La doctrina del Segundo Concilio de Nicea ha influido profundamente en el arte cristiano. En particular, las Iglesias griegas y eslavas, basándose en teólogos como San Nicéforo de Constantinopla y San Teodoro Estudita, consideran la veneración de los iconos como una parte integral de la liturgia.
Iconografía Oriental
En Oriente, el icono (del griego eikōn, que significa «imagen») es una pintura sagrada sobre panel de madera, elaborada con una técnica específica transmitida durante siglos. Los iconos son más que obras de arte; son objetos litúrgicos propuestos por la Iglesia para la veneración, herramientas didácticas y representaciones visibles de realidades invisibles, sirviendo como un medio de presencia cuasi-sacramental de Dios y del mundo sobrenatural. Se les considera una manifestación de la Tradición de la Iglesia, al mismo nivel que la tradición oral y escrita, y se cree que son «canales de gracia con poder santificador».
La «escritura» de iconos está regulada por cánones conciliares, requiriendo del iconógrafo (también llamado «hagiógrafo») no solo formación artística, sino también preparación teológica, ascetismo y oración,. Los iconos utilizan una perspectiva y proporciones «diferentes», simbolismo de colores y fondos dorados para crear una «ventana al mundo de lo Divino». No son simplemente retratos, sino que buscan proponer para la contemplación «la persona oculta del corazón» (1 Pe 3,4), la imagen de Dios que los santos revelan en sus vidas.
Los temas de la iconografía oriental son diversos, abarcando la historia sagrada del Antiguo y Nuevo Testamento, los ciclos litúrgicos y las vidas de los santos. Entre los tipos de iconos más significativos se encuentran los de Cristo (Emmanuel, el Santo Rostro en el Mandylion, el Pantocrátor) y de la Theotokos (Madre de Dios), siendo esta última la categoría más numerosa y querida por los fieles, con representaciones como la Hodēgētria («la que muestra el camino») y la Eleousa («de la ternura»),.
La iconografía de la Santísima Trinidad a menudo se expresa a través de teofanías, como la aparición de Dios a Abraham en forma de tres ángeles (Philoxenia de Abraham) o el Bautismo de Cristo.
Iconografía Occidental
En Occidente, la Iglesia de Roma mantuvo una continuidad ininterrumpida en su apoyo a las imágenes. Aunque el arte occidental se desarrolló gradualmente hacia una línea más naturalista en siglos posteriores, las reglas para el uso de iconos en la liturgia también se establecieron en Occidente,.
El Papa San Gregorio Magno enfatizó el aspecto didáctico de las pinturas en las iglesias, útiles para que los iletrados «leyeran en las paredes lo que no podían leer en los libros», y señaló que esta contemplación debía conducir a la adoración de la Santísima Trinidad.
El Concilio de Trento reafirmó la doctrina tradicional contra nuevas formas de iconoclasia que surgieron en la época. Más recientemente, el Concilio Vaticano II recordó la actitud permanente de la Iglesia respecto a las imágenes y el arte sacro en general,.
Imágenes de la Virgen María, muchas de ellas traídas de Oriente a Occidente, han sido veneradas con profundo respeto y se consideran testigos de la unidad cristiana y promesas de la herencia común,. Estas imágenes, presentes en iglesias y hogares, representan a María de diversas maneras, a menudo con el Niño Jesús en sus brazos, glorificando a la Madre a través de su relación con el Hijo.