Orígenes en Albania
Desde el siglo XVI existieron pequeños grupos de albaneses que, siguiendo el rito bizantino, se unieron a Roma. Un notable ejemplo es la comunidad de ritos bizantinos en Elbasán, que ya antes de la Segunda Guerra Mundial contaba con alrededor de 400 fieles y surgió de conversiones de habitantes ortodoxos del siglo XIX3. Estas comunidades fueron frecuentemente perseguidas bajo el dominio otomano y, más tarde, durante el régimen comunista (1945‑1990), que obligó a la práctica clandestina de la fe4.
Migración a Italia y formación de la Iglesia italo‑albanesa
A finales del siglo XV, tras la caída de los principados albaneses ante los turcos, muchos albaneses refugiados se asentaron en Calabria y Sicilia. El Papa Eugenio IV concedió permiso para que conservaran su rito greco‑bizantino, creando así las bases de la futura Iglesia Italo‑Albanesa5. Esta Iglesia, reconocida oficialmente en el Annuario Pontificio de 1993, comprende dos eparquías (Lungro en Calabria y Piana degli Albanesi en Sicilia) y el Exarcado monástico de Grottaferrata6.
Desarrollo y reconocimiento eclesial
Durante el siglo XIX y principios del XX, la Iglesia italo‑albanesa luchó contra la latinización impuesta por autoridades locales, defendiendo la dignidad de su rito, un proceso culminado con la abolición de la «superioridad del rito latino» por Orientalium dignitas (1894) y reafirmado en el Concilio Vaticano II mediante la constitución Orientalium Ecclesiarum6,1. Los sínodos inter‑eparquiales de 2004‑2005 consolidaron la disciplina litúrgica y pastoral de la Iglesia, presentando sus documentos al Santo Padre para su promulgación6.

