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Himno Kyrie eleison

El Kyrie eleison-«Señor, ten piedad»- es una de las aclamaciones más antiguas y universales de la liturgia cristiana. La Iglesia romana lo conserva habitualmente en los ritos iniciales de la Misa, donde la asamblea invoca la misericordia de Jesucristo mediante una estructura responsorial de nueve invocaciones: Kyrie, Christe, Kyrie. Su brevedad, su origen griego y su prolongada tradición musical han convertido esta fórmula en una de las expresiones más reconocibles del culto católico.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreHimno Kyrie eleison
CategoríaMúsica
DescripciónInvocación de tres series (Kyrie, Christe, Kyrie) con un total de nueve peticiones. Aclamación responsorial de la Misa que invoca la misericordia de Jesucristo. Señor, ten piedad
Autoridad EclesiásticaConcilio de Vaison, Papa Gregorio I
Contexto HistóricoIncorporado al rito romano en el siglo VI; la estructura de nueve invocaciones quedó fijada en el siglo VIII.
Fecha de Creación529
OrigenGriego (del término Κύριε ἐλέησον)
TipoMúsica sacra, Himno litúrgico, VI
Uso LitúrgicoSe sitúa en los ritos iniciales de la Misa, después del acto penitencial o como canto independiente.

Tabla de contenido

Nombre y significado

La expresión Kyrie eleison procede del griego Κύριε ἐλέησον (Kýrie eléēson). Kýrie es el vocativo de Kýrios, «Señor», mientras que eléēson significa «ten piedad», «compadécete» o «muestra misericordia». La traducción litúrgica tradicional en español es «Señor, ten piedad».

La fórmula no constituye una petición genérica dirigida a una divinidad indeterminada. Dentro de la liturgia cristiana, el título Kyrios remite principalmente a Jesucristo, el Señor resucitado, a quien la comunidad confiesa como Hijo de Dios, Salvador y juez misericordioso. La tradición litúrgica emplea junto a Kyrie eleison la invocación Christe eleison, «Cristo, ten piedad», que manifiesta de manera explícita la orientación cristológica de la aclamación.1

La palabra «piedad» no designa únicamente compasión emocional. En el lenguaje bíblico y litúrgico expresa la misericordia eficaz de Dios, es decir, su voluntad de perdonar, sanar, salvar y renovar al ser humano. La asamblea reconoce su necesidad y, al mismo tiempo, proclama que Cristo posee el poder de conceder la salvación que ella implora.

Naturaleza litúrgica

Aunque la costumbre denomina al Kyrie «himno», su forma literaria pertenece más exactamente al género de la aclamación litánica. Una letanía presenta una serie de invocaciones formuladas por un ministro, un diácono, un cantor o un coro, a las que la comunidad responde con una fórmula estable. La Kyrie romana conserva precisamente ese mecanismo de llamada y respuesta.

La estructura ordinaria de la Misa alterna tres invocaciones:

Kyrie, eleison.

Christe, eleison.

Kyrie, eleison.

Cada una recibe la respuesta de la asamblea. El Misal Romano permite cantar o recitar estas aclamaciones, en griego o en la lengua litúrgica correspondiente.1

El carácter responsorial no constituye un simple recurso musical. Expresa la naturaleza comunitaria de la oración cristiana: un ministro formula la invocación y el pueblo entero responde. La asamblea no actúa como espectadora de una pieza ejecutada por especialistas, sino como sujeto litúrgico que aclama a Cristo. La tradición litúrgica recomienda, por ello, la alternancia entre cantor, coro y pueblo, o entre ministro y asamblea.2

Antecedentes bíblicos

La invocación hunde sus raíces en la oración bíblica. La traducción griega del Antiguo Testamento presenta expresiones semejantes en diversos salmos y en otros libros bíblicos. El Nuevo Testamento recoge también la súplica dirigida a Jesús por personas necesitadas de curación o de auxilio.

