El Imperio Bizantino y la política de Justiniano I
El emperador Justiniano I (527‑565) intentó restaurar la autoridad imperial y religiosa mediante una legislación que perseguía a paganos, judíos y herejes, incorporando los decretos de los cuatro concilios ecuménicos al derecho civil1. Su política Erastianista colocó al emperador como «sacerdote‑rey», y buscó la reconciliación con los monofisitas mediante concesiones que, sin embargo, provocaron nuevas tensiones doctrinales2.
La Iglesia en Occidente: los reinos germánicos y la cristiandad latina
Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, los reinos germánicos adoptaron el cristianismo de forma diversa. En Italia, el papado mantuvo su autoridad pese a la invasión lombarda, mientras que en la Galia y Britania surgieron iniciativas misioneras que buscaban evangelizar a los pueblos paganos.
