La comprensión católica del papado parte de la misión que Jesucristo confió a Pedro. Los Evangelios de Mateo y Juan recogen palabras de Jesús relacionadas con la roca, las llaves y el cuidado del rebaño; la tradición católica interpreta esos pasajes como fundamento de una responsabilidad particular de Pedro en la Iglesia. La doctrina católica sostiene que esa misión perdura en sus sucesores.3,2
La tradición cristiana vincula especialmente a Pedro con Roma, donde, según la memoria eclesial, murió mártir. La presencia y el martirio de Pedro y Pablo dieron a la Iglesia romana una posición singular entre las comunidades cristianas antiguas. La relación entre el obispo de Roma y la misión de Pedro se convirtió progresivamente en el fundamento explícito de la primacía romana.1,4

