La Iglesia no establece una única fórmula obligatoria para esta devoción. Una Hora Santa puede adoptar una estructura sencilla y flexible, siempre que respete la naturaleza de la adoración eucarística.
Exposición y canto inicial
Cuando existe exposición del Santísimo Sacramento, un ministro autorizado realiza los ritos previstos por las normas litúrgicas. Un canto eucarístico puede ayudar a la comunidad a entrar en oración y a reconocer la presencia del Señor.
Lectura de la Palabra de Dios
La Sagrada Escritura ocupa un lugar privilegiado durante la adoración. Los relatos de la Pasión, los salmos, las cartas apostólicas y otros textos bíblicos orientan la oración hacia Cristo y evitan que la Hora Santa se convierta en una experiencia puramente subjetiva. La Iglesia recomienda utilizar la Escritura como fuente principal de oración durante los periodos de adoración.
Silencio contemplativo
El silencio permite permanecer ante Jesús sin necesidad de llenar cada momento con palabras. La contemplación eucarística incluye mirar con fe, dejarse mirar por Cristo, escuchar interiormente su palabra y ofrecerle la propia vida.
Los periodos de silencio pueden alternarse con breves lecturas, salmos, himnos o invocaciones. La sobriedad favorece la concentración y ayuda a percibir que la Hora Santa no consiste en una sucesión ininterrumpida de actividades.
Meditación de la Pasión
La meditación puede centrarse en Getsemaní, en el abandono de los discípulos, en el juicio, en la cruz o en la glorificación de Cristo. También puede relacionar la Pasión con los sufrimientos actuales de la humanidad, sin perder de vista que la resurrección ilumina y transforma el dolor.
Intercesión
La oración de petición adquiere una dimensión eclesial. El adorador no presenta únicamente sus necesidades personales; también ruega por quienes no pueden orar, por las víctimas de la injusticia, por los gobernantes, por los enfermos, por los difuntos y por la conversión del mundo.
Bendición y reserva
Cuando la exposición incluye bendición con el Santísimo, el ministro ordenado o el ministro extraordinario autorizado según el derecho litúrgico observa el rito correspondiente. Después, el Sacramento queda reservado en el sagrario. La Hora Santa también puede concluir con una oración, un canto y una visita silenciosa ante el sagrario cuando no existe exposición.