Los Evangelios ponen la fórmula en labios de quienes reconocen en Jesús al Mesías capaz de salvar. Entre estos episodios aparecen las súplicas de los ciegos que gritan: «Señor, ten piedad de nosotros», la petición de la mujer cananea y la invocación de quienes imploran la intervención misericordiosa de Cristo. La forma litúrgica abreviada conserva el núcleo de aquellas peticiones evangélicas, aunque omite el pronombre que especifica «de nosotros» o «de mí».3

La Iglesia no entiende esta invocación como una declaración de desesperación. El creyente que dice Kyrie eleison confiesa simultáneamente tres verdades: la santidad del Señor, la indigencia humana y la eficacia de la misericordia divina. La súplica nace de la fe en Cristo, no de una mera angustia religiosa.

Desarrollo histórico

La antigüedad cristiana

La expresión Kyrie eleison tuvo probablemente antecedentes en el uso religioso y civil del mundo grecorromano, pero la existencia de una fórmula anterior al cristianismo no explica por sí sola su significado litúrgico posterior. La Iglesia la integró en la oración cristiana y la orientó hacia el Dios revelado en Jesucristo.

Los testimonios patrísticos más antiguos no permiten afirmar una presencia continua de la fórmula en todas las comunidades cristianas desde la época apostólica. La tradición documental no ofrece una mención clara en los Padres apostólicos ni en los primeros apologistas. El testimonio litúrgico más antiguo citado con seguridad aparece en el libro VIII de las Constituciones apostólicas, obra compilada en la Antigüedad tardía, donde el pueblo responde Kyrie eleison a las letanías proclamadas por el diácono.3

Este dato resulta decisivo para comprender la función original de la fórmula: no aparece inicialmente como una composición musical autónoma, sino como la respuesta congregacional a una intercesión diaconal. El diácono presentaba diversas peticiones -por la paz, por la Iglesia, por los obispos y presbíteros, por los enfermos y por quienes se habían extraviado- y el pueblo respondía invocando la misericordia del Señor.4

Testimonios orientales

La peregrina Egeria, que visitó Jerusalén en el siglo IV, describe una práctica en la que el diácono enumeraba nombres y peticiones, mientras un grupo de jóvenes respondía repetidamente Kyrie eleison. Egeria traduce la fórmula para sus lectores latinos como Miserere Domine, «Ten misericordia, Señor». Su testimonio muestra que la aclamación ya formaba parte de una liturgia responsorial oriental antes de su incorporación estable al rito romano.3

Las liturgias orientales conservaron de forma especialmente visible la relación entre Kyrie eleison y la letanía diaconal. En ellas, el diácono proclama las distintas peticiones y la asamblea responde con una invocación fija. Esta forma continúa siendo una de las expresiones más claras de la participación común de los fieles en la oración litúrgica.4

Incorporación al rito romano

La introducción del Kyrie en la Misa romana pertenece a la evolución litúrgica de la Antigüedad tardía. El testimonio occidental más antiguo citado de manera explícita corresponde al canon tercero del Concilio de Vaison, celebrado en el año 529. El concilio recomendó conservar en las provincias de Oriente, Italia y la Sede Apostólica la costumbre de cantar el Kyrie eleison con fervor y compunción en la Misa, en los oficios matutinos y en las vísperas.3

La fecha de 529 debe respetarse para evitar un anacronismo frecuente: no conviene atribuir la presencia documentada del Kyrie romano a los Padres del siglo IV ni presentar la fórmula como una parte demostrablemente invariable de la Misa apostólica. La documentación permite hablar de una tradición oriental anterior y de una incorporación romana atestiguada en el siglo VI.

El testimonio del papa Gregorio Magno

Una carta del papa Gregorio I, escrita en el año 598 a Juan, obispo de Siracusa, ofrece información fundamental sobre la práctica romana. Gregorio distingue el modo romano de cantar el Kyrie del modo griego: en Roma, clero y pueblo se alternaban; además, los romanos empleaban la invocación Christe eleison, característica de su tradición frente a la práctica griega descrita por el pontífice.3

El testimonio gregoriano confirma dos elementos esenciales:

  • La participación alternada entre ministros y pueblo.
  • La presencia de Christe eleison en el esquema romano.

