La palabra iconostasio procede del griego y significa «muro de imágenes» o «pantalla de iconos». En su forma habitual, consiste en una pared o pantalla -generalmente de madera, aunque también puede construirse con otros materiales- que atraviesa la iglesia entre la nave y el santuario. La cubren iconos dispuestos de acuerdo con un orden litúrgico y teológico.1
El iconostasio no funciona simplemente como un obstáculo que oculta el altar. En la tradición de la Iglesia greco-católica ucraniana, la nave representa el mundo visible y la peregrinación terrena de los fieles; el santuario simboliza la presencia invisible de Dios, hacia la que se dirige la comunidad durante la liturgia. Los iconos muestran la presencia de Cristo y de los santos, y unen simbólicamente ambos espacios.2,3
La disposición del santuario y de sus accesos forma parte del conjunto litúrgico. Delante del iconostasio, la zona elevada llamada solea puede incluir el ambo, desde el que el sacerdote proclama el Evangelio y distribuye la comunión.3


