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Hermanas Maristas

Las Hermanas Maristas, cuyo nombre oficial es Congregación de María, Hermanas Maristas (S.M.), forman un instituto religioso femenino de vida apostólica y de derecho pontificio. Constituyen la rama femenina de la Sociedad de María, el proyecto nacido en Lyon en 1816 para fundar una familia religiosa consagrada a la Virgen. Su origen se remonta a la colaboración entre la fundadora Jeanne-Marie Chavoin, conocida en religión como madre San José, y el sacerdote Jean-Claude Colin. Su misión consiste en ser una presencia de María, activa y discreta, en medio del mundo, mediante la oración, la educación, el cuidado de los enfermos y la atención a los pobres.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreHermanas Maristas
CategoríaCongregación
Nombre CompletoCongregación de María, Hermanas Maristas
Fecha de Fundación8 de septiembre de 1823
Lugar de Fundación
  • Cerdon
  • Cerdon y Belley, Francia
Referencias
Autoridad EclesialAlexandre Devie
CarismaSer una presencia de María activa y discreta mediante la oración, la educación y el cuidado de los pobres
Escritos RelacionadosConstituciones de las Hermanas Maristas
EspiritualidadMariana, inspirada en la vida oculta de Nazaret
Fecha de Aprobación29 de octubre de 1884
Fundador
PaísFrancia
Personas RelacionadasMarcelino Champagnat, Jean-Claude Courveille, Marie Jotillon, Marie Gardet, Françoise Chanel
SiglasS.M.
TemaSociedad de María, Hermanos Maristas de la Enseñanza, Hermanas Misioneras de la Sociedad de María
TipoInstituto religioso femenino de vida apostólica y de derecho pontificio
UbicaciónRoma
VirtudesHumildad, servicio, oración, sacrificio, gratitud, paz y sencillez

Tabla de contenido

Nombre y denominación

El adjetivo marista deriva del nombre de María. La Sociedad de María recibió este nombre porque sus fundadores quisieron poner toda la obra bajo el patrocinio de la Madre de Dios, a quien consideraban inspiradora y protectora del proyecto. Los miembros de la familia religiosa se llamaron desde entonces maristas.

El nombre Hermanas Maristas designa en sentido estricto a la congregación fundada en Cerdon y en Belley, en el este de Francia. Conviene distinguirla de otros institutos que comparten el mismo origen espiritual, pero tienen identidad jurídica propia: los Hermanos Maristas de la Enseñanza, fundados por san Marcelino Champagnat, y las Hermanas Misioneras de la Sociedad de María, nacidas de la labor de las mujeres que acompañaron las misiones de Oceanía.1

Orígenes: el proyecto marista

La promesa de Fourvière

El 23 de julio de 1816, un grupo de jóvenes seminaristas de la diócesis de Lyon subió al santuario de Nuestra Señora de Fourvière. Cinco de ellos habían sido ordenados sacerdotes el día anterior. Durante la misa, celebrada por Jean-Claude Courveille, firmaron un acta de compromiso que colocaron bajo el corporal del altar y prometieron fundar cuanto antes la Sociedad de María.2

Entre los participantes se encontraban Jean-Claude Colin, que con el tiempo sería reconocido como fundador de la Sociedad de María, y Marcelino Champagnat, que poco después comenzó la rama de los Hermanos.2

Una familia con varias ramas

El proyecto marista nació con una estructura amplia. Los fundadores imaginaron una sola familia espiritual con distintas ramas: sacerdotes, hermanos, hermanas y laicos. Cada una conservaría su vocación propia, pero todas compartirían una misma inspiración: vivir y trabajar «a la manera de María» en la Iglesia.3

La rama femenina nació cuando Colin y su hermano Pierre, párroco de Cerdon, invitaron a unirse al proyecto a una joven de Coutouvre cuya reputación de fe y prudencia había llegado a sus oídos: Jeanne-Marie Chavoin.4