La carta también permite relacionar el Kyrie con una antigua letanía de intercesiones. En algunas celebraciones, la letanía podía conservar un desarrollo más amplio; en la Misa ordinaria, las numerosas peticiones terminaron desapareciendo y la respuesta quedó como un vestigio concentrado de aquella oración universal.3

De la letanía diaconal a las nueve invocaciones

La función original de la letanía

La forma primitiva vinculada al Kyrie incluía probablemente una sucesión de peticiones proclamadas por el diácono. La comunidad respondía a cada una con una invocación de misericordia. Esta estructura permitía presentar ante Dios las necesidades de la Iglesia y del mundo sin convertir la oración en un discurso individual.

La tradición litánica encuentra modelos bíblicos en salmos y cánticos que repiten una respuesta después de cada motivo de alabanza o de súplica. La repetición no empobrece el contenido; crea un ritmo común, permite que la asamblea participe y hace visible la perseverancia de la oración eclesial.4

La fijación progresiva del número

En la primera etapa romana, el número de invocaciones no estaba fijado. El primer Ordo Romanus, datado entre los siglos VI y VII, describe cómo el director de la schola observaba al pontífice, quien podía indicar cuándo debía concluir o prolongar el canto. Este testimonio demuestra que la extensión del Kyrie dependía inicialmente de las circunstancias de la celebración y de la decisión del celebrante.3

Durante el siglo VIII aparece ya documentado el esquema que acabó imponiéndose en el rito romano: tres Kyrie eleison, tres Christe eleison y tres Kyrie eleison. El conjunto suma nueve invocaciones. El Ordo de Saint-Amand, redactado en esa época, describe la alternancia entre la schola y los servidores situados junto al ambón, así como la señal del pontífice para pasar de un grupo de invocaciones al siguiente.3

La investigación litúrgica relaciona también los Ordines Romani IV y XV con la limitación del conjunto a nueve invocaciones. La fijación no surgió de una norma aislada, sino de la gradual estabilización de una práctica heredada de la letanía.5

Algunos comentaristas medievales interpretaron simbólicamente la repetición triple de cada invocación como una alusión a los nueve coros de los ángeles. Esta interpretación pertenece a la espiritualidad alegórica medieval y no constituye la explicación histórica del origen del número nueve.3

El Kyrie en la Misa romana

Ubicación en los ritos iniciales

En la forma ordinaria del rito romano, el Kyrie ocupa un lugar dentro de los ritos iniciales de la Misa, después del acto penitencial cuando este no lo ha incluido ya. El orden litúrgico actual establece expresamente que las invocaciones del Kyrie siguen al acto penitencial, salvo que ya hayan aparecido en una de sus fórmulas.1

La secuencia habitual presenta el siguiente diálogo:

  • Ministro: Kyrie, eleison.

    Asamblea: Kyrie, eleison.

  • Ministro: Christe, eleison.

    Asamblea: Christe, eleison.

  • Ministro: Kyrie, eleison.

    Asamblea: Kyrie, eleison.

La liturgia admite también la traducción española «Señor, ten piedad» y «Cristo, ten piedad». El uso del griego, sin embargo, conserva una forma recibida por las Iglesias de Oriente y de Occidente y permite que la misma aclamación atraviese numerosas lenguas y tradiciones litúrgicas.

Distinción respecto del acto penitencial

El Kyrie puede aparecer en dos contextos relacionados, pero no idénticos.

El Kyrie como parte del acto penitencial

Una de las fórmulas del acto penitencial presenta invocaciones dirigidas a Cristo:

  • «Tú que has sido enviado a sanar a los contritos de corazón: Señor, ten piedad».
  • «Tú que has venido a llamar a los pecadores: Cristo, ten piedad».
  • «Tú que estás sentado a la derecha del Padre para interceder por nosotros: Señor, ten piedad».

