Cristianismo armenio antiguo
Armenia ocupa un lugar singular en la historia del cristianismo. La tradición armenia considera a san Gregorio el Iluminador como el gran evangelizador y organizador de la Iglesia en el país. Armenia adoptó oficialmente el cristianismo a comienzos del siglo IV, convirtiéndose en el primer Estado que reconoció el cristianismo como religión oficial.
La Iglesia armenia desarrolló pronto una identidad propia, vinculada a la lengua armenia, a la traducción de las Escrituras y a una intensa producción teológica y cultural. La invención del alfabeto armenio por san Mesrob Mashtots, a comienzos del siglo V, favoreció la traducción de la Biblia y de los escritos de los Padres de la Iglesia, así como la consolidación de una tradición litúrgica nacional.
Contactos medievales con Occidente
Los contactos entre los armenios y la cristiandad latina aumentaron durante las Cruzadas. Los cruzados atravesaron el reino armenio de Cilicia en sus desplazamientos hacia Tierra Santa, y las relaciones políticas entre los príncipes armenios y los dirigentes latinos propiciaron también contactos eclesiales. En 1198 tuvo lugar una unión entre la Iglesia armenia de Cilicia y la Iglesia latina, aunque aquel acuerdo no fue aceptado por todos los armenios y terminó tras la conquista del reino armenio de Cilicia por los mamelucos en 1375.
El Concilio de Florencia promulgó el decreto Exultate Deo el 22 de noviembre de 1439. El documento proponía la unión con la Iglesia armenia y ofrecía una base doctrinal para futuros contactos, aunque no produjo entonces una unión duradera de toda la Iglesia armenia con Roma.
Durante la Baja Edad Media, diversas comunidades armenias mantuvieron relaciones con misioneros latinos. Entre los primeros grupos vinculados a esta actividad figuraron los Hermanos de la Unión, comunidad armenia relacionada con la tradición dominicana y fundada en el siglo XIV.
Fundación del patriarcado en 1742
La formación institucional de la Iglesia católica armenia culminó en el siglo XVIII. Las comunidades armenias católicas, dispersas en distintos territorios del Imperio otomano, necesitaban una estructura eclesial propia y un pastor principal.
En 1742, el papa Benedicto XIV confirmó a Abraham Ardzivian, antiguo obispo de la Iglesia Apostólica Armenia, como patriarca de Cilicia de los armenios. El nuevo patriarca tomó el nombre de Abraham Pedro I, y sus sucesores conservaron el nombre de Pedro como parte de su título patriarcal. La sede patriarcal quedó vinculada al Líbano y al monasterio de Bzommar.
La creación del patriarcado no significó la aparición de una tradición cristiana completamente nueva. La Iglesia católica armenia nació dentro del propio mundo eclesial armenio, mediante la adhesión de grupos y pastores armenios a la comunión con Roma, conservando la lengua, el rito y la herencia espiritual armenios.
La época otomana
Durante el dominio otomano, los armenios católicos vivieron dentro del sistema de comunidades religiosas del Imperio. El patriarca apostólico armenio de Constantinopla ejercía determinadas funciones civiles sobre los armenios, incluidos los católicos armenios, mientras el patriarca católico ejercía la autoridad espiritual sobre sus fieles. Esta situación produjo tensiones entre la jurisdicción civil y la jurisdicción eclesiástica.
En 1830, la Santa Sede creó en Constantinopla una sede con un arzobispo primado para atender a los armenios católicos del norte. Más tarde, el Gobierno otomano reconoció oficialmente al patriarca católico de Cilicia en Constantinopla, especialmente a partir de los acuerdos promovidos durante el pontificado de Pío IX.
Pío IX promulgó en 1867 la constitución Reversurus, destinada a los armenios católicos. Este documento modificó algunas normas relativas a la elección de prelados y reforzó la intervención de Roma en el nombramiento y gobierno de la jerarquía armenia católica.
Siglos XIX y XX
La Iglesia católica armenia desarrolló instituciones educativas, seminarios, congregaciones religiosas y centros de publicación. La Congregación Patriarcal de Bzommar desempeñó un papel relevante en la formación sacerdotal y en la atención pastoral de las comunidades armenias.
Los monjes mequitaristas impulsaron la conservación y el estudio de la lengua, la literatura y la historia armenias. Una comunidad fundada en Trieste en 1773 pasó posteriormente a Viena y, en 1811, a Venecia. Las comunidades mequitaristas destacaron por su labor intelectual, editorial y misionera en Europa y Oriente Próximo. En el año 2000, las ramas de Venecia y Viena volvieron a unirse en una sola congregación con sede en Venecia.
La Iglesia sufrió profundamente las persecuciones y matanzas padecidas por el pueblo armenio durante el siglo XX. La violencia, el genocidio armenio, las guerras y la emigración alteraron radicalmente la geografía de las comunidades armenias católicas. El diálogo entre la Iglesia católica y la Iglesia Apostólica Armenia ha reconocido el sufrimiento histórico compartido y la importancia del testimonio de los mártires armenios.