La misión de los apóstoles
La apostolicidad de la Iglesia comprende más que la existencia de una cadena histórica de obispos. Los apóstoles recibieron de Jesucristo una misión irrepetible: anunciar el Evangelio, reunir a los creyentes, celebrar los sacramentos y enseñar la verdad revelada.
Los apóstoles transmitieron esa misión a colaboradores y sucesores, de modo que el ministerio episcopal continúa el servicio apostólico hasta el final de los tiempos. La sucesión apostólica garantiza la continuidad ministerial, pero no funciona como una mera sucesión administrativa: conserva la misión, la doctrina, la vida sacramental y la comunión de la Iglesia.
La Tradición apostólica
La Tradición apostólica es la transmisión viva de todo lo que los apóstoles recibieron de Jesucristo y aprendieron por la acción del Espíritu Santo. Comprende la predicación, la doctrina, la vida cristiana, el culto y la configuración completa de la Iglesia.
El Concilio Vaticano II describe esta transmisión como la continuidad de todo aquello que permite al Pueblo de Dios vivir santamente y crecer en la fe. La Iglesia transmite en cada generación «todo lo que ella es y todo lo que cree» mediante la doctrina, la vida y el culto.
La Tradición apostólica no equivale simplemente a costumbres antiguas ni a prácticas disciplinares cambiantes. Conviene distinguir entre:
- Tradición apostólica, que procede de los apóstoles y transmite el contenido esencial de la Revelación.
- Tradiciones eclesiales, que son formas históricas, litúrgicas, disciplinares o devocionales desarrolladas en las distintas Iglesias.
La predicación apostólica se transmitió primero oralmente y después también por escrito. La Sagrada Escritura y la Tradición forman dos modos estrechamente unidos de transmitir la Revelación, que tiene su única fuente en el misterio de Cristo. La Iglesia no recibe su certeza exclusivamente de la Escritura considerada de manera aislada, sino de la unidad viva entre Escritura, Tradición y Magisterio.
El papel del Magisterio
El Magisterio sirve a la Palabra de Dios y custodia la interpretación auténtica del depósito de la fe. Su función no consiste en crear una nueva Revelación, sino en conservar, explicar y aplicar fielmente la enseñanza recibida de los apóstoles.
La Tradición apostólica pertenece al conjunto de la Iglesia. En ella intervienen la enseñanza episcopal, la vida litúrgica, el testimonio de los santos, la reflexión teológica y el sensus fidei de los fieles, siempre dentro de la comunión eclesial.