La asamblea responde después de cada invocación. En este caso, el Kyrie forma parte integrante del acto mediante el cual la comunidad reconoce sus pecados y pide la misericordia divina antes de escuchar la palabra de Dios y celebrar la Eucaristía.1

El Kyrie como aclamación independiente

Cuando el acto penitencial ha utilizado otra fórmula, el Kyrie aparece como una unidad propia de los ritos iniciales. Conserva entonces su doble dimensión de alabanza a Cristo y súplica de misericordia. No funciona simplemente como una repetición del acto penitencial ni como una enumeración detallada de pecados.

La normativa litúrgica permite que las invocaciones incluyan breves fórmulas que proclamen una obra o un título de Cristo. El Misal Romano ofrece, por ejemplo, invocaciones relacionadas con Cristo como sanador, salvador, refugio de los débiles, esperanza de los pecadores, rey de la paz o luz en las tinieblas. Cada invocación desemboca en la respuesta Kyrie o Christe eleison.6,7

La diferencia puede resumirse así:

  • En el acto penitencial, el Kyrie forma parte de un rito explícitamente orientado al reconocimiento de los pecados y a la preparación inmediata para la celebración.
  • Como canto propio, el Kyrie constituye una aclamación litánica que alaba al Señor y solicita su misericordia, aunque conserve una evidente resonancia penitencial.
  • En ambos casos, la invocación se dirige a Cristo y requiere la respuesta activa de la asamblea.

Orientación cristológica

La triple secuencia Kyrie-Christe-Kyrie ha recibido diversas interpretaciones simbólicas. Algunos autores medievales relacionaron cada grupo con una persona de la Santísima Trinidad: el primer Kyrie con el Padre, Christe con el Hijo y el último Kyrie con el Espíritu Santo. Esta lectura posee valor espiritual, pero no debe confundirse con el sentido literal de las palabras ni con la historia de la incorporación del texto a la Misa.8

La interpretación litúrgica más inmediata contempla el Kyrie como una aclamación dirigida al Señor Jesucristo. Las invocaciones actuales pueden nombrarlo como «Cristo», «Hijo de Dios», «Hijo del hombre», «rey de la paz», «refugio de los débiles» o aquel que viene a salvar al perdido. El conjunto presenta a Jesús como aquel que visita, perdona, reúne, sana y salva.6,7

Por esta razón, el Kyrie no equivale a una petición dirigida exclusivamente al Padre para que tenga misericordia mediante Cristo. La forma litúrgica invoca directamente al propio Cristo, reconocido como Señor y mediador de la salvación. La asamblea proclama su fe en la misericordia de Jesús mientras pide que esa misericordia actúe en la comunidad y en el mundo.

El carácter responsorial

Participación de toda la asamblea

El Kyrie pertenece a la tradición universal de la oración responsorial. Una voz proclama la invocación; el pueblo la retoma y la hace suya. La respuesta repetida crea una unidad entre personas de distintas edades, culturas y condiciones espirituales.

La forma responsorial posee también un valor teológico. La misericordia no aparece como una experiencia privada del celebrante o del cantor, sino como una gracia que la Iglesia pide corporativamente. El «ten piedad» nace de la boca de todos y expresa la solidaridad del Cuerpo de Cristo.

La tradición litúrgica considera apropiada la alternancia entre sacerdote, diácono, cantor, coro y pueblo. Las composiciones musicales que eliminan por completo la participación vocal de la asamblea contradicen la naturaleza responsorial de la aclamación.9

Unidad entre Oriente y Occidente

El griego del Kyrie constituye una huella visible de la diversidad lingüística de la Iglesia antigua. Las liturgias orientales conservaron ampliamente su contexto de letanía diaconal; Roma lo integró en una forma propia, con la alternancia entre ministros y pueblo y con la incorporación de Christe eleison. Esta evolución romana no anuló el carácter universal de la fórmula.

