Último recurso
La huelga debe llegar después de otros procedimientos razonables: diálogo, negociación, mediación, conciliación y búsqueda de acuerdos. La doctrina social de la Iglesia pide a las partes una actitud de escucha y respeto mutuo antes de recurrir a la interrupción del trabajo.,
La huelga no puede convertirse en la primera respuesta ante una discrepancia menor ni en una medida automática para presionar a la otra parte. Su carácter extraordinario exige valorar si los medios anteriores han fracasado realmente y si la acción resulta necesaria para defender un derecho o alcanzar una solución justa.,
Proporcionalidad
La finalidad perseguida debe guardar proporción con los daños previsibles. Una reivindicación legítima puede perder su justificación moral cuando provoca perjuicios desmesurados a trabajadores ajenos al conflicto, usuarios, consumidores o a la sociedad entera.
La proporcionalidad exige valorar, entre otros elementos:
- La gravedad de la injusticia que origina el conflicto.
- La legitimidad de las reivindicaciones.
- La posibilidad real de alcanzar un acuerdo por otros medios.
- La duración y extensión de la huelga.
- Las consecuencias económicas y sociales.
- Los perjuicios ocasionados a personas que no participan en el conflicto.
- La capacidad de la empresa o institución para soportar la interrupción.
- La protección de quienes dependen de servicios esenciales.
Los trabajadores y sus organizaciones deben considerar también la viabilidad económica del empleador. Una reivindicación no puede ignorar de manera irresponsable la situación financiera de la empresa ni exigir condiciones que hagan imposible su continuidad.
Carácter pacífico
La huelga debe mantener siempre un carácter pacífico. La violencia física, las amenazas, la destrucción de bienes, la coacción y cualquier forma de intimidación contradicen la justicia que la acción pretende defender. El carácter colectivo de la huelga no elimina la responsabilidad moral de cada participante.,
La presión reivindicativa tampoco debe convertirse en hostilidad permanente. El conflicto laboral puede incluir firmeza en la defensa de los derechos, pero debe conservar la posibilidad de diálogo, negociación y reconciliación.,
Relación directa con el trabajo
La huelga debe perseguir objetivos vinculados directamente a las condiciones laborales o a la defensa de derechos profesionales. La utilización de una huelga como instrumento para imponer objetivos puramente partidistas o ajenos a la relación laboral plantea una objeción moral especialmente grave.,
Juan Pablo II advirtió contra el abuso de la huelga con fines políticos. Los sindicatos no deben convertirse en instrumentos de partidos políticos ni abandonar su función específica de defender los derechos justos de los trabajadores dentro del bien común de toda la sociedad.
Respeto del bien común
La huelga afecta normalmente a personas distintas de quienes la convocan: familias, pacientes, estudiantes, consumidores, usuarios de servicios y otros trabajadores. Por ello, quienes organizan o apoyan una huelga deben prever sus efectos sobre terceros y evitar utilizar deliberadamente el sufrimiento o las graves molestias de la población como arma de presión.
La defensa de un grupo profesional no puede transformarse en una forma de egoísmo corporativo. Las reivindicaciones sindicales deben considerar la situación económica general del país y las necesidades de la sociedad, especialmente de las personas más vulnerables.