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Hilemorfismo

El hilemorfismo es una doctrina filosófica según la cual los seres corpóreos están constituidos por dos principios: la materia, que puede recibir distintas determinaciones, y la forma, que hace que cada ser sea lo que es. La tradición escolástica, especialmente santo Tomás de Aquino, aplicó esta explicación a la naturaleza y al ser humano: el cuerpo y el alma no forman dos seres yuxtapuestos, sino una única realidad humana. La doctrina también tiene relevancia en la enseñanza católica sobre el alma racional como forma sustancial del cuerpo.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreHilemorfismo
CategoríaTérmino
DescripciónDoctrina filosófica de Aristóteles y la escolástica sobre la materia y la forma como principios de los seres corpóreos. Doctrina filosófica según la cual los seres corpóreos están constituidos por dos principios: la materia y la forma
Doctrinas RelacionadasEscolástica, antropología tomista
EnseñanzasEl alma racional es la forma sustancial del cuerpo humano; cuerpo y alma forman una única realidad.
HistoriaDesarrollado por Aristóteles en su filosofía de la naturaleza y adoptado y elaborado por los pensadores escolásticos medievales.
OrigenFilosofía de la antigua Grecia con Aristóteles.
Personas relacionadasAristóteles
Personas RelacionadasSanto Tomás de Aquino
SignismoExplica la unidad de los seres corpóreos, la sustancia y los cambios sustanciales y accidentales.
TemaMateria, forma, forma sustancial, cambio sustancial, alma racional
Tesis CentralLos seres corpóreos y el ser humano están constituidos por la unión intrínseca de materia y forma.
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Significado y origen del término

La palabra hilemorfismo procede de los términos griegos hýlē-materia- y morphḗ-forma-. Designa la doctrina de que la realidad de los seres corpóreos comprende ambos principios, no como dos objetos independientes, sino como componentes intrínsecos de una misma realidad. Aristóteles desarrolló esta explicación en su filosofía de la naturaleza y la metafísica; los pensadores escolásticos medievales la adoptaron y elaboraron, entre ellos santo Tomás de Aquino.1

En este contexto, materia no significa simplemente la materia cuantificable que estudian las ciencias naturales. Filosóficamente, designa un principio de potencialidad: aquello que puede recibir una determinación y llegar a constituir un ser de cierta clase. La forma, por su parte, no es solo la figura visible de una cosa, sino el principio por el que esa cosa posee una naturaleza determinada y una unidad propia.2,3

Materia y forma

Dos principios de una única realidad

Materia y forma no son dos seres completos que después se unan desde fuera. La materia, por sí sola, no constituye un cuerpo concreto con una naturaleza determinada; la forma tampoco es, en los seres corpóreos, el individuo completo. Juntas constituyen un ser. La forma actualiza la potencialidad de la materia y funda la unidad del compuesto: hace que sus componentes pertenezcan a un mismo ser y no sean solo una suma de elementos.3,4

Una comparación sencilla permite ilustrar la diferencia. La madera puede llegar a ser mesa, silla o leña; cada posibilidad exige una disposición determinada. Sin embargo, la forma sustancial no equivale a la forma geométrica de una mesa: designa aquello por lo que una realidad es una sustancia de una clase concreta, y no solo un conjunto de piezas con cierto aspecto. La forma da actualidad y determinación a la materia.3

La composición hilemórfica implica una dualidad de principios, pero no un dualismo de sustancias independientes. Materia y forma se distinguen conceptualmente y cumplen funciones distintas, pero componen una sola realidad corpórea. Por ello, el hilemorfismo rechaza tanto la reducción del ser a una mera acumulación de componentes materiales como la idea de que el cuerpo sea un envoltorio ajeno a la identidad del ser vivo.4,5

Forma sustancial y forma accidental

La tradición escolástica distingue entre forma sustancial y forma accidental. La forma sustancial constituye una sustancia como el tipo de ser que es; la forma accidental determina una sustancia que ya existe de cierta manera, sin convertirla por ello en otra sustancia. Esta distinción permite explicar la diferencia entre un cambio en las propiedades de un ser y un cambio que afecta a su realidad sustancial.6,5

