Autor y contexto
El segundo Verbum supernum forma parte del Oficio de la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo. La tradición litúrgica y la investigación histórica lo atribuyen a santo Tomás de Aquino, quien compuso el Oficio de Corpus Christi por encargo relacionado con la institución de esta fiesta. La autoría tomista del conjunto litúrgico, incluida esta composición, alcanzó una aceptación especialmente sólida en la investigación contemporánea.,
El himno corresponde a Laudes del Oficio de Corpus Christi. Su primera estrofa presenta al Verbo eterno, que no abandona la derecha del Padre, pero entra en el mundo y llega al final de su vida terrena. Desde ese punto, el poema conduce al lector hacia la institución de la Eucaristía, la entrega sacrificial de Cristo y la esperanza de la gloria.
Texto latino
El himno, en la forma litúrgica conservada para el culto eucarístico, consta de seis estrofas:
Verbum supernum prodiens
Nec Patris linquens dexteram,
Ad opus suum exiens
Venit ad vitae vesperam.
In mortem a discipulo
Suis tradendus aemulis,
Prius in vitae ferculo
Se tradidit discipulis.
Quibus sub bina specie
Carnem dedit et sanguinem,
Ut duplicis substantiae
Totum cibaret hominem.
Se nascens dedit socium,
Convescens in edulium,
Se moriens in pretium,
Se regnans dat in praemium.
O salutaris Hostia,
Quae caeli pandis ostium,
Bella premunt hostilia:
Da robur, fer auxilium.
Uni trinoque Domino
Sit sempiterna gloria,
Qui vitam sine termino
Nobis donet in patria.
Amen.
El texto litúrgico aparece con la notación de los acentos propios de la recitación latina del Oficio.
Traducción y contenido teológico
La primera estrofa contempla la doble verdad de Cristo: el Hijo procede del Padre y, al mismo tiempo, no abandona la gloria divina. Su venida al mundo culmina en «el atardecer de la vida», expresión que prepara la referencia a la Pasión.
La segunda estrofa relaciona la traición de Judas y la entrega eucarística. Cristo, entregado por un discípulo a sus enemigos, se entrega antes a sus discípulos como alimento de vida. El himno vincula así el sacrificio de la cruz con la institución de la Eucaristía.
La tercera estrofa proclama que Cristo ofrece su carne y su sangre bajo las dos especies sacramentales. El alimento eucarístico nutre al ser humano entero, en consonancia con la doctrina católica sobre la presencia real de Cristo en el sacramento.
La cuarta estrofa condensa la economía de la salvación en cuatro momentos:
- Al nacer, Cristo se hace compañero del hombre.
- Durante la comida, se convierte en alimento.
- Al morir, ofrece el precio de la redención.
- Al reinar, constituye el premio definitivo.
Esta estrofa constituye uno de los pasajes más célebres de la poesía litúrgica medieval. El poeta francés Jean-Baptiste de Santeuil llegó a considerar sus cuatro versos como una de las cumbres de la poesía sacra.
Las dos últimas estrofas forman la conclusión doxológica y suplicante. Cristo aparece como la Hostia salutaris, la víctima salvadora que abre la puerta del cielo. La comunidad cristiana pide fortaleza frente a sus enemigos y termina glorificando al Dios uno y trino, fuente de la vida eterna.