Jeanne-Marie Chavoin, fundadora

Infancia y juventud en Coutouvre

Jeanne-Marie Chavoin nació en 1786 en Coutouvre, una aldea de la diócesis de Lyon. Era la primogénita de Théodore Chavoin, sastre muy conocido en el pueblo, y de Jeanne Vercherès. Creció durante la Revolución francesa, sin escuela en el lugar, y recibió una formación sencilla, pero desarrolló un carácter práctico, abierto y lleno de sentido común.5

Desde muy joven se sintió atraída por una vida de oración recogida. Hacia 1806 ingresó en la Asociación del Amor Divino, fundada por el seminarista Jean-Philibert Lefranc para fomentar la oración y las obras de caridad realizadas con discreción. En 1807, durante un retiro en la cartuja de Lyon, Lefranc le comunicó su convicción de que Dios la destinaba a una congregación que todavía no existía.4

Chavoin rechazó varias invitaciones a ingresar en comunidades ya establecidas. Buscaba una forma de vida inspirada en Nazaret y no en el modelo monástico. Esa búsqueda marcaría para siempre el carácter de la congregación.5

La llamada a Cerdon

En 1817, con treinta y un años, Chavoin aceptó la invitación de Pierre Colin y viajó a Cerdon, en el departamento de Ain, acompañada de su amiga Marie Jotillon. Ambas dejaron familia y hogar para iniciar la rama femenina de la Sociedad de María, sin conocer todavía la forma concreta que tomaría su vida.4

Los años siguientes fueron de espera. La aprobación del proyecto tardó en llegar, y Chavoin sirvió durante ese tiempo en el presbiterio de los hermanos Colin y colaboró con ellos, mientras maduraba la vocación que había recibido.4

Fundación de la congregación

Cerdon (1823-1825)

El 8 de septiembre de 1823, con la autorización del obispo de Belley, Alexandre Devie, nació oficialmente la primera comunidad en Cerdon. Chavoin, Marie Jotillon y Marie Gardet vivieron al principio en condiciones muy pobres, en habitaciones situadas sobre un establo. El 1 de junio de 1824 se trasladaron a una casa más amplia.4

El 8 de diciembre de 1824, fiesta de la Inmaculada Concepción, Chavoin y otras ocho jóvenes recibieron el hábito en la iglesia parroquial. La comunidad eligió a Chavoin como superiora, y desde entonces recibió el nombre de madre San José.4,5

Belley y Bon Repos

A finales de junio de 1825, la comunidad se trasladó a pie hasta Belley, a la casa de Bon Repos, que se convirtió en el centro de la vida de las hermanas y hoy sigue siendo el centro histórico de la congregación. Allí funcionó también una escuela para la formación de maestras.4,6

Las primeras profesiones religiosas tuvieron lugar el 6 de septiembre de 1826. En 1829, la comunidad contaba ya con una veintena de hermanas. Entre ellas figuraba Françoise Chanel, hermana de san Pedro Chanel, sacerdote marista martirizado en la isla de Futuna en 1841 y protomártir de Oceanía.4,3

Dos visiones de una misma obra

Colin y Chavoin

El fundador y la fundadora compartían el mismo ideal mariano, pero entendían de manera distinta el estilo de vida de las hermanas. Colin pensaba en una comunidad semiclaustral, que sostuviera con la oración la obra de los sacerdotes. Chavoin, por el contrario, quería una congregación plenamente apostólica, dedicada a llegar a los pobres y a los abandonados de los pueblos de Francia.4,5

Chavoin pidió insistentemente a Colin que redactara la regla de las hermanas. Como la regla no llegaba, escribió ella misma un texto provisional. Esta diferencia de criterios generó con los años tensiones dolorosas entre ambos.4

La renuncia y los últimos años

Hacia 1853, Colin le pidió que presentara su renuncia como superiora general. La madre elegida como sucesora prefería un estilo de vida próximo al de la Visitación. Chavoin aceptó la decisión con humildad y prometió obediencia a su sucesora.4,6

Con casi setenta años, emprendió todavía una última fundación en Jarnosse, cerca de su tierra natal, donde atendió a la población con educación y cuidado pastoral. Murió allí a finales de junio de 1858.6,1

