La expresión Edad Media designa, en la periodización histórica habitual, el período comprendido entre la Antigüedad clásica y la Edad Moderna. No corresponde exactamente a la manera cristiana de dividir el tiempo, que sitúa en la Encarnación de Cristo el centro de la historia. La denominación adquirió fuerza en la historiografía humanista, que distinguió una edad «clásica», un período intermedio y una época «moderna».3
Los límites cronológicos varían según los criterios de cada historiador. Para la historia de la Iglesia, algunos estudios de conjunto abarcan desde los orígenes cristianos hasta la segunda mitad del siglo XV, cuando Europa entró de lleno en los tiempos modernos.2 La historia medieval cristiana no se reduce, sin embargo, a la trayectoria institucional de la Iglesia latina: también incluye las tradiciones cristianas orientales y las relaciones -a veces de intercambio y otras de conflicto- entre las distintas comunidades religiosas y políticas.
Tampoco conviene identificar sin más «medieval» con «católico». La Iglesia estuvo estrechamente ligada a la cultura de la época, pero esta recibió elementos de diversas procedencias. Además, la unidad religiosa asociada a la Edad Media occidental tenía precedentes en la Antigüedad cristiana.1

