La enciclopedia católica en español

Himno Gloria in excelsis Deo

El Gloria in excelsis Deo, llamado también Gloria o himno angélico, es uno de los grandes himnos de alabanza de la liturgia romana. La Iglesia lo proclama o canta en la misa los domingos -excepto durante el Adviento y la Cuaresma- y en las solemnidades y fiestas, como expresión de adoración al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Su comienzo procede del anuncio de los ángeles en el nacimiento de Jesucristo.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreHimno Gloria in excelsis Deo
CategoríaMúsica
DescripciónHimno de alabanza trinitaria y doxología central de la Misa romana
AutorAtribuido tradicionalmente a San Hilario de Poitiers
Desarrollo históricoIntroducido en la liturgia romana desde el siglo II; ampliado bajo San Simaco (498-514) y difundido a los presbíteros a fines del siglo VIII
OrigenPrimeros siglos del cristianismo, originalmente oración matutina
TextoGloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor...
TipoMúsica sacra, Himno, Himno de la Misa
Uso LitúrgicoCantado en la Misa los domingos (excepto Adviento y Cuaresma), solemnidades y fiestas

Tabla de contenido

Nombre y naturaleza del himno

La expresión latina Gloria in excelsis Deo significa «Gloria a Dios en el cielo» o, literalmente, «gloria a Dios en las alturas». El título procede de las primeras palabras del himno latino, que traducen el inicio griego inspirado en Lucas 2,14: el cántico de los ángeles ante el nacimiento de Cristo en Belén.3

La tradición cristiana conoce el Gloria como himno angélico porque su primera proclamación pertenece al coro celestial que anuncia la Navidad. Sin embargo, el himno litúrgico actual no reproduce únicamente el versículo evangélico. La Iglesia añadió muy pronto otras fórmulas de alabanza, súplica y confesión de fe, hasta formar una composición doxológica más amplia.3

El Gloria posee un carácter singular dentro de la misa:

  • Es un himno, porque normalmente implica el canto comunitario o coral.
  • Es una doxología, porque glorifica a Dios.
  • Es una oración, porque implora misericordia y acoge la súplica de la Iglesia.
  • Es una confesión trinitaria, porque dirige la alabanza al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
  • Es un canto pascual y festivo, reservado a los días litúrgicos de mayor solemnidad fuera de los tiempos penitenciales.4

Texto litúrgico en español

La traducción litúrgica oficial actualmente empleada en España comienza así:

**Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.**

A continuación, la asamblea proclama:

**Por tu inmensa gloria

te alabamos, te bendecimos,

te adoramos, te glorificamos,

te damos gracias.**

El himno continúa con la invocación al Padre:

**Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso.**

Después confiesa la identidad de Jesucristo:

**Señor, Hijo único, Jesucristo;

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre.**

La asamblea dirige entonces al Cordero de Dios tres peticiones relacionadas con el pecado y la misericordia:

**Tú que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros;

tú que quitas el pecado del mundo,

atiende nuestra súplica;

tú que estás sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros.**

El texto concluye con una solemne confesión de la santidad y soberanía de Cristo:

**Porque solo tú eres Santo,

solo tú, Señor,

solo tú, Altísimo, Jesucristo,

con el Espíritu Santo,

en la gloria de Dios Padre.

Amén.**

La revisión de las traducciones litúrgicas pretende conservar la fidelidad al original latino y, al mismo tiempo, ofrecer una formulación clara y adecuada para la proclamación pública. La Santa Sede ha relacionado esta tarea con la participación consciente y activa de los fieles y con la unidad sustancial del rito romano.5

«Los hombres que ama el Señor»

La primera estrofa plantea una cuestión bíblica y teológica vinculada a la traducción de Lucas 2,14. La fórmula latina tradicional, et in terra pax hominibus bonae voluntatis, puede traducirse literalmente como «y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad». La expresión bonae voluntatis concuerda gramaticalmente con hominibus, no con Deo, y la tradición latina la interpretó durante siglos en ese sentido.6

La traducción litúrgica actual -«paz a los hombres que ama el Señor»- refleja una opción basada en el texto griego crítico del Evangelio. La paz anunciada por los ángeles no constituye únicamente una recompensa para quienes poseen una buena disposición moral; nace ante todo del amor gratuito de Dios, manifestado en la encarnación de su Hijo. La respuesta humana consiste en acoger ese don mediante la fe, la conversión y la caridad.

Estructura teológica

El Gloria presenta una progresión cuidadosamente articulada. Comienza con la gloria divina, pasa a la alabanza de la Iglesia, concentra la atención en Jesucristo como Cordero de Dios y termina con la confesión de la gloria trinitaria.