El reconocimiento tardío

Durante mucho tiempo, pocos recordaron que Chavoin había sido la verdadera fundadora de la rama femenina. Una vidriera de la iglesia de Coutouvre, instalada en 1930, honra su memoria. A partir de 1954, las investigaciones sobre sus orígenes devolvieron a la congregación la conciencia de su carisma fundacional propio.5

Expansión de la congregación

La primera fundación fuera de Francia se produjo en 1858, una semana después de la muerte de Chavoin. Cinco hermanas se establecieron en Spitalfields, en el este de Londres.4,6

La difusión posterior siguió el ritmo de las necesidades de cada época:

  • Irlanda, a comienzos de la década de 1870, con la casa de Carrick-on-Shannon.
  • Fiyi, en 1892, primera fundación en Oceanía.
  • Bélgica, desde 1903, como refugio de las hermanas francesas tras las leyes contra las congregaciones religiosas.
  • Australia, en 1908.
  • Nueva Zelanda, en 1927.
  • Canadá, en 1947.
  • Italia y Senegal, en 1950.6

Más tarde llegaron a otros países de América, África, Asia y Oceanía, entre ellos Brasil, México, Venezuela, Estados Unidos, Filipinas y Gambia. En 1971 la congregación contaba con 731 miembros y 73 casas. Hoy las hermanas viven en más de una decena de países de cuatro continentes.3,4

Aprobación de la Iglesia

El 29 de octubre de 1884, la Santa Sede aprobó las Hermanas Maristas como congregación de derecho pontificio. Con esta aprobación, la congregación quedó reconocida como instituto propio para toda la Iglesia, con identidad y gobierno diferenciados de la rama de los Padres Maristas.3,1

El Código de Derecho Canónico establece que un instituto es de derecho pontificio cuando la Sede Apostólica lo erige o lo aprueba mediante decreto formal.7 Este reconocimiento no limita la comunión con los obispos diocesanos, pero garantiza a la congregación una unidad de gobierno y de misión por encima de las fronteras de las diócesis.

Carisma y espiritualidad

María, madre, modelo y primera superiora

El centro de la espiritualidad marista es la figura de María. Las constituciones de las hermanas expresan que seguir a Cristo al estilo de María define la vocación de la congregación, y que María es madre, modelo y primera superiora de todas.8

La congregación ha formulado este ideal con una expresión clásica: las hermanas están llamadas a pensar, sentir, juzgar y obrar como María. Esta fórmula no pretende imitar rasgos externos, sino configurar toda la vida interior con la fe, la disponibilidad y la docilidad al Espíritu que caracterizaron a la Madre del Señor.1

La doctrina de la Iglesia ofrece un fundamento sólido a esta orientación. El Concilio Vaticano II presenta a María como modelo de la Iglesia en la fe, en la caridad y en la unión perfecta con Cristo, y recuerda que la Iglesia, para crecer en santidad, contempla su misterio.9

Una presencia activa y discreta

Las constituciones describen la presencia marista como activa y discreta, a imagen de la de María: siempre cercana, pero sin buscar protagonismo.4

La referencia concreta es la vida oculta de Nazaret. Chavoin entendía que imitar a la Sagrada Familia no significaba encerrarse en casa. Para ella, Nazaret era todo el pueblo, el lugar donde María vivió una vida corriente y practicó el bien. Esta intuición explica el estilo de la congregación: servicio sencillo, trabajo constante y cercanía a la gente.5

Oración y Eucaristía

Chavoin sacaba su fuerza de largas horas de oración ante el Santísimo Sacramento. Esta devoción eucarística, vivida con sencillez, constituye una de las bases de su espiritualidad y de la de sus hijas.4,1

Pobreza, sencillez y amor al trabajo

Sus últimas palabras señalaron a la Sagrada Familia de Nazaret como modelo para las hermanas, especialmente en la pobreza, la sencillez y el amor al trabajo. La congregación asume estas actitudes como rasgos permanentes de su identidad. Entre las virtudes que propone a sus miembros figuran la humildad, el servicio, la oración, el sacrificio, la gratitud, la paz y la sencillez.1

