La revolución de 1848
La revolución de 1848 introdujo una novedad decisiva en la vida europea: la clase obrera comenzó a actuar con mayor conciencia de su fuerza y de sus intereses colectivos. En Francia, la revolución adquirió una dimensión social que superó los proyectos de la burguesía liberal. Durante las décadas siguientes, el marxismo, el sindicalismo revolucionario y los nuevos partidos socialistas adquirieron una presencia cada vez mayor.
La Iglesia contempló estos procesos con preocupación por varias razones. El socialismo revolucionario defendía con frecuencia una concepción materialista de la persona, rechazaba la propiedad privada y pretendía sustituir la religión por una organización política de la sociedad. Además, algunas corrientes anarquistas y revolucionarias identificaban a la Iglesia con el orden social que querían derribar.
La crítica católica al socialismo no significaba aceptación automática del capitalismo liberal. Muchos católicos denunciaron la explotación obrera, la pobreza urbana y la subordinación de la persona a las exigencias de la producción.
Primeras formas de catolicismo social
Antes de la encíclica Rerum novarum, surgieron iniciativas católicas orientadas a responder a la cuestión obrera. En Francia, Frédéric Ozanam, Charles Louis Maret y Henri-Dominique Lacordaire fundaron en 1848 la revista Ere Nouvelle. Sus colaboradores defendían una acción social católica capaz de afrontar algunas demandas de justicia planteadas por los movimientos socialistas.
Otros católicos promovieron la recuperación de corporaciones profesionales, asociaciones obreras y formas de cooperación entre trabajadores y empresarios. Karl von Vogelsang criticó el capitalismo y el liberalismo individualista, aunque su propuesta no pretendía instaurar el socialismo, sino construir una monarquía social con intervención pública en favor de los débiles.
En Francia, Albert de Mun y René de La Tour du Pin impulsaron círculos y organizaciones destinados a mejorar la situación de los trabajadores. El cardenal Gaspard Mermillod también participó en la promoción de la doctrina social católica. Estas iniciativas combinaron la tradición cristiana de la caridad con la búsqueda de reformas institucionales.
León XIII y Rerum novarum
León XIII heredó una Iglesia enfrentada al liberalismo estatal, al anticlericalismo y a las doctrinas socialistas. En 1871, la Comuna de París mostró la radicalización de algunos sectores revolucionarios. Durante las últimas décadas del siglo surgieron partidos socialistas de inspiración marxista, aunque muchos tardaron en consolidarse. En España, el Partido Socialista Obrero Español nació en 1879 y no obtuvo representación parlamentaria hasta 1910.
La encíclica Rerum novarum, publicada en 1891, ofreció la primera exposición sistemática del magisterio pontificio sobre la cuestión social. León XIII defendió la dignidad del trabajador, la legitimidad de la propiedad privada, el derecho de asociación y la responsabilidad de los poderes públicos ante la miseria. También rechazó tanto el individualismo económico sin límites como el socialismo revolucionario.
La encíclica no apareció de manera aislada. Recogió décadas de reflexión, experiencias asociativas, obras de caridad, círculos obreros y debates católicos sobre la intervención del Estado y la organización de la economía. Su novedad consistió en integrar esas preocupaciones en una enseñanza pontificia coherente y universal.,