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Iglesia católica apostólica romana

La Iglesia católica apostólica romana es la comunidad cristiana universal fundada por Jesucristo, constituida por todos los fieles unidos en la misma fe, los sacramentos y el gobierno eclesial, bajo la autoridad del papa y de los obispos en comunión con él. Su realidad visible e histórica posee al mismo tiempo una dimensión espiritual y sobrenatural: es sociedad organizada, Pueblo de Dios, Cuerpo Místico de Cristo y comunión de Iglesias particulares y sui iuris.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreIglesia católica apostólica romana
CategoríaLugar sagrado
DescripciónInstitución visible y espiritual que es Pueblo de Dios, Cuerpo Místico de Cristo y comunión de Iglesias particulares y sui iuris. Comunidad cristiana universal fundada por Jesucristo, constituida por los fieles unidos en la fe, los sacramentos y el gobierno eclesial bajo la autoridad del papa y de los obispos. Es la comunidad cristiana universal, una sociedad organizada y jerárquica que posee una dimensión visible e histórica y, simultáneamente, una dimensión espiritual y sobrenatural. Se presenta como Iglesia, Católica, Apostólica y Romana, reunidas en la fe, los sacramentos, la tradición apostólica y la unión con el sucesor de Pedro
Autoridad EclesiásticaPapa y colegio episcopal (obispo de Roma y obispos en comunión con él)
Enseñanzas PrincipalesUnidad de fe, sacramentos y gobierno; apostolicidad mediante sucesión episcopal; catolicidad como universalidad; santidad conferida por Cristo y el Espíritu Santo; misión evangelizadora de anunciar el Evangelio y servir a la humanidad.
EstructuraJerárquica, con obispos que presiden Iglesias particulares, presbíteros, diáconos y laicos que participan en la vida sacramental y pastoral.
TipoIglesia, Iglesia universal

Tabla de contenido

Denominación y significado

La expresión «Iglesia católica apostólica romana» reúne cuatro afirmaciones fundamentales:

  • Iglesia: comunidad convocada por Dios y unida por la fe, los sacramentos, la caridad y el gobierno pastoral.
  • Católica: universal, destinada a todos los pueblos y presente en las diversas culturas sin quedar reducida a una nación, tradición cultural o rito.
  • Apostólica: fundada sobre la predicación y el ministerio de los apóstoles, cuya misión continúa mediante sus sucesores.
  • Romana: unida al obispo de Roma, sucesor de san Pedro, que constituye el principio visible de unidad de los obispos y de todos los fieles.

La palabra «romana» no convierte a la Iglesia católica en una realidad exclusivamente italiana, latina u occidental. La Iglesia universal comprende diversas Iglesias, tradiciones litúrgicas y patrimonios teológicos. El vínculo con Roma expresa la comunión con el sucesor de Pedro, no la uniformidad cultural.

Naturaleza teológica

La Iglesia fundada por Jesucristo

La Iglesia católica entiende que Jesucristo instituyó una comunidad destinada a reunir a todos los hombres y conducirlos a la salvación. Esta comunidad recibe de Cristo los dones de la fe, los sacramentos y el gobierno pastoral, y posee una estructura jerárquica animada por el Espíritu Santo. Su acción transcurre en la historia, aunque su vida procede también de una realidad sobrenatural y sacramental.1

La Iglesia profesa una unidad que no depende solamente de la organización externa. Su unidad procede de la confesión de una misma fe, de la celebración de los mismos sacramentos y de la comunión bajo un mismo gobierno eclesial. La diversidad legítima de tradiciones no destruye esta unidad; puede manifestarla y enriquecerla.2

Iglesia visible y Cuerpo Místico de Cristo

La Iglesia posee una doble dimensión inseparable:

  1. Realidad visible e institucional, formada por fieles, ministros, estructuras, Iglesias particulares, normas, sacramentos y órganos de gobierno.
  2. Realidad espiritual y sobrenatural, vivificada por el Espíritu Santo y unida a Cristo como su Cuerpo Místico.

Estas dimensiones no constituyen dos Iglesias diferentes. La Iglesia es una realidad compleja en la que confluyen elementos humanos y divinos: una comunidad visible organizada jerárquicamente y una comunión espiritual enriquecida por los bienes celestiales.3

La institución visible no agota el misterio de la Iglesia, pero tampoco puede separarse de él. La Iglesia histórica transmite la fe, celebra los sacramentos, ejerce la misión apostólica y sirve como instrumento de la acción salvadora de Cristo. Por ello, la Iglesia católica no se concibe como una asociación religiosa meramente humana ni como una realidad espiritual sin forma histórica.

