El siglo XV se sitúa entre la caída de Constantinopla (1453) y el inicio de la Reforma (1517). En este período la Europa occidental vivió la transición del feudalismo medieval a los primeros estados nacionales, acompañada de un florecimiento cultural conocido como Renacimiento1. La expansión marítima de España y Portugal abrió nuevas rutas y territorios, lo que multiplicó la presencia cristiana en América, Asia y África2.
Al mismo tiempo, la Iglesia enfrentaba una grave crisis de legitimidad tras el Cisma de Occidente (1378‑1417), que había dejado a la cristiandad bajo la obediencia de varios papas rivales3.
