Primera aparición y atribuciones
El himno apareció por primera vez en manuscritos del siglo IX, aunque su autoría sigue siendo objeto de debate. Algunos estudiosos lo atribuyen a Rabanus Maurus (d. 856), abad de Fulda y arzobispo de Maguncia, basándose en evidencia manuscrita y en la métrica clásica propia de sus obras1. Otros lo relacionan con San Gregorio el Grande por la calidad poética y el estilo gregoriano, aunque la evidencia documental es insuficiente1. También se le ha vinculado a San Ambrosio y a Carlomagno, pero sin fundamento histórico sólido1.
Desarrollo medieval
En el siglo XI el himno se incorporó al Breviario romano, asignándose inicialmente a la hora de Vísperas y, a partir de la reforma cluniacense, a la hora de Tercia del tiempo de Pentecostés, con el fin de conmemorar la bajada del Espíritu Santo a la tercera hora del día (Acto 2, 15)1. En el Concilio de Reims (1049), bajo el pontificado de León IX, se cantó al inicio de la tercera sesión, sustituyendo al antífona ordinaria1.