La Iglesia de Cristo y la Iglesia católica

La doctrina católica confiesa que la única Iglesia de Cristo, profesada en el Credo como una, santa, católica y apostólica, subsiste en la Iglesia católica gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos unidos a él.3

El verbo latino subsistit in expresa que la Iglesia de Cristo continúa existiendo históricamente en la Iglesia católica con la plenitud de los medios de salvación. No describe dos entidades completamente separadas, como si la Iglesia de Cristo fuese una realidad invisible situada al margen de la Iglesia católica.1

Al mismo tiempo, la enseñanza católica reconoce que fuera de la estructura visible de la Iglesia católica existen elementos de santificación y de verdad. Tales elementos pertenecen propiamente a la Iglesia de Cristo y orientan hacia la unidad católica.3

La Iglesia como comunión de Iglesias

Iglesias particulares

La Iglesia universal vive históricamente en las Iglesias particulares, principalmente las diócesis presididas por un obispo. Cada Iglesia particular constituye una porción del Pueblo de Dios y participa de la misma fe, de los mismos sacramentos y de la misma misión apostólica.

La relación entre Iglesia universal e Iglesias particulares no equivale a la relación entre una organización central y sus simples delegaciones administrativas. La Iglesia universal está presente en las Iglesias particulares, y la comunión de estas Iglesias manifiesta históricamente la única Iglesia católica.4

Todo fiel pertenece simultáneamente a la Iglesia universal y a una Iglesia particular. La autoridad del papa y del colegio episcopal se articula con la responsabilidad pastoral del obispo diocesano, sin convertir estas dimensiones en realidades independientes.4

Iglesias sui iuris

La Iglesia católica no constituye un bloque litúrgico, cultural o disciplinarmente uniforme. Está formada por la Iglesia latina y por diversas Iglesias orientales católicas, cada una con su tradición litúrgica, espiritual, teológica, disciplinar y canónica.

Estas Iglesias reciben el nombre de Iglesias sui iuris, expresión latina que significa «de derecho propio». Poseen una identidad eclesial propia y conservan legítimamente sus tradiciones, aunque todas viven en comunión con el obispo de Roma y participan de la misma Iglesia católica.

La diversidad de Iglesias y ritos no perjudica la unidad. El Concilio Vaticano II enseña que las distintas Iglesias o ritos forman una unidad orgánica mediante la misma fe, los mismos sacramentos y el mismo gobierno, y que cada una debe conservar íntegramente su patrimonio tradicional.2

Por tanto, «Iglesia romana» puede utilizarse en sentido amplio para designar la Iglesia católica en comunión con Roma, pero no debe confundirse automáticamente con la sola Iglesia latina. La Iglesia latina es una de las Iglesias sui iuris de la comunión católica.

Apostolicidad y Tradición apostólica

La misión de los apóstoles

La apostolicidad de la Iglesia comprende más que la existencia de una cadena histórica de obispos. Los apóstoles recibieron de Jesucristo una misión irrepetible: anunciar el Evangelio, reunir a los creyentes, celebrar los sacramentos y enseñar la verdad revelada.

Los apóstoles transmitieron esa misión a colaboradores y sucesores, de modo que el ministerio episcopal continúa el servicio apostólico hasta el final de los tiempos. La sucesión apostólica garantiza la continuidad ministerial, pero no funciona como una mera sucesión administrativa: conserva la misión, la doctrina, la vida sacramental y la comunión de la Iglesia.5

La Tradición apostólica

La Tradición apostólica es la transmisión viva de todo lo que los apóstoles recibieron de Jesucristo y aprendieron por la acción del Espíritu Santo. Comprende la predicación, la doctrina, la vida cristiana, el culto y la configuración completa de la Iglesia.

El Concilio Vaticano II describe esta transmisión como la continuidad de todo aquello que permite al Pueblo de Dios vivir santamente y crecer en la fe. La Iglesia transmite en cada generación «todo lo que ella es y todo lo que cree» mediante la doctrina, la vida y el culto.5

La Tradición apostólica no equivale simplemente a costumbres antiguas ni a prácticas disciplinares cambiantes. Conviene distinguir entre:

  • Tradición apostólica, que procede de los apóstoles y transmite el contenido esencial de la Revelación.
  • Tradiciones eclesiales, que son formas históricas, litúrgicas, disciplinares o devocionales desarrolladas en las distintas Iglesias.