Por ejemplo, cuando un objeto conserva su identidad mientras cambia de aspecto, el cambio puede entenderse como accidental. En cambio, cuando deja de existir como el ser que era, la tradición aristotélico-tomista habla de cambio sustancial. El hilemorfismo interpreta estos cambios mediante la relación entre lo que puede recibir una determinación y el principio que hace actual al ser determinado.5

Unidad, actividad y finalidad

La forma no solo explica qué es una cosa; también fundamenta las capacidades y actividades que corresponden a su naturaleza. En la explicación escolástica de la naturaleza, las potencias de los seres proceden de lo que son y se orientan a operaciones propias. La Enciclopedia Católica de 1913 resumía esta concepción afirmando que las sustancias corpóreas tienen unidad esencial, capacidades activas y pasivas vinculadas a su naturaleza y tendencias hacia fines propios.1

La finalidad natural, dentro de este marco, no significa necesariamente que un ser delibere o elija sus objetivos. Significa que sus capacidades tienden a ciertas operaciones o resultados propios de su naturaleza. Esta lectura filosófica de la naturaleza forma parte del desarrollo escolástico del hilemorfismo.1

El hilemorfismo en la tradición filosófica católica

El hilemorfismo nació en la filosofía de Aristóteles y adquirió un lugar destacado en la escolástica medieval. La tradición incorporó la distinción entre materia y forma a su explicación de los seres naturales y la empleó también en la reflexión teológica. La recepción medieval de Aristóteles, favorecida por nuevas traducciones, impulsó la recuperación y el estudio sistemático de esta doctrina.1

Santo Tomás de Aquino desarrolló una versión propia de la teoría aristotélica. En su antropología, el alma racional no es una sustancia completa que habite un cuerpo como un piloto en una nave: es la forma sustancial del cuerpo humano. El compuesto de cuerpo y alma constituye al ser humano, que no es simplemente un alma ni un agregado de partes materiales.2,7

La tradición escolástica no sostiene que todos los seres tengan materia y forma del mismo modo. La formulación recogida por la Enciclopedia Católica excluye a Dios y a los ángeles de la composición hilemórfica propia de los seres corpóreos. El hilemorfismo se ocupa, por tanto, especialmente de las realidades materiales y vivas.3,1

El ser humano como unidad de cuerpo y alma

El alma como forma del cuerpo

En la doctrina tomista, el alma humana es el principio vital y la forma sustancial del cuerpo. No se limita a organizar desde fuera un cuerpo que ya sería plenamente humano por sí mismo: el cuerpo humano y el alma constituyen conjuntamente una sola naturaleza humana. El alma da unidad al viviente y hace posible que sus órganos y capacidades pertenezcan a un mismo organismo.7,2

Esta explicación evita dos reducciones opuestas. Por un lado, evita tratar a la persona como una suma de materia o de procesos físicos; por otro, impide entender el alma como si la vida corporal fuese irrelevante para la persona. En el hilemorfismo, el cuerpo pertenece a la realidad humana, y el alma es el principio por el que el cuerpo vive y forma con ella un único ser.7,5

Capacidades sensibles e intelectuales

El alma humana es principio de las actividades vitales del ser humano. La tradición tomista comprende dentro de esta unidad tanto las capacidades sensibles como las intelectuales: percepción y afectividad, por una parte, y pensamiento racional y elección libre, por otra. La diversidad de capacidades no convierte al ser humano en varios seres; todas corresponden al mismo sujeto humano.7

La filosofía tomista sostiene que el pensamiento abstracto y la elección libre no se reducen por completo a operaciones materiales, y relaciona esa irreductibilidad con la espiritualidad del alma racional. Esta tesis pertenece a una argumentación filosófica sobre la naturaleza humana; no equivale a negar que la vida intelectual esté vinculada a la existencia corporal.2

