Contexto medieval
El himno aparece por primera vez en los libros de antífonas de la Congregación Sagrada para el Culto Divino, donde se registra el texto completo de la antífona 202 del Oficio de Corpus Cristi1. Su origen se sitúa en la tradición cisterciense del siglo XIII, aunque la autoría exacta permanece incierta; la obra fue adoptada oficialmente por la Iglesia como parte del oficio de la fiesta del Corpus Cristi.
Desarrollo litúrgico
Durante el Triduo Pascual, la antífona adquiere especial significado en el Jueves Santo, cuando la Iglesia recuerda la institución de la Eucaristía en la Última Cena. En una carta a los sacerdotes, San Juan Pablo II señala que «las palabras del himno toman un significado especial» en ese día, al conectar la ofrenda del Cuerpo de Cristo con el sacrificio pascual2. Desde entonces, la antífona se ha mantenido como parte esencial de la liturgia del Jueves Santo, del Viernes Santo y de la Misa del Corpus Cristi.