La predicación apostólica se transmitió primero oralmente y después también por escrito. La Sagrada Escritura y la Tradición forman dos modos estrechamente unidos de transmitir la Revelación, que tiene su única fuente en el misterio de Cristo. La Iglesia no recibe su certeza exclusivamente de la Escritura considerada de manera aislada, sino de la unidad viva entre Escritura, Tradición y Magisterio.6

El papel del Magisterio

El Magisterio sirve a la Palabra de Dios y custodia la interpretación auténtica del depósito de la fe. Su función no consiste en crear una nueva Revelación, sino en conservar, explicar y aplicar fielmente la enseñanza recibida de los apóstoles.

La Tradición apostólica pertenece al conjunto de la Iglesia. En ella intervienen la enseñanza episcopal, la vida litúrgica, el testimonio de los santos, la reflexión teológica y el sensus fidei de los fieles, siempre dentro de la comunión eclesial.6

Unidad de la Iglesia

Unidad de fe, sacramentos y gobierno

La unidad católica tiene tres dimensiones inseparables:

  • Unidad de fe, mediante la adhesión al mismo depósito revelado.
  • Unidad sacramental, especialmente por el Bautismo y la Eucaristía.
  • Unidad de gobierno y comunión, mediante el colegio de los obispos unido al papa.

Esta unidad no exige que todos los católicos recen con los mismos libros litúrgicos, empleen la misma espiritualidad o pertenezcan a una única tradición cultural. Las Iglesias católicas orientales y la Iglesia latina expresan la misma fe católica mediante patrimonios diversos.

El papa como principio visible de unidad

El papa, como sucesor de san Pedro, es el principio y fundamento visible de la unidad tanto de los obispos como de todos los fieles.7

La autoridad papal requiere una terminología teológica precisa. El papa no es dueño de la Iglesia ni sustituye a Cristo, que permanece como única Cabeza de la Iglesia. Tampoco recibe una autoridad meramente honorífica. La doctrina católica reconoce al romano pontífice una primacía verdadera de jurisdicción sobre la Iglesia universal, vinculada al oficio confiado por Cristo a Pedro y perpetuado en sus sucesores.8

Esta primacía debe entenderse dentro de la estructura colegial de la Iglesia. El papa y el colegio episcopal constituyen conjuntamente la autoridad suprema de la Iglesia universal, mientras que cada obispo preside la Iglesia particular confiada a su cuidado pastoral.4

La primacía romana tampoco elimina la legítima autonomía de las Iglesias sui iuris. La comunión con el papa articula la unidad universal, pero no exige la absorción de las tradiciones orientales ni la reducción de toda la Iglesia al modelo administrativo de la Iglesia latina.

Santidad y misión

La santidad de la Iglesia

La Iglesia es santa porque Cristo la santifica, porque el Espíritu Santo habita en ella y porque contiene los medios de santificación, especialmente la Palabra de Dios y los sacramentos. Esta santidad convive con el pecado de sus miembros, que siempre necesitan conversión y purificación.

La presencia de pecadores dentro de la Iglesia no anula su santidad teológica. La Iglesia santa está formada por hombres y mujeres en camino hacia la plenitud del Reino. Su santidad procede ante todo de Cristo, no de la impecabilidad de todos sus miembros.

Misión evangelizadora

La Iglesia existe para anunciar a Jesucristo, celebrar la salvación y servir a la humanidad. Su misión comprende:

La misión no pertenece únicamente al clero. Todos los bautizados participan, según su vocación y estado de vida, en la misión profética, sacerdotal y real de Cristo.

Relación con otras comunidades cristianas

La Iglesia católica reconoce la existencia de elementos de santificación y verdad fuera de sus límites visibles. También reconoce vínculos reales con otras comunidades cristianas, especialmente allí donde permanecen la fe en Cristo, el Bautismo y otros bienes recibidos de la tradición apostólica.3

La comunión con otras comunidades cristianas puede presentar diversos grados. La unidad plena implica compartir la totalidad de la fe, la vida sacramental y la comunión eclesial bajo el sucesor de Pedro y los obispos unidos a él. Otras comunidades poseen una comunión imperfecta con la Iglesia católica, sin que ello permita reducir las diferencias doctrinales, sacramentales y eclesiológicas.7

La perspectiva católica evita dos extremos: identificar toda realidad cristiana fuera de sus límites visibles con la Iglesia católica en sentido pleno, o negar todo valor cristiano a quienes no pertenecen visiblemente a ella.

Estructura eclesial

El papa y la Santa Sede

El papa ejerce el ministerio de unidad y preside la comunión universal. La Santa Sede constituye la instancia mediante la cual el romano pontífice y los organismos de la curia romana ejercen diversas funciones de gobierno, enseñanza y servicio a la Iglesia universal.

