El siglo II recibe con frecuencia el nombre de siglo de los apologistas. Los apologistas fueron autores cristianos que defendieron públicamente la fe frente a las acusaciones paganas, las críticas filosóficas, determinadas objeciones judías y las doctrinas de grupos cristianos disidentes.
La palabra apología designaba una defensa razonada. Estos escritores no pretendían limitarse a pedir tolerancia. También querían mostrar que el cristianismo era verdadero, moralmente superior a los cultos paganos y compatible con la razón.
San Justino Mártir
San Justino Mártir fue el apologista más representativo de la primera mitad del siglo. Filósofo convertido al cristianismo, presentó la fe como la plenitud de la verdad buscada parcialmente por la filosofía griega. Sus obras defendieron a los cristianos ante los emperadores y describieron algunos elementos del bautismo, la Eucaristía y la reunión dominical.
La Primera Apología, compuesta hacia el año 150, intentaba demostrar que los cristianos no eran ateos ni enemigos del Estado. Justino explicó que adoraban al Dios creador y a Jesucristo, el Logos divino, y que su vida moral mostraba la transformación producida por el Evangelio.
En el Diálogo con Trifón, Justino discutió con un interlocutor judío la identidad de Jesús como Mesías. Recurrió ampliamente a las profecías del Antiguo Testamento y sostuvo que Cristo llevaba a cumplimiento las promesas hechas a Israel.
Atenágoras de Atenas
Atenágoras dirigió hacia el año 177 su Súplica en favor de los cristianos a los emperadores Marco Aurelio y Cómodo. Refutó las acusaciones de ateísmo, incesto y antropofagia que circulaban contra los cristianos. También defendió la resurrección de los muertos y presentó la fe cristiana con argumentos filosóficos sobre Dios, el alma y la vida moral.
Taciano y Teófilo de Antioquía
Taciano compuso el Discurso a los griegos, una crítica de la religión y de la cultura paganas. Comparó la coherencia de la revelación cristiana con las contradicciones de la mitología y de ciertas escuelas filosóficas.
Teófilo de Antioquía escribió los Tres libros a Autólico. Expuso la fe cristiana en el Dios creador, defendió la antigüedad de la tradición bíblica y criticó la idolatría. Su obra representa el esfuerzo de la Iglesia de Antioquía por dialogar con el mundo intelectual helenístico.
La tradición apologética latina
A finales del siglo II surgió una apologética latina más combativa. Minucio Félix escribió el Octavio, diálogo que contrapone la moral cristiana a las costumbres paganas. Tertuliano de Cartago compuso el Apologético hacia el año 197.
Tertuliano presentó el cristianismo como una fe racional y moralmente exigente. También empleó el concepto de Logos para explicar la identidad de Cristo. Según su argumentación, el Hijo procede del Padre sin dividir la sustancia divina; mediante la encarnación, Cristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre.
Temas principales de los apologistas
Los apologistas desarrollaron varios argumentos recurrentes:
- La unidad y trascendencia de Dios frente al politeísmo.
- La creación frente a las concepciones cíclicas o dualistas del mundo.
- El cumplimiento de las profecías en Jesucristo.
- La superioridad moral del cristianismo.
- La transformación de la vida producida por la conversión.
- La racionalidad de la fe y su compatibilidad con la búsqueda filosófica.
- La fidelidad de los mártires, cuya constancia demostraba la seriedad de su adhesión a Cristo.
Los apologistas contrastaban la conducta de los cristianos con la corrupción moral que atribuían a determinados ambientes de la sociedad pagana. También defendían que la vida cristiana podía convertir a personas sometidas al pecado en hombres y mujeres libres interiormente.