Orígenes apostólicos
Según el Credo Niceno‑Constantinopolitano, la Iglesia se fundó sobre los doce apóstoles a quienes Cristo confió la misión evangelizadora1. La sucesión apostólica se mantiene a través de los obispos, que son sucesores de los apóstoles, asistidos por los presbíteros y diáconos3.
Desarrollo del papado
El Obispo de Roma, como sucesor de Pedro, recibió de Cristo la autoridad de «pastorear su rebaño» (Jn 21:15‑18) y el don de la primacía visible entre los obispos4. Desde los primeros concilios ecuménicos hasta la actualidad, el papado ha sido el garante de la unidad doctrinal y disciplinaria de la Iglesia.
Reforma y consolidación
Los Concilios de Trento y Vaticano II reafirmaron la autoridad del Magisterio (Papa y obispos en comunión) para enseñar la fe y guiar la vida cristiana5. El Concilio Vaticano II, en Lumen Gentium, describió la Iglesia como «una, santa, católica y apostólica» que subsiste en la Iglesia Católica bajo la cabeza de Pedro6.