La doxología inicial: el anuncio angélico

La primera parte recuerda la noche de Belén:

**Gloria a Dios en el cielo,

y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.**

Esta estrofa tiene un carácter kerigmático, es decir, anuncia una intervención salvadora de Dios. Los ángeles no ofrecen una reflexión abstracta sobre Dios: proclaman que, en el nacimiento de Jesús, la gloria celestial irrumpe en la historia humana. El cielo y la tierra aparecen unidos por la venida del Salvador. El papa Francisco describió esta apertura como «un anuncio gozoso del abrazo entre el cielo y la tierra».1

La palabra «gloria» no significa una cualidad que los seres humanos puedan añadir a Dios. Significa reconocer públicamente quién es Dios y manifestar su grandeza. La paz tampoco designa una simple ausencia de conflictos. En el contexto cristiano, expresa la reconciliación que Cristo realiza entre Dios y la humanidad.

La alabanza de la Iglesia

La segunda sección acumula verbos de adoración:

**Te alabamos, te bendecimos,

te adoramos, te glorificamos,

te damos gracias.**

La repetición intensifica la respuesta de la Iglesia al don recibido. La asamblea no pide todavía bienes concretos; ante todo contempla y celebra la gloria de Dios. El himno posee así un carácter de alabanza pura, aunque más adelante incluya peticiones de misericordia.2

La enumeración también expresa las distintas dimensiones de la actitud litúrgica:

  • Alabar significa reconocer las obras y perfecciones de Dios.
  • Bendecir significa proclamar su bondad.
  • Adorar significa rendirle el culto debido como Creador y Señor.
  • Glorificar significa confesar su grandeza.
  • Dar gracias significa recibir toda la realidad como don de Dios.

La confesión del Padre

El himno llama a Dios:

**Señor Dios, Rey celestial,

Dios Padre todopoderoso.**

Estos títulos reúnen dos perspectivas. «Rey celestial» proclama la soberanía de Dios sobre la creación; «Padre» expresa su relación eterna con el Hijo y su paternidad salvadora respecto de los creyentes. La fórmula no presenta a Dios como una fuerza impersonal, sino como el Padre todopoderoso al que la Iglesia se dirige con confianza filial.

La confesión de Jesucristo

El Gloria aplica a Jesús varios títulos cristológicos:

**Señor, Hijo único, Jesucristo;

Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre.**

«Señor» traduce el reconocimiento de la dignidad divina de Cristo. «Hijo único» afirma su relación única y eterna con el Padre. «Jesucristo» une el nombre histórico de Jesús con el título mesiánico de Cristo. «Cordero de Dios» evoca el sacrificio redentor y relaciona a Jesús con el cordero pascual y con la presentación de Cristo como aquel que quita el pecado del mundo.

La doble invocación «Señor Dios» manifiesta que la Iglesia no considera a Jesucristo un mero profeta o maestro religioso. El himno lo incluye en la gloria divina y dirige a él una súplica que corresponde a su condición de Salvador.

Las tres súplicas al Cordero

El Gloria repite tres veces la referencia al pecado del mundo:

**Tú que quitas el pecado del mundo,

ten piedad de nosotros.**

**Tú que quitas el pecado del mundo,

atiende nuestra súplica.**

**Tú que estás sentado a la derecha del Padre,

ten piedad de nosotros.**

Estas invocaciones combinan alabanza y petición. La Iglesia reconoce primero la obra salvadora de Cristo y, después, implora que los frutos de esa obra alcancen a la comunidad reunida. La expresión «sentado a la derecha del Padre» alude a la exaltación pascual de Cristo y a su autoridad como Señor resucitado.

La triple forma no constituye una repetición vacía. Presenta a Cristo como quien perdona el pecado, escucha la oración de la Iglesia y reina junto al Padre. La súplica «ten piedad» no contradice el tono festivo del himno: la alegría cristiana incluye la confianza en la misericordia.

La conclusión trinitaria

El Gloria termina así:

**Porque solo tú eres Santo,

solo tú, Señor,

solo tú, Altísimo, Jesucristo,

con el Espíritu Santo,

en la gloria de Dios Padre.**

La conclusión atribuye a Jesucristo los títulos «Santo», «Señor» y «Altísimo», y lo presenta unido al Espíritu Santo en la gloria del Padre. El movimiento del himno alcanza aquí su culminación: la Iglesia comienza escuchando el anuncio de los ángeles y termina proclamando la gloria de la Trinidad.

Distinción entre las dos grandes partes

La estructura del Gloria permite distinguir dos momentos teológicos relacionados, pero no idénticos.

El anuncio angélico

La primera frase procede del anuncio de los ángeles y tiene forma de proclamación:

Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra.

