Requisitos: reputación de santidad o martirio antes del título público
La disciplina de la canonización y de la beatificación exige un itinerario jurídico y espiritual. La Iglesia estudia una reputación de santidad o de martirio en vida, en muerte y después de la muerte del fiel, y considera esa reputación como fundamento inicial del proceso. Al inicio de la causa, la persona recibe el título de «Siervo de Dios».
Esta exigencia impide que la Iglesia otorgue títulos de santidad como si fueran meros reconocimientos sociales. La comunidad cristiana presenta su convicción, pero la autoridad eclesial evalúa con procedimiento canónico la consistencia de la vida cristiana y, cuando la causa lo requiere, la naturaleza del martirio.
Etapas: del examen de virtud a la beatificación o canonización
El desarrollo de la causa se organiza por etapas: primero se recopilan testimonios sobre la vida santa, la práctica heroica de las virtudes y, cuando procede, los hechos milagrosos; después interviene la autoridad competente para verificar la suficiencia y la autenticidad de lo presentado. Finalmente, la Iglesia declara la beatificación o la canonización con el efecto de autorizar el culto público correspondiente.,
El sentido teológico del proceso evita confundir santidad con «fabricación» de dioses. La Iglesia honra a los santos como fieles amigos y servidores de Dios cuya vida santa muestra el amor y la gracia divina, y sitúa el culto en una distinción clara: adoración estricta a Dios, veneración a los santos.
Importancia histórica en el siglo XXI
En el siglo XXI, las canonizaciones y beatificaciones sirven como un modo de narrar la continuidad de la vida cristiana en culturas muy distintas: la Iglesia canoniza virtudes y martirios comprobados a través de procedimientos que protegen el vínculo entre fe, testimonio y comunión eclesial. Así, la historia reciente se articula también como historia de la santidad: una pedagogía pública basada en un discernimiento eclesial riguroso.,,