Las hermandades y cofradías tienen sus raíces en antiguas asociaciones de laicos que buscaban la santificación personal y la realización de obras de caridad1,2. Ya en la Europa de los siglos VIII y IX se mencionan cofradías y gremios, aunque la primera cofradía en el sentido moderno se atribuye a París en el siglo XIII, bajo la advocación de la Santísima Virgen María1. A partir del siglo XIII, con el surgimiento de los «gremios» y corporaciones de oficios, sus miembros se asociaron también en cofradías, desempeñando un papel crucial en la consolidación de la solidaridad y la fraternidad cristiana, la fusión de clases sociales y la realización de obras asistenciales, como hospitales, e incluso obras públicas3.
En España, la fe católica ha tenido un arraigo profundo y una reciedumbre notable en el alma del pueblo, con una herencia multisecular de arte religioso y fervor4. Las cofradías han tenido una influencia significativa en el cuerpo social a lo largo de los siglos, especialmente en regiones como Andalucía, donde han nutrido las raíces culturales y religiosas de la población5,6. El Papa Juan Pablo II, en 1982, destacó la importancia de respetar y cultivar esta religiosidad popular, integrando la acción de las cofradías en la pastoral renovada por el Concilio Vaticano II, purificándolas de cualquier reserva respecto al ministerio sacerdotal y alejándolas de tensiones interesadas o partidistas, para que puedan ser un camino válido hacia la plenitud de la salvación en Cristo5,6.
La práctica de la flagelación, por ejemplo, fue introducida en América Latina durante los siglos XVI y XVII, aunque las sociedades flagelantes organizadas son de tiempos más recientes. En algunas localidades de México, Centroamérica y Sudamérica, estas organizaciones existieron de forma más o menos pública hasta hace poco, y aún persisten en lugares aislados. Los Hermanos Penitentes de Nuevo México y Colorado, por ejemplo, parecen haber surgido del Tercer Orden de San Francisco en el siglo XVII, aunque sus costumbres más «bárbaras» son de origen posterior, reguladas y controladas por la Iglesia a partir del pontificado de León XIII7.