Apostolado de las Hermanas Maristas

Las Hermanas Maristas viven una vida religiosa apostólica, atenta a las necesidades de cada época y de cada lugar. Su actividad ha incluido a lo largo de los años:

  • Educación, en colegios públicos, concertados y privados, y formación de maestras.
  • Cuidado de enfermos y atención sanitaria.
  • Acción social, con comedores para necesitados y acogida de niños huérfanos.
  • Pastoral parroquial, visita a familias y catequesis.
  • Capellanías y dirección de retiros espirituales.
  • Atención a los marginados, como presos, refugiados y personas aisladas.4,1

La inspiración común de estas obras es la compasión que Chavoin sentía por los niños, los enfermos, los ancianos y los pobres. La actividad exterior no agota la misión de las hermanas: las hermanas ancianas o enfermas continúan la misión mediante la oración y la ofrenda de sus sufrimientos.1

El Código de Derecho Canónico confirma este principio para los institutos religiosos dedicados al apostolado: la acción apostólica pertenece a la naturaleza misma del instituto y debe estar animada por el espíritu religioso.10

De la semiclausura a la renovación conciliar

Una etapa de uniformidad

Tras la muerte de la fundadora, la congregación adoptó un modelo más próximo al deseado por Colin. Las hermanas vivieron durante décadas en régimen de semiclausura, con una disciplina minuciosa que regulaba la oración, el horario y el hábito. Las decisiones se concentraban en la superiora general y su consejo. Durante buena parte del siglo XX se construyeron grandes conventos y colegios, y la congregación gestionó orfanatos y centros de acogida.6

La semiclausura limitaba la acción apostólica. Esta dificultad ya había sido señalada desde los primeros tiempos y se hizo más evidente con el crecimiento de las obras.6

El Concilio Vaticano II

El decreto Perfectae caritatis pidió a todos los institutos religiosos una renovación fundada en dos criterios: el retorno constante a las fuentes de la vida cristiana y a la inspiración original de cada instituto, y la adaptación a las nuevas condiciones de los tiempos.11 Esta orientación coincidía con el deseo de recuperar el carisma de Chavoin.

Después del Concilio, las Hermanas Maristas revisaron sus constituciones y redescubrieron su identidad de congregación apostólica al servicio de los pobres. La clausura, que el derecho universal reconoce como elemento que debe adecuarse al carácter y a la misión de cada instituto, dejó de ser un obstáculo para la misión.6,12

El Código de Derecho Canónico formula este principio: todos los institutos deben conservar con fidelidad el espíritu y los propósitos de sus fundadores, así como sus sanas tradiciones.13

Organización y gobierno

La congregación se estructura según el derecho propio y la legislación universal de la Iglesia:

  • La superiora general, con residencia en Roma, vela por toda la congregación y por la fidelidad al carisma de los fundadores.
  • Las superioras regionales ejercen la responsabilidad canónica sobre las hermanas de cada zona.
  • Cada país o sector cuenta con una responsable de sector y varias comunidades locales.1

El Centro Jeanne-Marie Chavoin, en Belley, constituye el lugar de memoria y de estudio de la congregación. Allí las hermanas investigan sus orígenes y renuevan su espíritu.1

Lugares marcados por la historia marista

Cuatro lugares guardan la memoria de la congregación:

  • Coutouvre, cuna de la fundadora, donde se conserva su recuerdo en la iglesia parroquial.
  • Cerdon, escenario de la fundación en 1823 y del primer hábito en 1824.
  • Belley, sede de Bon Repos, primera casa madre y hoy centro histórico.
  • Jarnosse, lugar de su última fundación y de su muerte.4,6

Las Hermanas Maristas en la familia marista

Los Padres Maristas

La Sociedad de María, rama de los sacerdotes, recibió la aprobación pontificia en 1836. Colin fue elegido su primer superior general en Belley el 24 de septiembre de ese año.3,1 Las Hermanas Maristas comparten con ellos el origen común, pero constituyen una congregación independiente.