La autoridad papal posee una finalidad pastoral y doctrinal: custodiar la unidad de la fe, fortalecer la comunión entre las Iglesias y garantizar la continuidad de la misión apostólica.

El colegio episcopal

Los obispos son sucesores de los apóstoles y presiden las Iglesias particulares. Cada obispo recibe una responsabilidad pastoral concreta, pero todos participan también en la solicitud por la Iglesia universal.

El colegio episcopal no actúa separado de su cabeza. La comunión entre el papa y los obispos constituye un elemento esencial de la estructura jerárquica de la Iglesia. La autoridad universal del papa y del colegio episcopal coexiste con la autoridad propia del obispo diocesano en su Iglesia particular.4

Presbíteros, diáconos y fieles laicos

Los presbíteros colaboran con los obispos en la enseñanza, la santificación y el gobierno pastoral de las comunidades. Los diáconos reciben el ministerio ordenado para el servicio de la Palabra, del altar y de la caridad.

Los fieles laicos participan plenamente en la vida de la Iglesia mediante el Bautismo y la Confirmación. Su misión propia consiste en hacer presente el Evangelio en la familia, el trabajo, la cultura, la vida social y las responsabilidades temporales.

Unidad y diversidad

La unidad católica no significa uniformidad. Una misma Iglesia puede acoger diferentes:

  • Ritos litúrgicos.
  • Lenguas y expresiones culturales.
  • Disciplinas canónicas.
  • Escuelas teológicas.
  • Formas de espiritualidad.
  • Tradiciones de vida consagrada.
  • Modelos pastorales adaptados a los pueblos y épocas.

La diversidad permanece legítima cuando conserva la integridad de la fe y la comunión eclesial. Las Iglesias particulares y las Iglesias sui iuris no son fragmentos autónomos de una organización mundial, sino realizaciones históricas de la única Iglesia católica.2

Símbolos y confesión de fe

La identidad de la Iglesia católica se expresa especialmente en el Credo, que la confiesa como:

  • Una, por su único Señor, una fe, un Bautismo y una comunión fundamental.
  • Santa, por la santidad de Cristo y la acción del Espíritu Santo.
  • Católica, por su universalidad y plenitud.
  • Apostólica, por su fundamento en los apóstoles, la sucesión episcopal y la continuidad de la Tradición apostólica.

Estas notas no describen cuatro propiedades independientes, sino dimensiones inseparables de la única Iglesia de Cristo.

Síntesis doctrinal

La Iglesia católica apostólica romana es, simultáneamente:

  • La comunidad fundada por Jesucristo.
  • El Pueblo de Dios de la nueva alianza.
  • El Cuerpo Místico de Cristo.
  • El templo del Espíritu Santo.
  • Una sociedad visible y jerárquicamente ordenada.
  • Una comunión universal de Iglesias particulares y sui iuris.
  • La comunidad que conserva y transmite la Tradición apostólica.
  • La Iglesia gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él.

Su realidad no puede reducirse a una institución administrativa ni a una asociación espiritual invisible. La Iglesia católica vive en la historia mediante estructuras concretas, pero su unidad, su misión y su santidad proceden de Cristo y del Espíritu Santo. En ella, la sucesión apostólica, la Tradición viva, la celebración sacramental y la comunión jerárquica forman una única realidad eclesial.

Citas y referencias

  1. B5. Conclusión, Velasio De Paolis. Iglesia de Cristo, Iglesia Católica, iglesias particulares, comunidades eclesiales, 2005, Número 4, pp. 543-586, 43 (2005). 2
  2. Las iglesias o ritos particulares, Concilio Vaticano II. Orientalium Ecclesiarum, 2 (1964). 2 3
  3. Velasio De Paolis. Iglesia de Cristo, Iglesia Católica, iglesias particulares, comunidades eclesiales, 2005, Número 4, pp. 543-586, 25 (2005). 2 3 4
  4. J.R. Villar. La capitalidad de las estructuras jerárquicas de la Iglesia, 7 (1991). 2 3 4
  5. La tradición apostólica de la Iglesia, Papa Benedicto XVI. Audiencia general del 3 de mayo de 2006: La tradición apostólica de la Iglesia, 1 (2006). 2
  6. César Izquierdo. Revelación y fe, 14 (1993). 2
  7. Comunión, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Comunión (2015). 2
  8. El Papa. Enciclopedia católica, El Papa (1913).
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