Marcelino Champagnat nació en Francia en 1789 y fue ordenado sacerdote en 1816. Tras llegar a La Valla, localidad rural de la región de Lyon, comenzó a preocuparse por la falta de formación cristiana y de educación que padecían muchos jóvenes. La atención a un joven moribundo que desconocía aspectos fundamentales de la fe reforzó su convicción de que hacían falta educadores capaces de acercar a los niños y jóvenes a Cristo.
El 2 de enero de 1817, Champagnat acogió a sus dos primeros discípulos y dio comienzo a la comunidad de los Hermanitos de María. La fundación nació en condiciones humildes: Champagnat vivía con los primeros hermanos y los preparaba para su tarea de maestros, catequistas y educadores. Las vocaciones aumentaron y la primera casa pronto quedó pequeña. Champagnat y sus hermanos levantaron entonces una casa mayor, dedicada a María y conocida como Nuestra Señora del Hermitage.
En 1825, Champagnat pudo dejar sus responsabilidades como vicario parroquial y dedicarse plenamente a formar a los hermanos, visitar las escuelas y fundar nuevas obras. El proyecto afrontó dificultades económicas y reservas por parte de algunos miembros del clero, pero también recibió peticiones de autoridades locales que buscaban hermanos para educar a los niños. Champagnat sostuvo la obra mediante la oración, la confianza en Dios y la devoción a María, a quien llamaba «Buena Madre».
Champagnat resumió su espiritualidad en el lema:
Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús.
Este lema expresa una espiritualidad cristocéntrica: María ocupa un lugar destacado como modelo y guía para llegar a Jesús. La formación de los hermanos también tomaba como referencia la humildad de Belén, la vida sencilla y laboriosa de Nazaret y la entrega de Cristo en la cruz. Champagnat deseaba que sus religiosos vivieran como una familia unida por la caridad.
Champagnat murió el 6 de junio de 1840. Para entonces, la congregación atendía 48 escuelas y contaba con centenares de hermanos; las cifras históricas conservadas varían entre algo más de 280 y 310 miembros. La Iglesia lo reconoce como santo, y Juan Pablo II presentó su santidad como uno de los frutos de gracia vinculados a la familia marista.,,