Enseñanza católica sobre el alma racional

El Concilio de Vienne definió que el alma racional o intelectiva es, por sí misma y esencialmente, la forma del cuerpo humano. La doctrina católica, por tanto, no presenta la unión de alma y cuerpo como una asociación accidental: la forma sustancial del cuerpo humano es el alma racional.6

La afirmación de que el alma es forma del cuerpo no significa que el alma sea material ni que quede reducida a las funciones orgánicas. Expresa la unidad del ser humano: el alma constituye con el cuerpo una sola realidad humana, y el cuerpo recibe del alma su actualidad como cuerpo vivo de un ser humano.7,2

Hilemorfismo y ciencias naturales

El vocabulario hilemórfico y el de las ciencias naturales no coinciden exactamente. La ciencia suele estudiar componentes cuantificables, interacciones y procesos observables; la materia filosófica, en cambio, designa un principio de potencialidad, y la forma, el principio de determinación y unidad. Por ello, no conviene identificar sin más la forma sustancial con una estructura física concreta ni la materia filosófica con una clase particular de partículas.2,8

Algunos autores han propuesto que los estudios de sistemas biológicos, que investigan la organización y estabilidad de los organismos, pueden dialogar con la noción de forma. Esa aproximación no convierte una teoría científica específica en demostración del hilemorfismo: busca mostrar que la organización de un viviente y su continuidad a través de cambios materiales plantean cuestiones que no se agotan en enumerar sus componentes.8,4

La relación entre ciencia contemporánea e hilemorfismo requiere, por tanto, precisión conceptual. Las ciencias naturales pueden describir mecanismos materiales y sus interacciones; la interpretación hilemórfica pregunta además qué hace que un organismo constituya una unidad viva y posea las capacidades propias de su naturaleza. Ambos discursos no emplean necesariamente los mismos términos ni responden a la misma pregunta.4,8

Importancia filosófica y teológica

El hilemorfismo ofrece un marco para pensar la unidad de los seres corpóreos, la diferencia entre cambios sustanciales y accidentales y la relación entre las capacidades de un viviente y su naturaleza. En antropología filosófica, su aportación central consiste en comprender al ser humano como una única realidad de cuerpo y alma, no como dos sustancias completas unidas de manera externa.5,7

En la tradición católica, su aplicación al ser humano resulta especialmente significativa porque expresa la unidad corporal y espiritual de la persona y concuerda con la doctrina del alma racional como forma sustancial del cuerpo. Así, el cuerpo no es un añadido prescindible a la identidad personal, ni el alma una parte aislada que simplemente utiliza un organismo: cuerpo y alma constituyen conjuntamente al ser humano.6,7

Citas y referencias

  1. Cosmología, Enciclopedia Católica, Cosmología (1913). 2 3 4 5
  2. El ser humano como un compuesto de materia y forma (cuerpo y alma), Paul Gondreau. La «conexión inseparable» entre la procreación y el amor unitivo (Humanae Vitae, 12) y la antropología hilemórfica tomista, 6 (2008). 2 3 4 5 6
  3. La unión de materia y forma, Paul Gondreau. La «conexión inseparable» entre la procreación y el amor unitivo (Humanae Vitae, 12) y la antropología hilemórfica tomista, 2 (2008). 2 3 4
  4. La ciencia moderna y el hilemorfismo aristotélico, Paul Gondreau. La «conexión inseparable» entre la procreación y el amor unitivo (Humanae Vitae, 12) y la antropología hilemórfica tomista, 3 (2008). 2 3 4
  5. Hilemorfismo, Michael J. Dodds, O.P. La realidad del alma en una era de neurociencia, 11 (2019). 2 3 4 5
  6. Causa, Enciclopedia Católica, Causa (1913). 2 3
  7. Paul Gondreau. La «conexión inseparable» entre la procreación y el amor unitivo (Humanae Vitae, 12) y la antropología hilemórfica tomista, 7 (2008). 2 3 4 5 6 7
  8. Paul Gondreau. La «conexión inseparable» entre la procreación y el amor unitivo (Humanae Vitae, 12) y la antropología hilemórfica tomista, 5 (2008). 2 3
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