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Himno Exultet

El Exultet, denominado oficialmente Pregón pascual o Praeconium paschale, es la solemne proclamación cantada durante la Vigilia pascual del Sábado Santo. El diácono anuncia la alegría de la Pascua, alaba la luz del cirio pascual y proclama la victoria de Cristo sobre la muerte. Aunque la tradición lo llama con frecuencia «himno», su naturaleza litúrgica pertenece más propiamente al género del pregón, con un estilo recitativo y declamatorio destinado a proclamar ante la asamblea el misterio pascual.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreHimno Exultet
CategoríaMúsica
DescripciónCanto litúrgico recitativo realizado por el diácono para proclamar el misterio pascual sobre el cirio. Proclamación cantada durante la Vigilia pascual que anuncia la alegría de la Pascua y la victoria de Cristo
Autoridad EclesiásticaMisal Romano
Contexto HistóricoTradición de la Iglesia romana con orígenes en el siglo IV y difusión bajo el papa Zósimo (siglo V).
FestividadVigilia Pascual (Sábado Santo)
Lugar de OrigenRoma
TemaVictoria de Cristo sobre la muerte, luz pascual, alegría de los ángeles y la creación.
TipoMúsica sacra, Pregón pascual, Canto recitativo solemne, V
Uso LitúrgicoSe canta después de la procesión del cirio en la primera parte de la Vigilia Pascual, antes de las lecturas.

Tabla de contenido

Denominación y naturaleza litúrgica

La palabra Exultet procede de la primera palabra de la versión latina del pregón: Exsultet iam angelica turba caelorum, que puede traducirse como «Alégrese ya la muchedumbre de los ángeles del cielo». La expresión designa tanto el texto litúrgico como su canto y, por extensión, el conjunto de la ceremonia vinculada al cirio pascual.

El Misal Romano llama al texto Praeconium, es decir, «pregón» o «proclamación pública». La fórmula con la que el sacerdote bendice al diácono antes del canto pide que anuncie digna y competentemente el pregón pascual. Esta denominación resulta teológicamente significativa: el diácono no interpreta una composición lírica destinada ante todo a la meditación privada, sino que proclama solemnemente ante la Iglesia reunida la victoria de Cristo resucitado.1

El Exultet posee, por tanto, una doble dimensión:

  • Proclamación, porque anuncia el misterio central de la fe cristiana.
  • Alabanza, porque invita al cielo, a la Iglesia y a toda la creación a alegrarse por la Pascua.

La tradición musical del texto responde a esta naturaleza. El canto alterna fórmulas solemnes, recitación sobre una nota predominante y ascensos melódicos en los pasajes de mayor intensidad. La música sirve a la inteligibilidad y al carácter público del anuncio. El resultado no corresponde exactamente a la estructura de un himno estrófico con estribillo, sino a una declamación litúrgica prolongada, adornada con fórmulas melódicas.

Lugar dentro de la Vigilia pascual

El Exultet ocupa un lugar central en la primera parte de la Vigilia pascual, llamada liturgia de la luz. La celebración comienza normalmente fuera de la iglesia, donde el fuego nuevo recibe una bendición. Desde ese fuego, el cirio pascual toma su llama y entra en el templo en procesión.

Durante la procesión, el diácono eleva el cirio y canta tres veces:

«Luz de Cristo».

La asamblea responde:

«Demos gracias a Dios».

La proclamación aparece después de esta entrada procesional. El cirio queda colocado en un soporte apropiado, junto al ambón o en otro lugar visible del presbiterio. El diácono solicita entonces la bendición del sacerdote y recibe la misión litúrgica de anunciar el pregón pascual. A continuación inciensa el libro y el cirio, y canta el Exultet mientras la asamblea permanece en pie con las velas encendidas.2,2

La bendición del fuego y el pregón pascual

La bendición del fuego nuevo y la proclamación del Exultet son momentos distintos, aunque ambos pertenecen a la liturgia de la luz.

La bendición del fuego tiene lugar al comienzo de la Vigilia. El sacerdote pide a Dios que bendiga el fuego y que la luz de Cristo ilumine las tinieblas del corazón y de la vida de los fieles. El fuego representa la novedad de la Pascua y sirve como origen de la llama que encenderá el cirio.

El Exultet llega después, cuando la comunidad ya ha entrado en la iglesia siguiendo la luz del cirio. Su función no consiste en bendecir nuevamente el fuego, sino en proclamar el significado salvífico de la luz pascual. El diácono alaba a Dios, invita al cielo y a la tierra a participar en la alegría pascual y explica simbólicamente el misterio que el cirio representa.

