El derecho de los pobres a recoger las espigas
Rut sale a espigar detrás de los segadores para conseguir alimento para ella y para Noemí. El espigueo no constituía una limosna meramente voluntaria, sino una institución de justicia social prevista por la Ley de Moisés. Los propietarios debían dejar parte de la cosecha sin recoger y no volver a buscar los haces olvidados, las uvas caídas o los frutos restantes. De este modo, los pobres, las viudas y los extranjeros podían obtener sustento mediante su propio trabajo.
La legislación mosaica prohibía la apropiación total de la cosecha y ordenaba dejar parte de los campos para quienes carecían de recursos. Clemente de Alejandría interpretó esta norma como una pedagogía divina de la generosidad: quienes poseen bienes deben renunciar a una parte de ellos para que los necesitados puedan vivir.
El derecho de los pobres incluía también a los extranjeros residentes. La Ley exigía tratar al forastero como a un natural y amarlo como a uno mismo, recordando que Israel había vivido como extranjero en Egipto.
La Comisión Bíblica Pontificia explica que el extranjero residente no aparece en la legislación israelita únicamente como objeto de protección. También puede formar parte responsable de la comunidad y compartir con los israelitas la responsabilidad por la santidad del pueblo.
Rut en el campo de Boaz
Rut llega al campo de Boaz, un hombre rico y pariente de Elimélec. El narrador presenta este encuentro como providencial: Rut sale a espigar y acaba trabajando precisamente en una propiedad vinculada a la familia de Noemí.
Boaz pregunta por la joven y recibe una respuesta que resume su reputación: Rut es la moabita que volvió con Noemí y que ha trabajado desde primera hora. Boaz ordena a sus trabajadores que no la molesten, le permite beber del agua destinada a los segadores y la invita a comer con ellos.
Rut se sorprende de recibir protección siendo extranjera. Boaz reconoce su fidelidad hacia Noemí y le desea una recompensa de parte del Señor, bajo cuyas alas ha buscado refugio. La imagen de las alas expresa protección divina; más adelante, Rut pedirá a Boaz que extienda su manto sobre ella, estableciendo una relación entre la protección de Dios y la responsabilidad concreta del pariente.
Boaz no se limita a cumplir el mínimo legal. Ordena a sus hombres que dejen caer deliberadamente espigas para que Rut pueda recogerlas sin humillación. Ella trabaja hasta la tarde y obtiene una cantidad abundante de cebada, que comparte con Noemí.
La conducta de Boaz combina justicia, protección y generosidad. El espigueo garantiza a Rut el derecho a trabajar; la hospitalidad de Boaz le ofrece seguridad; y su generosidad adicional manifiesta una caridad que supera la estricta obligación jurídica.