La misma aclamación puede unir a comunidades que celebran en latín, griego, español, italiano, alemán u otras lenguas. Incluso cuando las invocaciones introductorias adoptan la lengua del pueblo, la respuesta griega mantiene un vínculo audible con la tradición cristiana común. La variedad lingüística no destruye la unidad litúrgica cuando la asamblea comparte la misma fe y la misma súplica.8

El Kyrie como canto

Canto llano y polifonía

Desde la Edad Media, el Kyrie recibió melodías de gran extensión y solemnidad. El canto gregoriano desarrolló fórmulas melismáticas particularmente elaboradas, en las que una sola sílaba podía prolongarse sobre numerosas notas. La longitud musical permitía a la comunidad permanecer en una invocación breve y contemplar su contenido.

Los libros litúrgicos medievales identificaron las melodías mediante sus primeras palabras o mediante títulos tradicionales, como Kyrie Cunctipotens genitor Deus. La práctica de insertar palabras adicionales en los largos melismas originó los llamados tropos. Algunos tropos medievales ampliaban poéticamente la alabanza de Cristo, aunque la reforma litúrgica posterior tendió a recuperar la sobriedad del texto original.3

La música polifónica convirtió también el Kyrie en una de las partes más desarrolladas del ordinario de la Misa. Compositores de distintas épocas escribieron versiones para coro, alternancia entre solistas y asamblea, órgano y conjuntos instrumentales. La elaboración artística puede servir a la oración siempre que conserve el sentido litúrgico de la aclamación y no reduzca al pueblo a una presencia pasiva.

Repetición y contemplación

La repetición de Kyrie eleison no pretende añadir información conceptual en cada frase. Su finalidad consiste en intensificar la súplica, sostener la alabanza y permitir que la comunidad entre en una actitud de confianza. La repetición litúrgica posee un carácter performativo: al pronunciarla, la Iglesia vuelve a situarse ante Cristo y confiesa de nuevo su dependencia de la gracia.

La música puede prolongar el tiempo de esta oración, pero la melodía no sustituye al texto. El cantante y la asamblea deben conservar la claridad de la palabra y la orientación de la fórmula hacia el Señor.

Textos y formas actuales

El Misal Romano ofrece invocaciones adaptadas a los distintos tiempos litúrgicos. Durante el Adviento, algunas fórmulas presentan a Cristo como quien viene al mundo para salvar, visita a su pueblo con la gracia del Espíritu y volverá para juzgar las obras humanas.7

En el tiempo de Navidad, las invocaciones contemplan al Señor como Hijo de Dios hecho hermano nuestro, al Cristo que conoce la debilidad humana y al Primogénito del Padre que reúne a la humanidad en una sola familia. Otras fórmulas lo aclaman como rey de la paz y luz en las tinieblas.6

Estas fórmulas muestran que el Kyrie no tiene que reducirse a un examen de conciencia. Las invocaciones pueden presentar la misericordia de Cristo mediante afirmaciones de alabanza: Cristo perdona, busca al perdido, entrega su vida por todos, reúne a los dispersos y visita a su pueblo. La respuesta «ten piedad» aparece así como una aclamación confiada ante la bondad salvadora del Señor.7

La normativa litúrgica permite repetir cada aclamación más de dos veces cuando lo aconsejan la música, la lengua o las circunstancias pastorales. También puede intercalarse un breve tropo, siempre que conserve su forma de invocación a Cristo y no se convierta en una homilía extensa ni en un examen de conciencia desarrollado.8

Espiritualidad del Kyrie eleison

El Kyrie reúne en una sola frase la humildad y la esperanza cristianas. La comunidad reconoce que necesita la misericordia de Dios, pero no habla ante un poder lejano o arbitrario. Invoca a Jesucristo, que ha venido a salvar, que conoce la debilidad humana y que reúne a los hijos dispersos.

La aclamación contiene también una dimensión eclesial y universal. La Iglesia pide misericordia no sólo por sus miembros presentes, sino por todos los seres humanos y por las necesidades del mundo. Su brevedad permite que la oración incluya realidades que no cabrían en una enumeración exhaustiva: enfermedad, pecado, división, pobreza, violencia, abandono y búsqueda de la verdad.

