Orígenes y uniones
Los primeros contactos entre los cristianos ortodoxos de la región y la Iglesia de Roma se materializaron en una serie de uniones celebradas a lo largo de los siglos XVI y XVII. Entre ellas destaca la unión de Križevci (Kőrös) en 1611, que reunió a comunidades serbias bajo la autoridad papal mientras preservaban su tradición bizantina1. Estas uniones sentaron las bases para la creación de una estructura eclesial propia, capaz de mantener el ritual bizantino dentro de la comunión católica.
Desarrollo bajo el Imperio Austrohúngaro
Durante el dominio de los Habsburgo, la zona que hoy comprende Croacia y Serbia formó parte del amplio territorio húngaro, donde se fomentó la unión de iglesias ortodoxas con Roma. La política imperial apoyó la creación de iglesias greco‑católicas como la de Križevci, favoreciendo la preservación de la liturgia bizantina y la identidad cultural de los fieles1. Este contexto permitió que la comunidad católica bizantina se consolidara a pesar de la presión de otras confesiones, como el protestantismo calvinista entre los magyares.