La Iglesia recibe aquí un mensaje nacido en el cielo. Los ángeles anuncian la iniciativa divina: Dios visita a su pueblo y ofrece la paz mediante el nacimiento del Salvador. La asamblea litúrgica asume ese anuncio y lo convierte en canto.

La oración trinitaria de la Iglesia

Desde «Te alabamos, te bendecimos...» el himno adopta la voz de la Iglesia. La comunidad reunida alaba al Padre, confiesa a Jesucristo y pide misericordia al Hijo. La conclusión incorpora explícitamente al Espíritu Santo y culmina en la gloria del Padre.

La diferencia puede resumirse así:

  • La apertura angélica anuncia la obra de Dios.
  • La parte posterior responde a esa obra mediante la alabanza y la súplica.
  • La primera sección tiene un carácter proclamativo y cristológico.
  • La segunda desarrolla una oración dirigida al Dios trino.

Esta distinción no divide el himno en dos piezas independientes. El anuncio de Belén fundamenta la oración de la Iglesia: porque Dios ha venido al mundo en Jesucristo, la comunidad puede alabarlo, pedir misericordia y confesar la gloria de la Trinidad.

Origen y desarrollo histórico

Antecedentes en la oración cristiana antigua

El Gloria nació dentro de la tradición de los himnos cristianos de alabanza. Una forma griega muy antigua aparece vinculada a la oración matutina. Las Constituciones apostólicas transmiten una versión situada al comienzo de una oración de la mañana, y testimonios antiguos relacionados con el Códice Alejandrino muestran la difusión temprana de fórmulas semejantes. La composición alcanza, al menos, los primeros siglos del cristianismo.3

Conviene distinguir este origen de su uso posterior en la misa. El Gloria no nació inicialmente como un canto propio de la celebración eucarística romana. Su primera función conocida corresponde a la oración matutina cristiana, especialmente a la alabanza de las primeras horas del día. En ese contexto, el himno celebraba la luz de Cristo y la acción salvadora de Dios.

Las Iglesias orientales conservaron formas griegas más extensas, relacionadas con el oficio de la mañana. Esas versiones incorporan más versículos, muchos de ellos procedentes de los salmos, y concluyen con el Trisagio y el Gloria Patri. La tradición oriental y la tradición latina comparten un núcleo antiguo, aunque cada una desarrolló una forma litúrgica propia.3

Traducción y forma latina

La tradición atribuyó a san Hilario de Poitiers la introducción del himno en latín, posiblemente después de su contacto con las Iglesias de Oriente durante el exilio. La atribución forma parte de una tradición antigua, aunque la evolución concreta del texto latino resulta más compleja. La versión latina acabó diferenciándose de la forma griega: conserva un núcleo común, añade «Tú solo eres el Altísimo» y concluye con la referencia al Espíritu Santo.3

La forma latina que pasó a la liturgia romana posee una extensión menor que algunas formas griegas. Su redacción concentra la alabanza al Padre, la confesión de Cristo como Cordero y la conclusión trinitaria.

Incorporación gradual a la misa romana

La incorporación del Gloria a la misa tuvo lugar de manera progresiva. La tradición vinculó al papa Telesforo, en el siglo II, la celebración nocturna de la Navidad y la colocación del himno angélico antes del sacrificio eucarístico. Los testimonios históricos más firmes documentan, sin embargo, una evolución posterior de su uso litúrgico.3

Durante el pontificado de san Símaco, entre los años 498 y 514, el himno amplió su presencia a los domingos y a las celebraciones de los mártires. Al principio, su uso en la liturgia romana estaba reservado al papa o a los obispos. Los presbíteros solo podían proclamarlo en ocasiones excepcionales, particularmente en la Pascua.3

Los antiguos libros y ordines romanos reflejan esta disciplina. El Ordo Romanus I describe al pontífice iniciando el Gloria después del Kyrie cuando la ocasión litúrgica lo permitía, mientras que limitaba el uso sacerdotal ordinario a la celebración pascual.3

A finales del siglo VIII, la práctica había evolucionado. Los presbíteros pudieron emplear el Gloria en las mismas ocasiones en que lo utilizaban los obispos. De este modo, el himno pasó de una utilización restringida en la misa episcopal a convertirse en un elemento habitual de la misa solemne romana.2

De himno episcopal a canto de toda la Iglesia

La historia del Gloria muestra una expansión litúrgica gradual:

  • Primero formó parte de la oración matutina.
  • Después entró en la misa de Navidad.
  • Más tarde apareció en los domingos y fiestas de mártires.
  • Finalmente alcanzó la celebración ordinaria de los obispos y presbíteros en los días prescritos.3

Esta evolución explica por qué el Gloria conserva simultáneamente rasgos de himno antiguo, canto festivo y oración eucarística. Su ubicación actual dentro de los ritos iniciales de la misa es fruto de un largo desarrollo histórico.

