El término hiperdulia proviene del griego antiguo, donde hyper significa «sobre» o «más allá», y dulia deriva de douleia, que se traduce como «servicio» o «esclavitud» en el sentido de reverencia o veneración. Así, hiperdulia implica una dulia elevada o suprema, adaptada al estatus singular de la Virgen María. Aunque el concepto se remonta a los primeros siglos del cristianismo, el término específico no aparece hasta la Edad Media, influido por la teología escolástica.
En la patrística, los Padres de la Iglesia ya distinguían formas de honor: latría para Dios y una veneración secundaria para las criaturas santas. San Agustín, en su obra De Civitate Dei (Ciudad de Dios), diferenciaba la servitus debida a los hombres (dulia) de la latria reservada al Creador1. Esta distinción se refinó con el tiempo, y en el siglo XIII, Santo Tomás de Aquino lo sistematizó, introduciendo hyperdulia para describir el honor a María como «dulia en grado eminente» debido a su maternidad divina2.
El uso del término se consolidó en la teología post-tridentina, donde se enfatizó para contrarrestar malentendidos protestantes sobre la supuesta idolatría mariana. Hoy, en documentos eclesiásticos como el Catecismo de la Iglesia Católica, se alude implícitamente a esta jerarquía de cultos, aunque no siempre con el término griego preciso.