La confusión entre ambos momentos procede de la estrecha relación ritual que existe entre el fuego nuevo, el cirio y el pregón. Sin embargo, la distinción litúrgica permanece clara:

  1. Bendición del fuego nuevo: petición ritual para que Dios bendiga el fuego y la luz pascual.
  2. Procesión del cirio: manifestación de Cristo como luz que entra en las tinieblas.
  3. Canto del «Luz de Cristo»: aclamación repetida durante la entrada procesional.
  4. Exultet: proclamación solemne del misterio pascual ante la asamblea.

El Misal sitúa explícitamente el canto del Exultet después de la procesión, de la colocación del cirio y de la bendición del diácono.2,2,2

El cirio pascual

El cirio pascual constituye el centro visual y simbólico del Exultet. Su tamaño excepcional y su colocación en un candelero propio expresan la importancia de la luz de Cristo dentro del año litúrgico. La tradición relaciona el cirio con la presencia victoriosa del Resucitado, cuya luz vence la oscuridad del pecado y de la muerte.

Antes o durante el desarrollo del pregón, el cirio recibe varios signos rituales. La tradición romana antigua vinculó el canto con la inserción de cinco granos de incienso en la cera y con el encendido del cirio a partir del fuego nuevo. Los cinco granos evocan las llagas gloriosas de Cristo crucificado, mientras que la llama manifiesta su resurrección y su vida imperecedera.3

El cirio acompaña también otros momentos de la Vigilia. Durante la bendición de la fuente bautismal, la tradición litúrgica relaciona el cirio con el agua y con la acción vivificante del Espíritu Santo. La inmersión ritual del cirio en el agua, conservada en formas antiguas de la celebración, expresa la unión entre la Pascua de Cristo y el Bautismo cristiano.3

Durante el tiempo pascual, el cirio permanece en un lugar destacado del presbiterio. Su llama acompaña las celebraciones dominicales y recuerda que la Iglesia vive de la luz recibida de Cristo resucitado. La antigua práctica mantenía el cirio encendido durante la misa solemne y las vísperas de los domingos hasta su retirada después de la Ascensión.3

Estructura y contenido del Exultet

El texto presenta una composición amplia y cuidadosamente ordenada. Su desarrollo puede resumirse en varios movimientos literarios y teológicos.

Invitación a la alegría celestial

El pregón comienza convocando a los ángeles, a los misterios divinos y a toda la creación a participar en la alegría de la victoria pascual. La celebración terrena aparece unida a la liturgia celeste: la Iglesia no celebra la Pascua como un acontecimiento aislado de la historia humana, sino como una victoria que afecta al cielo, a la tierra y a toda la creación.

La apertura posee un tono solemne y expansivo. El verbo «alegrarse» aparece dirigido a múltiples sujetos: los ángeles, la tierra, la Iglesia y la asamblea cristiana. Esta repetición crea un movimiento ascendente que conduce desde la alegría del cielo hasta la celebración concreta de la comunidad reunida.

La victoria de Cristo

El núcleo del pregón proclama la victoria del Rey supremo y el efecto salvador de la Pasión. La muerte de Cristo no aparece como una derrota definitiva, sino como el camino por el que Dios ha llevado a la humanidad a la redención. La Pascua ilumina retrospectivamente la cruz y permite comprenderla dentro del designio salvador.

El Exultet contempla el misterio cristiano desde una perspectiva unitaria: la Pasión, la muerte y la resurrección forman un único acontecimiento salvífico. La salvación alcanza su máxima concentración en el paso de la muerte a la vida, que constituye el centro del misterio pascual.4

La noche santa

Uno de los rasgos más característicos del Exultet consiste en la exaltación de la noche pascual. La noche deja de representar únicamente oscuridad, peligro o ausencia de luz. En ella acontece el paso liberador de Cristo y comienza una nueva creación.

El texto contempla la noche como el momento en que:

  • Dios reconcilia al hombre consigo.
  • Cristo rompe las ataduras de la muerte.
  • La humanidad pasa de la esclavitud a la libertad.
  • La luz vence definitivamente a las tinieblas.
  • La Iglesia celebra el nacimiento de una vida nueva.

La noche pascual posee así un valor sacramental y cósmico. La liturgia no recuerda simplemente un acontecimiento pasado: introduce a la asamblea en el dinamismo del paso pascual.

