La creación y el propósito divino
El Padre, en su infinita sabiduría, creó el cosmos y al ser humano a su imagen y semejanza, llamándolo a compartir su vida bendita. Desde el principio, la voluntad de Dios se manifestó como un plan de amor que culminaría en la redención de la humanidad1.
La caída y la necesidad de redención
El pecado original rompió la comunión original entre el hombre y Dios, introduciendo la separación y la muerte. La Escritura muestra que sin la gracia divina el ser humano no puede alcanzar la salvación, por lo que Dios preparó una obra salvadora que supera la mera justicia humana2.
