La forma tradicional del rezo comprende la antífona, una invocación, un versículo, otro versículo y una oración colecta. La estructura completa es la siguiente.
Antífona
Regina caeli, laetare, alleluia.
Quia quem meruisti portare, alleluia,
resurrexit, sicut dixit, alleluia.
Ora pro nobis Deum, alleluia.
Versículo y respuesta
V. Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia.
R. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.
En español:
V. Alégrate y regocíjate, Virgen María, aleluya.
R. Porque ha resucitado verdaderamente el Señor, aleluya.
Las fórmulas pueden presentar pequeñas variaciones según el libro litúrgico o la edición empleada, pero conservan el mismo contenido: María participa de la alegría de la Iglesia porque Cristo ha resucitado realmente.
Oración colecta
Oremos.
Oh Dios, que por la resurrección de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo, has llenado el mundo de alegría, concédenos, por intercesión de su Madre, la Virgen María, alcanzar los gozos eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.
La oración interpreta el sentido de la antífona. La alegría pascual no queda reducida a una emoción pasajera: la Iglesia pide llegar a los gozos eternos, es decir, participar plenamente en la vida gloriosa de Cristo. María aparece como intercesora, no como fuente independiente de la salvación. Toda gracia procede de Dios por Cristo, y la Virgen coopera maternalmente mediante su intercesión.