El trabajo manual contribuye al sostenimiento de la comunidad, favorece la disciplina cotidiana y expresa la dignidad cristiana del trabajo. Las formas concretas varían según la época y el monasterio: elaboración de productos, confección, encuadernación, artesanía, acogida limitada, producción editorial u otras tareas compatibles con la clausura.
Gobierno del monasterio
Cada monasterio cuenta con una estructura de gobierno propia. La autoridad principal corresponde ordinariamente a una priora, elegida conforme al derecho de la Iglesia y a las Constituciones. La priora recibe la asistencia de otros cargos comunitarios, entre ellos la subpriora y la maestra de novicias.
La comunidad monástica posee una personalidad y una organización propias. Según su situación jurídica, puede mantener una relación más estrecha con la Orden de Predicadores, depender del obispo diocesano o participar en estructuras de comunión, como federaciones de monasterios. La vinculación con la Orden no elimina necesariamente la autonomía interna del monasterio.