El pasaje describe un movimiento de descenso y otro de ascenso: Cristo se humilla voluntariamente y Dios lo exalta. Una división habitual organiza el himno en tres momentos: la condición de Cristo antes de su abajamiento, su obediencia hasta la muerte y la exaltación que culmina en la confesión universal de su señorío.,
La condición divina y el despojo
Los versículos 6-7 presentan a Cristo «en forma de Dios», pero no aferrado a la igualdad con Dios como a un privilegio para su propio beneficio. En lugar de imponerse, toma condición de siervo y entra en la existencia humana. El himno contrapone así la grandeza de Cristo a la forma humilde en que realiza su misión.,
La expresión «forma de Dios» ha recibido distintas explicaciones exegéticas. Una interpretación extendida la relaciona con la preexistencia de Cristo y su condición divina; otros estudios han propuesto matices diferentes sobre el alcance de la expresión y sobre el modo en que el himno describe el comienzo de su vida humana. El pasaje presenta con claridad la humillación y la exaltación de Cristo, aunque sus términos no funcionan necesariamente como definiciones técnicas de cada cuestión cristológica.,
La obediencia hasta la cruz
En los versículos 7-8, el despojo de Cristo toma forma de servicio, semejanza humana y obediencia. Su abajamiento llega hasta la muerte y, de manera explícita, hasta la muerte en cruz, una muerte infamante. El himno no describe una renuncia a la misión, sino la entrega con que Jesús la cumple.,
La cruz ocupa el punto más bajo de este movimiento descendente. En la lectura cristiana, la humildad de Cristo no consiste en buscar el sufrimiento por sí mismo, sino en obedecer y entregarse por amor, incluso cuando esa fidelidad lo conduce a la muerte. San Juan Pablo II relacionó esta escena con la solidaridad de Cristo con la humanidad sufriente y rechazada.
La exaltación y el señorío universal
Los versículos 9-11 presentan la respuesta de Dios Padre: exalta a Cristo y le concede el nombre sobre todo nombre. Ante Jesús se dobla toda rodilla -en el cielo, en la tierra y bajo la tierra-, y toda lengua proclama que Jesucristo es Señor. La conclusión dirige la gloria al Padre: el señorío de Cristo no compite con Dios, sino que conduce a su gloria.,
El contraste entre humillación y exaltación constituye el eje del himno. Cristo no se encumbra a sí mismo: Dios lo exalta después de su obediencia. La aclamación final expresa la fe en su señorío sobre toda la creación.,