Orígenes y unión con Roma
Los contactos entre los cruzados latinos y la Iglesia Apostólica Armenia datan del siglo XII, cuando una alianza entre los cruzados y el rey armenio de Cilicia favoreció la primera unión en 11981. Sin embargo, la unión definitiva no se concretó hasta el siglo XVIII, cuando los católicos armenios, cansados de depender del patriarca ortodoxo de Constantinopla, solicitaron a Roma su propio jerarca. En 1742 el Papa Benedicto XIV confirmó a Abraham Ardzivian como Patriarca de Cilicia de los Armenios, estableciendo la sede en el monasterio de Bzommar, Líbano1.
Desarrollo bajo el Imperio Otomano
Durante el periodo otomano, los armenios católicos fueron reconocidos como un millet separado en 1829, obteniendo derechos civiles y eclesiásticos propios1. En 1867 el Papa Pío IX, mediante la bula Reversurus, fusionó la jurisdicción de Constantinopla con la de Cilicia, consolidando la autoridad patriarcal en Beirut2.
Siglo XX y el genocidio
El genocidio armenio (1915‑1917) devastó a la comunidad católica, con la pérdida de siete obispos, 130 sacerdotes y decenas de miles de fieles1. Tras la Primera Guerra Mundial, el patriarcado se trasladó definitivamente a Beirut y se reorganizó la estructura eparquial en el Oriente Medio1.
Consolidación contemporánea
En 1999 el Papa Juan Pablo II recibió al Patriarca Nerses Bedros XIX, subrayando la plena comunión y la contribución única de los armenios católicos a la Iglesia universal3. En 2005 se creó la Eparquía de Nuestra Señora de Narek para los fieles en América del Norte y Canadá1.