La relación entre pecado y redención

El Exultet contiene una de las expresiones más audaces de la poesía litúrgica cristiana al referirse a la felicidad de la culpa que mereció tal Redentor. La frase no elogia el pecado en sí mismo ni considera buena la caída humana. La Iglesia llama «feliz» a la culpa únicamente en relación con la sobreabundancia de la redención realizada por Cristo.

La paradoja expresa una convicción esencial de la fe católica: Dios puede sacar un bien incomparable de una situación de pecado y de muerte sin convertir el pecado en un bien moral. La grandeza de la gracia no elimina la gravedad del pecado, pero manifiesta que la misericordia divina posee una fuerza mayor que la tragedia humana.

La abeja y la cera

El pregón alaba el trabajo de las abejas y la pureza de la cera utilizada para fabricar el cirio. La referencia a la abeja procede de una antigua tradición litúrgica vinculada a la elaboración de la vela pascual. La imagen contempla la cooperación entre la naturaleza y el trabajo humano: la creación proporciona la cera, y la comunidad cristiana la convierte en signo visible de la luz de Cristo.

La alabanza de la abeja también introduce una dimensión simbólica. La tradición cristiana medieval relacionó la pureza, la laboriosidad y la fecundidad de la abeja con la belleza ordenada de la creación. El cirio aparece como una realidad material que, mediante la acción litúrgica, queda orientada a expresar un misterio espiritual.

La existencia de fórmulas antiguas con una «alabanza de la abeja» muestra que el Exultet pertenece a una familia más amplia de proclamaciones pascuales. El Sacramentario Gelasiano, por ejemplo, conservaba una oración distinta, titulada Deus mundi conditor, que incluía también ese motivo. El Exultet actual no fue la única fórmula utilizada históricamente para el pregón de la vela pascual.1

Origen y desarrollo histórico

La tradición del cirio pascual posee una antigüedad considerable. Fuera de Roma, el uso de la vela pascual aparece vinculado desde épocas tempranas a diversas regiones de Italia, la Galia y España, y quizá también al norte de África. La atribución de su introducción en la Iglesia romana al papa Zósimo, a comienzos del siglo V, pertenece a la tradición transmitida por el Liber Pontificalis.1

Diversos testimonios antiguos permiten situar esta práctica en los primeros siglos de la Iglesia. Una carta atribuida a san Jerónimo y dirigida al diácono Presidio de Plasencia alude a la composición de un carmen cerei, es decir, un canto o poema para la vela. La referencia presupone la existencia de una vela pascual destinada a recibir una fórmula solemne de bendición ya en el siglo IV.3

San Agustín también alude a una composición poética en alabanza de la vela. Además, algunos textos de Ennodio presentan semejanzas de contenido y estilo con el Exultet. Estos testimonios muestran que la Iglesia antigua conoció distintas formas de alabanza de la luz pascual antes de que una fórmula concreta alcanzara una difusión más amplia.3

El rito ambrosiano conserva igualmente un pregón pascual de gran antigüedad. Investigaciones históricas han relacionado su formulación con san Ambrosio o con himnos procedentes de su entorno. La existencia de varias tradiciones demuestra que el Exultet romano no surgió de forma aislada, sino dentro de un conjunto de prácticas litúrgicas occidentales dedicadas a la vela pascual.3

El carácter recitativo del canto

El estilo musical del Exultet deriva de su función de praeconium. El cantor debe hacer llegar a toda la asamblea un texto extenso, teológicamente denso y cargado de imágenes. La música, por ello, favorece la claridad de la palabra y la solemnidad del anuncio.

El canto no busca principalmente la expresión subjetiva del intérprete. La voz del diácono actúa como voz pública de la Iglesia que proclama la Pascua. Las fórmulas melódicas ayudan a:

  • Sostener la respiración durante largas frases.
  • Distinguir las partes principales del discurso.
  • Intensificar las invitaciones a la alegría.
  • Facilitar la comprensión de la asamblea.
  • Conferir solemnidad al anuncio.

La declamación cantada sitúa el Exultet en una zona intermedia entre la oración presidencial, la lectura solemne y el canto litúrgico. El diácono proclama, pero proclama cantando; anuncia, pero convierte el anuncio en alabanza.

