Primeros siglos y traducción al latín
Los estudiosos coinciden en que la forma original del himno es griega y data del siglo III, apareciendo en el Codex Alexandrinus y en los Constituciones Apostólicas como el «hymnus angelicus»1. La traducción latina más antigua se atribuye a San Hilario de Poitiers (d. 366), quien, según la Enciclopedia Católica, habría aprendido el canto durante su exilio en Oriente y lo introdujo en la liturgia occidental1. Esta versión latina conserva la estructura esencial del texto griego, añadiendo expresiones como Tu solus altissimus y cum Sancto Spiritu1.
Uso en la liturgia romana primitiva
El Liber pontificalis registra que el Papa Telesphoro ordenó que, en la Natividad del Señor, se cantara la Gloria antes del sacrificio1. Más tarde, el Papa Symmachus extendió su uso a todos los domingos y a las fiestas de los mártires1. En el Ordo Romanus I se describe la práctica del celebrante que, al terminar el Kyrie, intona «Gloria in excelsis Deo» dirigiéndose al pueblo1; esta costumbre se mantuvo hasta la reforma del Concilio de Trento, cuando la Gloria quedó reservada a los obispos y, en casos excepcionales, a los presbíteros en Pascua1.
Evolución medieval y reforma post‑tridentina
Durante la Edad Media surgieron «farced» o ampliaciones del himno, incorporando tropos y prosa que exaltaban a la Virgen María y a los santos1. La Bula Quo primum de 1570, promulgada por el Papa Pío V, prohibió cualquier adición o alteración del texto oficial, buscando restaurar la forma primitiva1. Desde entonces la Gloria ha conservado el texto aprobado por el Missal Romano y sus posteriores revisiones.
