La Congregación de Propaganda Fide
La actividad misionera adquirió una dimensión mundial. Junto a las órdenes religiosas trabajaron sacerdotes diocesanos y otras congregaciones, en regiones de América, Asia y África. En 1622, Roma creó la Congregación de Propaganda Fide para organizar y coordinar la labor misional. La institución expresó una voluntad de dar mayor dirección eclesiástica a la evangelización en territorios alejados de Europa.
Los misioneros afrontaron circunstancias muy diversas. En Asia, algunos jesuitas, entre ellos Matteo Ricci y Adam Schall, desarrollaron su labor en China. En Japón, la persecución religiosa causó la muerte de numerosos misioneros. En África, religiosos trabajaron en regiones como el Congo; en América, franciscanos, dominicos, jesuitas y sacerdotes diocesanos participaron en la evangelización de pueblos indígenas.
América y la realidad pastoral local
En América, la historia de la Iglesia estuvo ligada a la evangelización, al crecimiento de las comunidades cristianas y a las estructuras políticas de las monarquías ibéricas. El sistema del Patronato otorgó a los soberanos españoles una influencia extensa en los asuntos eclesiásticos de sus dominios. Esa organización favoreció la consolidación del catolicismo en América y Filipinas, pero también restringió la libertad de actuación de la Iglesia cuando la Corona y sus ministros ampliaron sus prerrogativas.
Las iglesias americanas no fueron una simple prolongación de las decisiones tomadas en Roma o en las cortes europeas. Las necesidades de las poblaciones locales, las distancias y las relaciones entre misioneros, obispos, autoridades civiles y comunidades indígenas dieron forma concreta a la vida cristiana. Las órdenes religiosas y el clero diocesano desempeñaron funciones distintas, y las discusiones sobre su lugar en la pastoral reflejaron tanto necesidades institucionales como diferencias de criterio sobre la evangelización.,
La actividad misionera incluyó también la atención a personas sometidas a la esclavitud. San Pedro Claver dedicó su apostolado a los africanos esclavizados que llegaban a América. Su labor muestra que la historia misional del siglo XVII no se redujo a la expansión institucional: también incluyó iniciativas pastorales dirigidas a personas en condiciones de extrema vulnerabilidad.