El diácono y la proclamación

La tradición romana confía ordinariamente el Exultet al diácono, ministro ordenado que proclama el Evangelio y ejerce un servicio específico de anuncio dentro de la liturgia. El sacerdote le concede una bendición antes del pregón, pidiendo que pueda anunciar digna y competentemente la alabanza pascual.

La bendición no constituye una consagración del diácono ni transforma el pregón en un sacramento. Expresa la relación entre el ministro, la Iglesia y el servicio litúrgico que va a desempeñar. El diácono recibe la misión de proclamar ante la comunidad la victoria de Cristo.

Cuando falta un diácono, el sacerdote puede proclamar el Exultet. En caso de necesidad, otro ministro idóneo puede asumir el canto conforme a las normas litúrgicas. El Misal prevé también una forma más breve y contempla adaptaciones cuando la proclamación corresponde a un cantor laico.2

Los rollos de Exultet en el sur de Italia

Los rollos de Exultet constituyen una de las manifestaciones más singulares de la cultura litúrgica medieval del sur de Italia. Estos manuscritos adoptan la forma de largas tiras de pergamino que contienen la música y el texto del pregón pascual, acompañados con frecuencia por miniaturas de gran calidad artística.

El formato del rollo respondía a una necesidad concreta. Durante la proclamación, el diácono podía desenrollar progresivamente el manuscrito para leer o cantar el texto. La disposición de las imágenes tenía en cuenta la posición de los participantes: las ilustraciones podían aparecer orientadas hacia la asamblea, mientras que el texto quedaba dispuesto para el lector. El rollo no era únicamente un libro de uso privado, sino un objeto litúrgico concebido para la acción pública.

La tradición general de los rotuli conserva el recuerdo de manuscritos destinados al canto del Exultet. Los rollos consistían en tiras de pergamino enrolladas alrededor de un soporte, una forma que mantuvo usos litúrgicos específicos incluso después de que el códice encuadernado sustituyera al rollo en la mayoría de los libros.5

El contexto artístico meridional

El sur de Italia medieval, especialmente el ámbito relacionado con los monasterios benedictinos y con centros como Montecasino, desarrolló una importante tradición de iluminación de manuscritos. La escuela artística vinculada a Montecasino ejerció una influencia notable en Italia y más allá de sus fronteras. Entre los testimonios de aquella producción figuran precisamente los volúmenes destinados al canto del Exultet.6

Los rollos meridionales muestran la unión entre liturgia, música, escritura e imagen. Sus miniaturas presentan escenas relacionadas con:

La imagen no funciona como una simple decoración. Las miniaturas traducen visualmente el contenido teológico del pregón y permiten que la asamblea contemple, junto con la voz del diácono, una representación de los misterios anunciados.

El románico del sur de Italia

Los rollos de Exultet ocupan un lugar destacado en el arte románico meridional porque reúnen varios rasgos característicos de aquella cultura:

  • Una concepción simbólica de la naturaleza.
  • La lectura tipológica de la Sagrada Escritura.
  • La integración de tradición latina y sensibilidad bizantina.
  • La importancia de los monasterios como centros de producción artística.
  • La vinculación entre manuscrito iluminado y celebración litúrgica.

La pintura religiosa medieval interpretaba con frecuencia los acontecimientos del Antiguo Testamento como figuras o anticipaciones de los misterios de Cristo. Esa mentalidad simbólica también aparece en los programas iconográficos asociados a los manuscritos litúrgicos. La creación, la luz, el agua, la cera y la resurrección forman una red de correspondencias que convierte el rollo en una síntesis visual de la economía de la salvación.6

El valor artístico de estos rollos supera su función documental. Constituyen testimonios de la paleografía, la notación musical, la miniatura y la historia de la liturgia. También muestran cómo una comunidad medieval comprendía y celebraba la Pascua: no mediante una separación entre doctrina, arte y culto, sino mediante su integración en una única experiencia religiosa.

Simbolismo teológico

Cristo como luz

El cirio representa a Cristo resucitado. Su luz no procede de una idea abstracta ni de una iluminación meramente intelectual. Manifiesta al Señor que ha atravesado la muerte y comunica a la Iglesia la vida nueva de la resurrección.

La procesión con el cirio expresa el paso de las tinieblas a la luz. La llama se transmite progresivamente a las velas de los fieles, de modo que una única fuente ilumina toda la asamblea. La imagen expresa la vocación misionera de la Iglesia: la luz recibida de Cristo pasa de unos a otros sin agotarse.