Los Hermanos Maristas

Marcelino Champagnat comenzó su obra en 1817, dentro del mismo sueño fundador. La Iglesia lo canonizó en 1999. Su instituto es hoy una congregación propia, dedicada a la educación de los jóvenes.3

Las Hermanas Misioneras de la Sociedad de María

Esta congregación nació de las mujeres que, desde mediados del siglo XIX, acompañaron las misiones maristas del Pacífico. La primera fue la francesa Françoise Perroton, que llegó a Oceanía en la década de 1840 y trabajó sola durante doce años. Las misioneras se constituyeron como congregación de derecho pontificio en 1931.1

El laicado marista

Colin concibió desde el principio una rama de laicos. Recibió aprobación canónica en 1850 con el nombre de Tercera Orden de María, y san Pedro Julián Eymard colaboró en su organización. Hoy, las hermanas comparten su carisma con laicos que viven la espiritualidad marista en su propia vocación.1

Fundamento teológico de la vida consagrada femenina

Las Hermanas Maristas viven la vida consagrada, que el Código de Derecho Canónico define como una forma estable de vida en la que los fieles, siguiendo a Cristo bajo la acción del Espíritu Santo, se entregan totalmente a Dios mediante los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia.14

El Concilio Vaticano II enseña que el estado religioso, aunque no pertenece a la estructura jerárquica de la Iglesia, forma parte de su vida y de su santidad.15 San Juan Pablo II, en la exhortación Vita consecrata, valoró especialmente el testimonio de la mujer consagrada, que manifiesta la ternura de Dios hacia la humanidad y contribuye de modo singular a la nueva evangelización.16

Valor espiritual de la congregación

La historia de las Hermanas Maristas muestra el camino de una vocación fiel a su inspiración. Jeanne-Marie Chavoin recibió una intuición que parecía discreta, pero que contenía una forma completa de vida: servir con sencillez, orar ante el Señor y hacer presente a María en el trabajo de cada día.

La congregación ha atravesado períodos de claridad y de oscuridad, de expansión y de uniformidad, y ha redescubierto en el siglo XX la libertad apostólica que su fundadora había deseado. Hoy continúa su misión en países de cuatro continentes, con la educación, la atención a los pobres y la oración como tareas fundamentales.

En la Iglesia, las Hermanas Maristas no son solo un instituto dedicado a obras sociales. Son el testimonio de una espiritualidad mariana encarnada en la vida cotidiana, y viven, a la manera de la Virgen de Nazaret, una santidad que se expresa en el servicio humilde y en la entrega.

Citas y referencias

  1. Glosario marista. Sociedad de María, Hermanas Maristas, Chavoin, Jeanne-Marie, Tercera Orden de María, Hermanas Misioneras de la Sociedad de María. 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Fourvière. Centro Jean-Claude Colin, Promesa del 23 de julio de 1816 (2021). 2
  3. Maristas (Sociedad de María). Gran Enciclopedia Rialp, Maristas (1971). 2 3 4 5 6
  4. Historia temprana de las Hermanas Maristas. Estudios Maristas, Orígenes y primeros años (2017). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17
  5. Jeanne-Marie Chavoin. Congregación de María, Hermanas Maristas, Coutouvre y la fundadora. 2 3 4 5 6
  6. Fundaciones de las Hermanas Maristas. Laicado Marista, Fundaciones y desarrollo. 2 3 4 5 6 7 8 9
  7. Can. 589. Código de Derecho Canónico, 589 (1983).
  8. Constituciones de las Hermanas Maristas, art. 2.
  9. Lumen gentium, nn. 63-65. Concilio Vaticano II, 63-65 (1964).
  10. Can. 675. Código de Derecho Canónico, 675 (1983).
  11. Perfectae caritatis, n. 2. Concilio Vaticano II, 2 (1965).
  12. Can. 667. Código de Derecho Canónico, 667 (1983).
  13. Can. 578. Código de Derecho Canónico, 578 (1983).
  14. Can. 573 1. Código de Derecho Canónico, 573 (1983).
  15. Lumen gentium, n. 44. Concilio Vaticano II, 44 (1964).
  16. Vita consecrata, n. 57. Juan Pablo II, 57 (1996).
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