Lugar en la celebración de la misa

El Gloria aparece después del acto penitencial o del Kyrie, cuando la liturgia del día lo prescribe, y antes de la oración colecta. La estructura de los ritos iniciales conduce así desde la reunión de la asamblea y el reconocimiento del pecado hasta la alabanza festiva y la oración común.1

Santo Tomás de Aquino explicó esta secuencia relacionando el Kyrie con la humildad y el Gloria con la orientación de la mente hacia la gloria celestial. Para él, el himno prepara al pueblo para la oración y expresa la finalidad última de la celebración: dirigir la vida humana hacia Dios.7

El Gloria puede cantarlo:

  • Toda la asamblea.
  • La asamblea alternando con el coro.
  • El coro por sí solo, con la participación interior de los fieles.

Cuando el canto no resulta posible, la comunidad lo proclama conjuntamente o de forma alternada. La práctica litúrgica también permite emplear una composición musical que conserve íntegramente el texto del himno.8

Días en que se proclama

La liturgia romana prescribe el Gloria en:

  • Domingos, salvo los domingos de Adviento y de Cuaresma.
  • Solemnidades.
  • Fiestas.

La Iglesia omite el himno durante el Adviento y la Cuaresma, para expresar litúrgicamente la espera y la sobriedad penitencial. El Gloria reaparece con especial fuerza en la misa de la Natividad del Señor y en la Vigilia pascual, donde manifiesta la alegría de la salvación cumplida.4

La omisión no significa que la Iglesia deje de glorificar a Dios durante esos tiempos. La ausencia temporal del himno crea una tensión espiritual que alcanza su plenitud cuando vuelve a resonar en Navidad o en la Pascua.

El Gloria y la espiritualidad cristiana

El himno educa a la comunidad en una forma de oración que comienza con Dios y no con las necesidades humanas. La asamblea contempla la gloria divina antes de presentar sus peticiones. Esta prioridad protege la oración cristiana de reducirse a una lista de solicitudes.

El Gloria enseña también que la alabanza cristiana posee una dimensión cristológica. La Iglesia no glorifica a un Dios distante de la historia, sino al Padre que ha enviado a su Hijo. Jesucristo aparece como Señor, Hijo único, Cordero de Dios y vencedor del pecado.

La dimensión trinitaria impide separar la Navidad, la Pascua y la acción del Espíritu Santo. El himno parte del nacimiento de Cristo, proclama su obra redentora y concluye en la comunión del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Finalmente, el Gloria vincula la adoración con la paz. La gloria de Dios y la paz del mundo no compiten entre sí. La paz auténtica nace de la correcta relación con Dios y alcanza las relaciones humanas mediante la conversión, la justicia y la caridad.

Importancia litúrgica

El Gloria in excelsis Deo ocupa un lugar central entre los cantos de la misa porque reúne en una sola composición:

  1. La memoria bíblica del nacimiento de Cristo.
  2. La alabanza de la Iglesia universal.
  3. La confesión de la divinidad de Jesucristo.
  4. La súplica por la misericordia y el perdón.
  5. La fe en la Trinidad.
  6. La alegría propia de los domingos y de las solemnidades.

El papa Francisco lo describió como un himno antiguo y venerable mediante el cual la Iglesia, reunida en el Espíritu Santo, glorifica e implora a Dios Padre y al Cordero.1

Síntesis

El Gloria comenzó como un himno cristiano de alabanza matutina, inspirado en el canto de los ángeles de Belén. La tradición latina lo incorporó gradualmente a la misa, primero en Navidad, después en determinadas celebraciones episcopales y finalmente en los domingos, fiestas y solemnidades. Su forma actual une el anuncio angélico con la oración trinitaria de la Iglesia: proclama la gloria de Dios, confiesa a Jesucristo como Cordero y Señor, implora misericordia y termina en la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

Citas y referencias

  1. «Gloria a Dios en las alturas», Papa Francisco. Audiencia General del 10 de enero de 2018, 1 (2018). 2 3 4
  2. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 158 (1999). 2 3
  3. Gloria in excelsis Deo. Enciclopedia Católica, Gloria in Excelsis Deo (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  4. Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 138 (1999). 2
  5. Acta apostolicae sedis, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 10, 2017, 3 (2017).
  6. Resumen, M. Gómez. «Hominibus bonae voluntatis». Análisis filosófico-teológico y traducción, 21 (1989).
  7. Exposición del texto, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, 4.D8.Ex (1256).
  8. Heiliger Stuhl. Libro romano de misa, 546 (1975).
Modificado el 3 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.46Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/stkfn73wm

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →