El término hydrokometes deriva del griego antiguo ὑδροκόμης (hydrokomḗtēs), que combina ὕδωρ (hýdōr, «agua») y κόμης (kómēs, «cabelludo» o «cometa»), refiriéndose a cometas que aparentaban emanar vapores o colas acuosos, similares a cabellos mojados o rastros húmedos en el cielo.1 En la literatura latina medieval, se asimilaba a los cometes, estrellas errantes que «fundían comas de luz» (comas luminis ex se fundit), pero con una connotación hidrológica que los distinguía de otros tipos ígneos o secos.1
Estos fenómenos se observaban como presagios de guerras, pestilencias o mutaciones de reinos, según las interpretaciones clásicas, donde el agua simbolizaba diluvios, lágrimas divinas o purificaciones.1 Isidoro de Sevilla, en su obra De Natura Rerum, los describe como astros que, al nacer, anuncian catástrofes, citando a poetas como Prudencio, Lucano y Virgilio para enfatizar su carácter ominoso.1