El creyente puede pronunciar el Kyrie con diversos sentimientos: arrepentimiento, confianza, gratitud, adoración o súplica. La expresión permanece idéntica, pero su resonancia espiritual cambia según la situación de la comunidad. En todos los casos, el centro permanece en Cristo, Señor misericordioso y Salvador.

Uso fuera de la Misa

La aclamación aparece también en letanías, celebraciones de los sacramentos, oraciones comunitarias y diversos ritos solemnes. La tradición litúrgica ha conservado letanías completas en celebraciones como la Vigilia Pascual y determinados ritos de ordenación. También existen formas de repetición prolongada del Kyrie en celebraciones de dedicación de iglesias.4

En las procesiones y rogativas, la estructura de petición y respuesta permite que el pueblo camine y ore conjuntamente. El Kyrie sirve entonces como respuesta a intenciones concretas, sin perder su orientación fundamental hacia la misericordia de Cristo.

Importancia litúrgica

El Kyrie eleison conserva varios rasgos esenciales de la tradición cristiana:

  • Antigüedad, porque hunde sus raíces en la oración bíblica y en las primeras formas litánicas de la Iglesia.
  • Cristocentrismo, porque aclama a Jesús como Señor y Salvador.
  • Universalidad, porque aparece en numerosas familias litúrgicas y mantiene su forma griega en celebraciones de distintas lenguas.
  • Participación comunitaria, porque la asamblea responde a la invocación del ministro o del cantor.
  • Sencillez, porque una fórmula breve puede contener una profunda confesión de fe.
  • Capacidad musical, porque admite desde una recitación sobria hasta elaboradas composiciones de canto llano o polifonía.

La liturgia romana fijó progresivamente la forma de nueve invocaciones, pero no perdió la memoria de su origen litánico. El Kyrie actual es, por tanto, el resultado de una larga evolución: una antigua respuesta del pueblo a las peticiones de la Iglesia quedó concentrada en una aclamación solemne, repetida y musicalmente desarrollada.

Conclusión

El himno Kyrie eleison constituye una aclamación cristológica de misericordia, alabanza y confianza. La Iglesia dirige a Jesucristo el grito evangélico «Señor, ten piedad» y lo pone en boca de toda la asamblea mediante un diálogo responsorial. Su incorporación documentada al rito romano pertenece al siglo VI; su número de nueve invocaciones quedó fijado gradualmente entre la Antigüedad tardía y la Alta Edad Media.

Dentro de la Misa, el Kyrie puede integrarse en el acto penitencial o aparecer como canto independiente de alabanza y súplica. En ambos casos conserva su identidad propia: la Iglesia reunida reconoce a Cristo como Señor, proclama su misericordia y responde con una voz común que une la tradición oriental y occidental.

Citas y referencias

  1. El orden de la misa - Los ritos introductorios - Texto instruccional, Conferencia de los Obispos Católicos de los Estados Unidos. El Misal Romano (Traducción al español según la Tercera Edición Típica), El Orden de la Misa (2011). 2 3 4
  2. Kyrie, Santa Sede. Libro de la Misa Romano, 545 (1975).
  3. Kyrie eleison. Enciclopedia Católica, Kyrie Eleison (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  4. Letanía. Enciclopedia Católica, Letanía (1913). 2 3 4
  5. I. La introducción del kyrie eleison, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 129 (1999).
  6. Tempo di natale, Santa Sede. Messale Romano, 393 (2020). 2 3
  7. Tempo di avvento, Santa Sede. Messale Romano, 392 (2020). 2 3 4
  8. V. Señor, ten piedad, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 226 (1999). 2 3
  9. VI. Gloria a Dios, Instituto Litúrgico Pontificio. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen III), 227 (1999).
Modificado el 17 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.67 • 183 visitas • Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/1bsw9bx13

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