El monotelismo
La controversia monotelita surgió como un intento de reconciliar a grupos cristianos enfrentados después de las disputas sobre la naturaleza de Cristo. Sus defensores afirmaban que Cristo poseía dos naturalezas, divina y humana, pero una sola voluntad y una sola operación.
Esta formulación pretendía favorecer la unidad del Imperio, especialmente frente a comunidades vinculadas a tradiciones teológicas no calcedonianas. Sin embargo, los adversarios del monotelismo consideraban que la doctrina comprometía la plena humanidad de Jesucristo. Si Cristo careciera de voluntad humana, su humanidad no sería completa y la redención de la voluntad humana quedaría teológicamente debilitada.
La controversia implicó a emperadores, patriarcas, obispos y papas. El emperador Constante II promulgó en 648 el Typos, que prohibía discutir públicamente sobre una o dos voluntades y operaciones en Cristo. La medida no resolvió el conflicto, sino que aumentó la oposición de teólogos como san Máximo el Confesor y del papa san Martín I.
El III Concilio de Constantinopla
El III Concilio de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681, fue el sexto Concilio Ecuménico de la Iglesia católica. El emperador Constantino IV convocó la asamblea para resolver la controversia monotelita. El papa Agatón envió una carta doctrinal, y sus legados participaron en el proceso conciliar.
El concilio enseñó que Jesucristo posee dos voluntades naturales y dos operaciones naturales, una divina y otra humana, unidas en la única persona del Verbo. La voluntad humana de Cristo no actúa contra la voluntad divina, sino en perfecta armonía con ella. La doctrina conciliar preservó así la integridad de las dos naturalezas de Cristo y la unidad de su persona.
La definición conciliar rechazó expresamente la doctrina de una sola voluntad y una sola operación. El concilio razonó que negar la voluntad humana de Cristo equivaldría a negar la perfección de su humanidad, puesto que la voluntad pertenece a la naturaleza humana íntegra.
El concilio condenó también a varios defensores del monotelismo, entre ellos al papa Honorio I. La condena afectó a su enseñanza y conducta doctrinal en aquella controversia, pero no significa que Honorio enseñara de forma sistemática una nueva cristología ni que la Iglesia católica considere que un papa canonizado o no canonizado pueda definir infaliblemente cualquier opinión teológica privada. El caso pertenece a la historia de las intervenciones papales no definitorias y a la posterior recepción conciliar.
Distinción respecto de concilios posteriores
El III Concilio de Constantinopla pertenece al siglo VII y no debe confundirse con el IV Concilio de Constantinopla, celebrado entre 869 y 870. Este último tuvo como cuestión principal el conflicto relacionado con Focio y fue reconocido como octavo Concilio Ecuménico por la tradición latina, aunque su recepción histórica fue distinta en Oriente.
La separación cronológica y temática resulta necesaria:
- III Concilio de Constantinopla (680-681): sexto Concilio Ecuménico; condenó el monotelismo y definió las dos voluntades y operaciones de Cristo.
- IV Concilio de Constantinopla (869-870): celebrado casi dos siglos después; trató cuestiones relacionadas con Focio y la disciplina eclesiástica.
- II Concilio de Nicea (787): también posterior a la primera mitad del siglo VII; defendió la veneración legítima de las imágenes sagradas frente a la iconoclasia.
Por tanto, la iconoclasia bizantina y el conflicto fociano no forman parte de los acontecimientos centrales del siglo VII, aunque sus antecedentes y consecuencias ayudan a comprender la evolución posterior de la Iglesia.