La historia de la iconoclasia en Oriente se divide en dos períodos de persecución contra los defensores de las imágenes, cada uno finalizado por una emperatriz que restauró su veneración.
El Primer Período Iconoclasta (726-787)
El primer período iconoclasta comenzó alrededor del año 726, cuando el emperador León III emitió un edicto que declaraba las imágenes como ídolos, prohibidas por las Escrituras, y ordenó su destrucción en las iglesias. Esta orden provocó disturbios en todo el imperio. El patriarca Germán I de Constantinopla (715-730), un firme defensor de las imágenes, protestó contra el edicto y apeló al Papa Gregorio II.
En 754, Constantino V convocó un sínodo en Hieria, cerca de Constantinopla, que se presentó como el Séptimo Concilio Ecuménico,. Asistieron unos 340 obispos, pero las sedes de Roma, Alejandría, Antioquía y Jerusalén se negaron a enviar legados, previendo que el concilio serviría a los intereses imperiales,. El sínodo de Hieria decretó que las imágenes de Cristo eran heréticas (monofisitas o nestorianas), ya que representar su divinidad era imposible, y que la única representación lícita de Cristo era la Eucaristía,. También condenó las imágenes de los santos como blasfemas y las consideró invenciones paganas e ídolos. Se pronunciaron anatemas contra los defensores de las imágenes, incluyendo a Germán de Constantinopla y a Juan Damasceno. Tras este sínodo, los monjes, principales promotores de los íconos, fueron violentamente perseguidos, sus monasterios confiscados y muchos fueron torturados.
La Respuesta de la Iglesia Católica
La Iglesia respondió a la iconoclasia en el Segundo Concilio de Nicea en 787, convocado por la emperatriz Irene y su hijo Constantino VI. Este concilio, considerado el Séptimo Concilio Ecuménico, declaró la legitimidad de la veneración de los íconos y condenó la iconoclasia como herética. El concilio estableció que las imágenes deben recibir veneración (proskynesis), pero no adoración (latreia), la cual está reservada solo a Dios. El honor dado a la imagen es relativo (schetike), pues se dirige al prototipo que representa,. El Papa Adriano I aprobó los actos del concilio y los hizo traducir al latín.
El Segundo Período Iconoclasta (814-842)
Veintisiete años después del Concilio de Nicea II, la iconoclasia resurgió bajo el emperador León V el Armenio (813-820), seguido por Miguel II (820-829) y Teófilo (829-842). Durante este período, la destrucción de imágenes y la persecución de sus defensores se repitieron. Sin embargo, la emperatriz Teodora, tras la muerte de su esposo Teófilo, restauró la veneración de los íconos en el año 843, evento que se celebra en la Iglesia Oriental como el «Triunfo de la Ortodoxia». Aunque una facción iconoclasta persistió, nunca más obtuvo el apoyo imperial y gradualmente desapareció.