Orígenes medievales
La secuencia apareció por primera vez en los repertorios de los conventos franciscanos del siglo XIII y se difundió rápidamente entre los laicos y los grupos penitenciales, como los flagelantes, que la cantaban en procesiones públicas1. Su popularidad quedó confirmada a finales del siglo XIV, cuando ya se conocía en diversas regiones de Europa1.
Candidaturas de autoría
Diversos autores han sido propuestos: San Gregorio Magno, San Bernardo de Claraval, San Bonaventura y el papa Juan XXII, entre otros1. Las atribuciones más sólidas recae en Inocencio III y Jacopo da Todi. El papa Benedicto XIV aceptó sin reservas la autoría de Inocencio, citando a tres autoridades que lo respaldan1. Por su parte, la Catholic Encyclopedia señala que la autoría de Jacopone es «más probable que la de cualquier otro competidor»2, mientras que Butler’s Lives of the Saints confirma que la obra se halló en un manuscrito del siglo XIV atribuido a Jacopone, aunque la certeza sigue siendo limitada3.
