Convocatoria y desarrollo
El Concilio de Trento fue convocado por Paulo III y celebró sus sesiones entre 1545 y 1563, con interrupciones ocasionadas por guerras, epidemias y tensiones políticas. La primera sesión tuvo lugar el 13 de diciembre de 1545. El concilio afirmó la autoridad del papa frente a las antiguas propuestas conciliaristas que pretendían situar el concilio por encima de la sede romana.
Trento respondió a dos necesidades inseparables:
- La reforma doctrinal, mediante la clarificación de la enseñanza católica frente a las posiciones protestantes.
- La reforma disciplinar, mediante medidas destinadas a corregir abusos y elevar la formación y la conducta del clero.
El concilio no pretendió únicamente condenar errores. También quiso renovar la vida cristiana, reforzar la predicación y ofrecer una organización pastoral más eficaz.
Doctrina católica
El Concilio de Trento reafirmó la autoridad conjunta de la Sagrada Escritura y la Tradición, la necesidad de interpretar la Biblia dentro de la fe de la Iglesia y la existencia de siete sacramentos. Defendió la realidad del pecado original, la libertad humana y la cooperación de la gracia con la respuesta del creyente.
En materia de justificación, el concilio rechazó tanto una concepción puramente externa de la salvación como la idea de que el ser humano pudiera salvarse sin la gracia divina. La justificación comprende la remisión de los pecados y la renovación interior mediante la gracia.
Trento confirmó también la presencia real de Cristo en la Eucaristía, el carácter sacrificial de la misa, la validez del culto a los santos, la veneración de las imágenes y la legitimidad de las indulgencias, al tiempo que condenó sus abusos.
Reforma del clero y de las diócesis
Una de las decisiones más importantes del concilio consistió en ordenar la creación de seminarios diocesanos. Cada diócesis debía formar a los futuros sacerdotes en la piedad, la disciplina eclesiástica, la doctrina, la predicación, la liturgia y la administración de los sacramentos. El decreto tridentino sobre los seminarios se promulgó en la vigesimotercera sesión, celebrada el 15 de julio de 1563.
Trento insistió también en la residencia de los obispos y párrocos, la visita pastoral, la predicación regular y la administración ordenada de las parroquias. Estas disposiciones favorecieron una Iglesia más centralizada, disciplinada y vinculada a la atención cotidiana de los fieles.
Catecismo y aplicación de las reformas
La aplicación del Concilio recibió un instrumento decisivo con el Catecismo romano, publicado en 1566. La obra ofreció una exposición sistemática de la doctrina católica destinada principalmente a sacerdotes y catequistas, y sirvió como modelo para numerosos catecismos locales durante siglos.
La reforma tridentina también impulsó la renovación de los libros litúrgicos, la uniformidad doctrinal y la creación de manuales destinados a la predicación y a la administración del sacramento de la penitencia. La teología moral comenzó a adquirir una configuración académica más diferenciada de la teología dogmática, especialmente en relación con la formación de confesores.