La Iglesia y la creación

El Exultet invita a alegrarse a la Iglesia, a los ángeles y a la tierra. La Pascua no afecta solamente al individuo, sino también a la comunidad eclesial y al conjunto de la creación. La Iglesia aparece como madre fecunda, iluminada por la luz del Resucitado y reunida en una celebración que abraza cielo y tierra.

El Bautismo

La relación entre el cirio, el agua y la Vigilia vincula estrechamente el Exultet con el Bautismo. La Vigilia pascual constituye el momento privilegiado para la iniciación cristiana porque el bautizado participa sacramentalmente en la muerte y resurrección de Cristo.

La luz del cirio acompaña la profesión de fe de los catecúmenos y la renovación de las promesas bautismales de toda la comunidad. El cristiano renuncia a las obras de las tinieblas y recibe la llamada a vivir como hijo de la luz.

Recepción litúrgica actual

La liturgia romana contemporánea conserva el Exultet como parte esencial de la Vigilia pascual. El rito mantiene su estructura fundamental:

  1. Bendición del fuego nuevo.
  2. Preparación y encendido del cirio.
  3. Procesión hacia la iglesia.
  4. Triple aclamación «Luz de Cristo».
  5. Colocación del cirio.
  6. Bendición del diácono o del ministro.
  7. Incensación del libro y del cirio.
  8. Proclamación solemne del Pregón pascual.

La asamblea participa con las velas encendidas y escucha el anuncio en actitud orante. El silencio, la oscuridad inicial, la procesión y la expansión progresiva de la luz preparan corporalmente a los fieles para recibir el contenido del pregón.

El Exultet no sustituye las lecturas de la Vigilia ni resume de manera exhaustiva toda la liturgia de la Palabra. Actúa como una gran obertura teológica: proclama el sentido de la noche y dispone a la Iglesia para escuchar la historia de la salvación, renovar el Bautismo y participar en la Eucaristía pascual.

Importancia litúrgica y cultural

El Exultet ocupa una posición singular dentro del patrimonio cristiano por la convergencia de varios elementos:

  • Teología, porque proclama la redención realizada por Cristo.
  • Liturgia, porque estructura la entrada solemne en la noche pascual.
  • Música, porque transforma el anuncio en canto recitativo.
  • Poesía, por la riqueza de sus imágenes y paradojas.
  • Arte, especialmente en los rollos iluminados del sur de Italia.
  • Espiritualidad, porque conduce a la asamblea desde la oscuridad hacia la luz.

Su importancia no depende únicamente de su antigüedad. El texto conserva una fuerza litúrgica actual porque sitúa toda la existencia cristiana bajo el signo de la Pascua. El pecado, la muerte, el sufrimiento y la espera quedan interpretados a la luz de la victoria de Cristo.

Conclusión

El Exultet es el gran pregón de la Pascua. La tradición lo llama himno por su carácter laudativo, pero su denominación litúrgica más precisa es praeconium: una proclamación solemne, cantada y pública del misterio pascual. Su estilo recitativo nace de esa función anunciadora.

La bendición del fuego nuevo, la procesión del cirio y el canto del Exultet forman una secuencia coherente, aunque cada momento posee una función propia. El fuego recibe la bendición; el cirio manifiesta la luz de Cristo; el diácono proclama el significado de esa luz. Los rollos de Exultet del sur de Italia añadieron a esta tradición una dimensión artística excepcional y convirtieron el manuscrito litúrgico en una obra representativa del románico meridional.

La Iglesia proclama cada año que la noche santa ha sido iluminada por la resurrección de Cristo: la muerte ha sido vencida, la creación renovada y la humanidad llamada a vivir en la luz pascual.

Citas y referencias

  1. Exultet. Enciclopedia Católica, Exultet (1913). 2 3 4
  2. Tiempo de Pascua: Domingo de Resurrección del Señor - La vigilia pascual en la noche santa, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. El Misal Romano (Traducción al inglés según la Tercera Edición Típica), Tiempo de Pascua (2011). 2 3 4 5 6
  3. Vela pascual. Enciclopedia Católica, Vela Pascual (1913). 2 3 4 5 6
  4. Cristología, J.A. Goenaga. De la noche pascual a los tratados de Teología, 15 (1996).
  5. Rotuli. Enciclopedia Católica, Rotuli (1913).
  6. Pintura religiosa. Enciclopedia Católica, Pintura religiosa (1913). 2
Modificado el 18 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.88Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/26fc4k29h

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