Contexto de las persecuciones
Durante los siglos III y principios del IV, los cristianos sufrieron intensas persecuciones bajo emperadores como Diocleciano y Galerio, que buscaban suprimir la fe cristiana mediante edictos que prohibían reuniones y destruían lugares de culto1. La resistencia y el martirio de los fieles, descritos por autores como Lactancio, alimentaron la creciente simpatía popular hacia el cristianismo2.
El Edicto de Milán
En febrero de 313, Constantino y Licinio emitieron el Edicto de Milán, un acuerdo que garantizaba a los cristianos y a los paganos la plena libertad de culto sin interferencias estatales3. El texto del edicto, conservado en la obra de Lactancio, subraya la intención de «permitir a todos seguir la religión que consideren mejor» y ordena la restitución de los bienes confiscados a la Iglesia4. Este documento es considerado el primer reconocimiento oficial de la libertad de conciencia en la historia occidental3.
